jueves, 20 de diciembre de 2007

The key to reserva (Martin Scorsese, 2007)

Scorsese dignifica (y vende una botella de champán)

El mismo año en que Wong Kar-wai y David Lynch empeñan buena parte de su talento para vender perfumes (los respectivos spots pueden verse aquí y aquí), el amigo Scorsese también parece haber incurrido en los templados terrenos de la promoción publicitaria. Accediendo a este link podrá verse su flamante cortometraje publicitario de 9 minutos y 21 segundos, en el que nos invita a terminar el año brindando con una botella de Freixenet. Los que no adherimos podremos sin embargo disfrutar del corto y más adelante, -porqué no- de un clarete cortado con agua salus.
Y esta nueva modalidad de cortos ideados como estrategias de marketing empresarial y dirigidos por cineastas de renombre son la excusa ideal para reabrir la discusión de si la publicidad debería o no ser considerada un arte. Si nos guiáramos por los horrendos cortos de Pirelli Film o BMW Film, firmados por Guy Ritchie, Kathryn Bigelow, Antoine Fuqua o Tony Scott, directores muy cool todos ellos, la cuestión estaría zanjada: eso es chatarra publicitaria, en la que ni siquiera hay una preocupación por disimularlo y se denota un continuo empeño en mostrar con claridad y de cada veinte segundos los objetos que deberíamos comprar.
En el caso de Scorsese la situación es distinta. Al parecer, la empresa le dio al cineasta libertad absoluta en el emprendimiento, con la condición de que respetase tres premisas básicas: debía aparecer una botella de champán Carta Nevada, tenía que mostrarse un brindis y en el título del corto debía figurar la palabra “reserva”.
El corto empieza como un mockumentary (o falso documental) donde el propio Scorsese cuenta que halló un guión inédito de tres páginas y media de autoría de Alfred Hitchcock. Aquí Scorsese se muestra a sí mismo como un individuo contradictorio y casi histérico, entusiasmado hasta el paroxismo con su hallazgo, y en la pretendida entrevista no deja al periodista ni tocar las fundas protectoras que envuelven al guión. Aclara que al libreto le falta una página intermedia, pero que igual él está dispuesto a filmarlo. Porque claro, nadie le daría la misma importancia a un guión sin filmar que a un guión filmado, y asegura que por eso se propone a dirigirlo, no como lo haría Hitchcock, tampoco como lo haría él mismo, sino más bien como lo haría Hitchcock en aquel momento, pero hoy. Y como dice una cosa dice la otra, y no se le entiende demasiado a Scorsese. Pero su idea es rodar el guión tratando de emular el espíritu del maestro, y con el mayor de los respetos a su figura.
Y lo increíble es que apenas empieza el homenaje en sí (el corto dentro del corto) uno tiene la ilusión de haberse sumergido en una película de Hitchcock, como si el maestro estuviera vivito y coleando, y en uno de sus mejores momentos. La introducción con créditos iniciales de Saul Bass y los brutales compases de Bernard Hermann rememoran a Intriga internacional (1959) y retrotraen a esos años 50 en los que el maestro era capaz de filmar media decena de obras maestras, una detrás de la otra. En seguida, un plano secuencia se abre en unas cuerdas de violín, luego la cámara atraviesa en reversa todo un auditorio y comienza a acompañar a nuestro protagonista. De él nada se sabe, pero sus movimientos sigilosos dan cuenta de que está en una misión compleja y precipitada. Sin una sola palabra verbalizada, con un ritmo envolvente, un montaje preciso, miradas que dan cuenta parcial de las intenciones de los personajes, abundantes picados y contrapicados, un forcejeo masculino propio del film noir de la época y una caída de varios pisos que rememora a Sabotaje (1942) el homenaje es un torbellino de guiños cinéfilos aplicados a la acción más trepidante. El plano secuencia final es un ejemplo de la imponente economía narrativa del corto: se llevan al malo esposado al fondo de la pantalla, un detective observa con detenimiento un tapón de chanpán, el galán besa a la blonda de turno y por último, la cámara se detiene en el macguffin/objeto del anunciante. No sea cosa de que se nos olvidara quién puso la plata y para qué.
Otro guiño cinéfilo satírico cierra el corto y no será contado aquí entre otras cosas porque no hay posibilidades de que pase desapercibido. Algo así como un mea culpa de Scorsese por haber usado la técnica del maestro con motivos publicitarios, y una nefasta y diabólica revancha de Hitchcock, quien en el más allá quizás esté retorciéndose de indignación.

Publicado en Brecha 21/12/2007

7 comentarios:

Josep dijo...

Creo que el amigo Martin ha dejado el listón muy alto en lo que se refiere a publicidad, como ya dije en mi post respecto a esta obra maestra del cine publicitario, porque elaborar un guión como el presente es tarea ardua y difícil.

Debo corregirte cuando denominas chanpán al producto de Freixenet, pues su denominación es "cava".

Al César lo que es del César...

:-)

Felices fiestas.

Tarquin Winot dijo...

No había visto aún el corto y, la verdad, es magnífico. El guiño final es propio de un maestro como Scorsese. Compararlo con las pallasadas de Pirelli es casi un sacrilegio.

Gran blog, Faraway. Volveremos a vernos.

faraway dijo...

Mi cultura alcohólica se reduce a beber sistemáticamente y sin rechistar lo que me ponen en el vaso. Mi ignorancia al respecto es crónica, y una bebida navideña burbujeante y transparente para mí es champán. Pido disculpas por mi craso error.

Gracias por tu comment, Winot, es un gusto tenerte por aquí. A mi también me gustó mucho tu blog. Un saludo y nos leemos.

BUDOKAN dijo...

Tuve la oportunidad de ver el corto que describes para quedarme maravillado al igual que tu. Martin demuestra que está a la altura de los más grandes. Felices Fiestas!

Manuel Márquez dijo...

Había tenido conocimiento de este magnífico spot gracias a nuestro común compa Josep, y, en realidad, sí que me parece maravilloso (y tu glosa, compa Diego, a la altura de él: muy, muy buena...). Sobre los otros spots a que haceis mención, no puedo opinar, no los he visto. Pero éste, desde luego, es fantástico.

Un abrazo (y un buen brindis).

soledad dijo...

En un taller de publicidad en la Universidad tuvimos un módulo en el que analisábamos si se podia hacer arte en publicidad, en esa ocasión entre varios spots vi este y entonces dije que era posible. Por otro lado lo que se dice del quinto arte, la verdad que hay pelis que de arte no tienen mucho y que por su abuso de mensiones a anunciantes se parece más bien a una publicidad mediocre. En este momento recuerdo el film "Yo Robot" en el cual me daba asco el abuso de anuncios citados por el protagonista, por suerte existen directores como Scorsese...

Sesión discontinua dijo...

hola, de acuerdo totalmente en tu comentario sobre Scorsese. Gran cortometraje, que no anuncio...

Te dejo la dirección de mi blog cinéfilo, y de paso si te parece intercambiamos enlaces, que eso es bueno para el "pagerank"....

http://sesiondiscontinua.blogspot.com

Nos leemos!!!