jueves, 30 de diciembre de 2010

Panahí preso

La resistencia silenciada

Jafar Panahí no es un tipo que se pueda decir que haya tenido mucha suerte últimamente. En abril de 2001, cinco meses antes del atentado a las Torres Gemelas, estaba de gira mundial para la exhibición y presentación de su película El círculo en festivales, y tras la presentación en Hong Kong tenía que trasladarse a Buenos Aires y Montevideo. El viaje lo obligaba a hacer una escala en Nueva York, pero al arribar al aeropuerto J.F. Kennedy las autoridades lo detuvieron por no tener una visa de “pasajero en tránsito”. Tachado de sospechoso, fue inmediatamente fichado con fotografías e impresiones digitales; pero como el director se resistió a un tratamiento humillante, fue encadenado en una celda con otros sospechosos durante diez horas. En seguida fue colocado en un avión que lo devolvió a Hong Kong. Panahí escribiría más adelante lo irónico de ver desde ese avión a la Estatua de la Libertad, símbolo de un país que le había premiado por la libertad de expresión pero que también era capaz de destratarlo en forma abusiva.
Fue en marzo de este año que el cineasta iraní volvió a estar en boca de todos. Cuando las elecciones que dieron la victoria al actual presidente de Irán, dio públicamente su apoyo a Mirhossein Musavi, candidato opositor al régimen, y comenzó a rodar una película sobre el fraude electoral. Fue entonces arrestado y encarcelado por las autoridades, y luego de 88 días de encierro inició una huelga de hambre como protesta, exigiendo un abogado, un régimen de visitas y un juicio justo, lo que movilizó a personalidades del cine como Juliette Binoche, Martin Scorsese, Steven Spielberg y Abbas Kiarostami y a un sinfín de intelectuales del mundo que presionaron al gobierno iraní para su pronta liberación. Panahí salió en libertad tras el pago de una fianza de 160 mil euros, pero quedaba a la espera de un juicio ante el tribunal “revolucionario” de Teherán. Este 21 de diciembre, fue finalmente condenado a seis años de prisión por los cargos de conspiración y propaganda contra el gobierno iraní. Se le prohibe hacer cine, escribir guiones, viajar al extranjero y hablar con medios nacionales e internacionales en los próximos veinte años.
Lo asombroso de Panahí no es sólo que seguramente sea uno de los mejores y más consecuentes críticos a la tiránica teocracia islámica que domina Irán, sino que además debe de ser uno de los más valientes y arrojados cineastas de la actualidad. A diferencia de otros, nunca quiso abandonar el país para filmar sus películas, entre otras cosas porque para él abandonar Irán hubiera significado no hacer más películas. Lo que tiene que decir Panahí está allí, y su forma de resistencia a la opresión está en crear libremente, sin pensar en ataduras. Conocía los riesgos pero estaba dispuesto a pagar el precio necesario por decir lo que fuere, de la manera que se le cantase.
Seguramente el gobierno tendría la mirada fija en el director desde hace unos cuantos años. Las monumentales El círculo y Offside son películas políticas, que se limitan a mostrar el absurdo de las leyes que oprimen a las mujeres, y hasta qué punto obstruyen su más íntima cotidianeidad. Para filmar Offside Panahí logró escabullirse con todo su equipo de filmación en un estadio de fútbol, y también inmiscuir a seis jóvenes actrices, disfrazadas de hombres. En ese entonces en Irán se prohibía terminantemente la entrada a mujeres a los eventos futbolísticos, y la filmación se hizo entonces a espaldas de los gendarmes. Aún así, la película es un prodigio de realización cinematográfica, y se despliegan asombrosos planos secuencia y tomas con alguna de las chicas en medio de la multitud. La película desfiló por cuanto festival internacional existe en el mundo, llevándose premios y buen recibimiento crítico. Y, por decirlo de alguna manera, Panahí supo meterle el dedo al régimen donde más le molestaba.
Es verdad, quizá si no fuera uno de los mejores cineastas del mundo, si no fuera “nuestro” Panahí, no se armaría tanto revuelo y esta entrada no existiría. Poco y nada se habla de otro director de cine que arrestaron junto a él: Mahammad Rasoulof, también encerrado por seis años y condenado por los mismos cargos de conspiración y propaganda contra el gobierno. Pero también es cierto y necesario que los casos que sobresalen por alguna razón se hagan visibles en todo el mundo, que sirvan para exponer y ejemplificar una realidad atroz y vergonzosa que atraviesan otros tantos.
Tanto Rasoulof como Panahí fueron detenidos cuando asistieron al funeral de la brutalmente asesinada Neda Agha Soltan, una muchacha de 27 años que asistía a una de las protestas electorales de 2009. Su sangrienta muerte adquirió una inmensa notoriedad ya que fue grabada en video por otros manifestantes y difundido ampliamente en Internet. Neda significa “voz” o “llamada” en farsi, por lo que comenzó a ser nombrada popularmente como la “voz de Irán”.
Ojalá la voz de Panahí trascienda como un grito, como el grito ahogado de decenas de millones de iraníes temerosos, amedrentados por el hostigamiento, la tortura, las ejecuciones públicas y el ojo avizor de la portentosa revolución islámica.

Publicado en Brecha 30/12/2010

martes, 14 de diciembre de 2010

Enterrado (Buried, Rodrigo Cortés, 2010)

Seis pies abajo

El terreno estaba muy abonado: dejando de lado precedentes ancestrales como los cuentos El entierro prematuro, o Berenice de Poe, y un sinfín de anécdotas reales de asfixia, desesperación y cajones febrilmente rasguñados por dentro, desde poco tiempo a esta parte el cine ha dado algunos firmes ejemplos que precedieron e influyeron con claridad en Enterrado. Sin lugar a dudas, el segundo volumen de Kill Bill, en el que la protagonista era inmovilizada, colocada en un ataúd, confinada y enterrada, en una escena que tenía buenos tramos de oscuridad total y transmitía una claustrofobia insoportable. Más adelante, Tarantino redobló su apuesta en su brillante doble capítulo para la serie CSI Las Vegas, en el que uno de los integrantes del equipo de forenses era secuestrado y colocado bajo tierra, sin que él ni los de afuera supieran en qué sitio se encontraba. Y qué decir del indescriptible mediometraje Haze, de Shinya Tsukamoto, centrado en personajes sufrientes y prácticamente inmóviles que a duras penas podían arrastrarse dentro de recintos infames, cerrados, oscuros y laberínticos.
Pero Enterrado tiene una base fundamental que lo emparenta más fuertemente con los experimentos lúdicos que solía hacer Alfred Hitchcock, en los que al director inglés se le daba por ubicar una película entera sobre un bote a la deriva (Ocho a la deriva), o por filmar toda la acción en un único plano y sin más cortes que los impuestos por los cambios de rollo (La soga). Aquí la acción transcurre en su totalidad al interior del oscurísimo y sofocante ataúd, y el protagonista en principio dispone solamente de un celular, un yesquero, unos marcadores y un frasco con ansiolíticos. Más adelante descubrirá que hay otros objetos en el cajón, y que también podrán serle útiles.
La puesta en escena del director español Rodrigo Cortés es fenomenal. Aunque a muchos les cueste creerlo, la película no decae en ritmo en ningún momento, ya que ofrece una tensión constante fundamentalmente debido a la variedad de recursos que escasean y de los que depende la vida del personaje (el aire, la batería del celular, la iluminación, finalmente el frágil material del mismo ataúd) y elementos imprevistos que le complican aún más la existencia. La permanente variación de las tomas, la notable actuación de Ryan Reynolds, la brillante banda sonora de Víctor Reyes y la indignación general provocada por la flagrante injusticia de la situación proveen a la película de una atmósfera intensa, difícil de tragar para el que no esté preparado para tal experiencia.
El punto más cuestionable y polémico de la película es el hecho de que la acción esté situada en Irak, que el personaje sea un camionero norteamericano y que el responsable de su situación sea un (¿terrorista?) irakí resentido. Es verdad que la película intenta una crítica lateral a la guerra, a los negocios turbios de las empresas norteamericanas instaladas en Irak, y a la ética del gobierno. Pero no por ello deja de molestar que la víctima sea un norteamericano y el tipo jodido un irakí, y que la elección de semejante contexto huela tanto a oportunismo temático.

Publicado en Brecha el 15/12/2010

sábado, 11 de diciembre de 2010

Machete (Robert Rodríguez, 2010)

El mexicano equivocado

El falso trailer que acompañaba el proyecto compartido de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino Grindhouse, y que fue el germen original de esta película, estaba buenísimo. Un homenaje a las películas de explotación de los años setenta, con el chicano maldito y de rostro taladrado Danny Trejo prometiendo desbordes sangrientos, sexo y machetazos gratuitos al por mayor. Como el trailer fue bien recibido y la tentación era grande, Rodríguez decidió convertirlo en largometraje, sublimando así esa bizarra fantasía.

El temerario Machete (Trejo) es un ex policía especializado en la lucha con armas filosas y pesadas. Luego de haber sido dado por muerto por un encuentro con el rey de la droga Torrez (Steven Seagal) se instala en Texas para rehacer su vida y es contratado para asesinar a un senador corrupto y xenófobo (Robert DeNiro), pero con la oculta intención de tenderle una trampa al protagonista y usarlo como carne de cañón para una conspiración política. Y naturalmente, como dirá Machete con su pétrea mirada en alguno de los tantos primeros planos a lo Sergio Leone que le dedican: “Han tratado de joder al mexicano equivocado”.

Y son de agradecer varias escenas de corte violento -en todo sentido- en que el vengativo protagonista despedaza docenas de pistoleros armados, con saña y radical falta de escrúpulos, y esa atmósfera desértica que tan bien funcionó en otras películas de Rodríguez como El mariachi, La balada del pistolero y Del crepúsculo al amanecer. Por supuesto, para poder sostener e hilar las escenas del trailer, era necesario esbozar un guión, un argumento que sirviera como excusa a tanto desmadre. Y ahí es que Rodríguez fracasa estrepitosamente: incapaz de crear un solo personaje interesante, plantea tramas y subtramas largas, vacías e inconsistentes –y eso que la acción transcurre cerca de la frontera de México-Estados Unidos, y hace referencia continua al conflicto de la inmigración ilegal- provee al relato de una arritmia radical -esto podría haberse solucionado con un montaje más riguroso- y diálogos soporíferos. El director mexicano, curiosamente, pretende darle un trasfondo serio a una película que se suponía iba a ser de explotación, y se esmera en continuar demostrando sus inmensas carencias para la realización audiovisual.

Dejando esto de lado, la película aporta divertidos tramos que, por su extrañeza y singularidad, tienen lo suyo. Y no tiene desperdicio ver a algunos veteranos actores de la clase B como Don Johnson, Steven Seagal y Jeff Fahey aportando su presencia y su bizarrez natural. Claro que quizá lo mejor sería esperar a verlos en una futura edición de DVD, y así poder hacer un buen uso del botón de fast forward.

Publicado en Brecha el 10/12/2010

jueves, 9 de diciembre de 2010

Educar la mirada

Gonzalo Palermo, gran cinéfilo, estudiante de periodismo y administrador del blog amigo País del ricardito, tenía que entrevistar a alguien de la prensa para un trabajo que versaba sobre la entrevista y no se le ocurrió mejor idea que acribillar a un servidor. Y la verdad le estoy agradecido porque me llevó a decir cosas que hace tiempo pienso pero nunca tuve la oportunidad de dejar por escrito. Así que acá va, el ida y vuelta con Palermo. Espero les sea de interés.

En alguna callejuela de Internet de cuya dirección no quiero acordarme, circula cierto programa que anticipa el año exacto en el que va a desaparecer la prensa en papel de cada país. A pesar de ser repetitiva y apocalíptica (recordemos que iba a desaparecer el cine, la radio, el vinilo) es de nuestro interés, porque la que sigue es una entrevista que habla sobre el periodismo en papel, y sobre el cine. Aunque es seguro que, si de distopías se trata, el entrevistado preferirá La naranja mecánica.

Y el entrevistado en cuestión es Diego Faraone, que ya ha dado el primer paso de toda rehabilitación: reconocer la enfermedad. Si bien acepta estar dominado por –así la llama él- la “insomne e inhóspita” cinefilia, reconoce que no tiene cura. Por eso ha preferido disfrutarla. Desde abril de 2004 empezó a colaborar con la causa “voluntariamente”, según dice, en portales como Arte7, Quinta Dimensión y Miradas de cine, aportando notas a las que hoy califica de “bastante fuleritas”.

Cuando le pregunto sobre la actualidad de los medios escritos y la alternativa digital que amenaza con reducirlos a cenizas, destaca la importancia de la lectura analítica y extensa, del artículo con más texto que foto, frente a la lectura frenética de muchas publicaciones digitales o impresas que priorizan la lectura reducida en caracteres y lista para llevar en bandeja (como las hamburguesas de una célebre cadena de comida rápida).

-Si bien es cierto que mundialmente muchísimos medios de prensa escrita están en crisis, y que muchos han cerrado directamente o eliminado secciones, no termino de creer que los medios impresos vayan a quedar del todo obsoletos. Muchos preferimos leer revistas o diarios tangibles, son más indicados para lecturas profundas y analíticas, mientras que en la web la tendencia es apuntar a lecturas fugaces, con notas y párrafos cortos. Es innegable que si uno precisa profundizar realmente en un tema, tendrá que echar mano a libros, estudios y trabajos que son muy difíciles o imposibles de encontrar en la web.
Creo que es muy importante que exista, en los medios impresos, una alternativa de resistencia a esa tendencia mundial a achicar textos, refritar y hacer todo más digerible. Le monde diplomatique, Brecha, e incluso algunas revistas de cine como El amante cine o Cahiers du cinemá se niegan a plegarse a esa tendencia. Por fortuna, algunas páginas web y algunos blog también. Es muy difícil o imposible escribir una nota profunda en 1500 caracteres.

-¿Y las secciones culturales?

-No pasan por un buen momento, pero tampoco creo que vayan a entrar en decadencia o dejar de existir.

-En el medio uruguayo todos conocen a casi todos ¿Eso te condiciona a la hora de referirte a una película?

-Eso condiciona a todos, y el que diga que no miente. En un país tan chico es imposible no conocer gente involucrada en la cuestión audiovisual, y cuanta más experiencia tiene un cronista, más serán los vínculos con los círculos en cuestión. Por fortuna nunca me ha tocado criticar la obra de un conocido, pero el día que me lo pidan, intentaré evitarlo a toda costa. De todos modos debo admitir que me he visto a mí mismo moderando mi léxico a la hora de vapulear una película uruguaya. Uno se siente menos suelto, más expuesto y observado, y sin dudas, existe la opción real de obtener una respuesta escrita inmediata que exprese un desacuerdo.

-El imperativo “apoyar la producción nacional”, a veces se vuelve “apoyar la producción nacional por el solo hecho de ser nacional”. ¿Defender un producto por el simple hecho de ser uruguayo, termina siendo un impulso o todo lo contrario?

-Nunca entendí esa tendencia. Supongo que obedece a un regionalismo berreta, a una idea de “progreso” a cualquier costo. Es ridículo apoyar una película sólo por el esfuerzo que significó o la localización geográfica en la que surge. Primero que sea buena, luego la apoyaré y halagaré con muchísimo gusto. Los que se hunden solos son los críticos, que pierden su credibilidad defendiendo películas intragables.

-¿Tuviste algún inconveniente por criticar alguna película uruguaya?

-Nunca tuve inconvenientes, aunque una vez escribí una crítica negativa a la película Joya, y me llegaron rumores de que el director me quería pegar o algo así, después me llegó alguna sentida expresión de desacuerdo por parte de algún encargado de producción. Pero nada muy resaltable.

-¿Creés en la tarea crítica, hoy tan vapuleada y tratada de obsoleta por algunos?

-Ja, si no creyera no dedicaría buena parte de mi vida a ello. La crítica es una forma de hacer pensar a la gente, de hacer dudar, de hacer disentir aún con el mismo crítico, y de educar la mirada. Vapulear al oficio crítico es como querer abolir el pensamiento.

-Hagamos una distinción entre el cine ‘comercial-popular’ y cierta forma de cine ‘social-comprometido de autor’. Desde parte de la crítica se desmerece -a priori- el alcance que pueda tener cine comercial, ¿Qué pensás al respecto?

-Bueno, esas sí que son críticas obsoletas. Es una tendencia de antaño que tiene que ver con ese ensalzamiento del cine “comprometido”, social, serio y reflexivo en detrimento de otro cine industrial, fabricado en cadena, hecho burocráticamente y con fórmulas establecidas. Pero lo cierto es que esos extremos nunca fueron absolutos, ni contrarios, que muchas veces las películas más comerciales se convierten en clásicos inmortales, y que la película más urgente y coyuntural puede ser olvidada inmediatamente.

-Por eso hasta hoy recordamos tanto el revolucionario montaje de Eisenstein como el Liberty Valance de John Ford y todo el western americano. ¿Qué tienen los clásicos para continuar vigentes?

-Supongo que así como no existe una fórmula para el éxito tampoco lo existe para que algo se vuelva memorable. Sin embargo adhiero un poco a lo que dijo Borges una vez al respecto; que sólo hay una constante en las obras maestras: la sorpresa. Un poco por eso es que me resisto bastante al cine “amable”, o apenas “interesante”.

-Esa definición (lo comercial siempre es malo por ser comercial) parece vacía de respaldo y justificaciones, algo paradójico si entendemos que la crítica se basa precisamente en justificar lo que se dice… Al respecto, en tu blog hacés una detallada clasificación de ‘especies’. Hablas de promotores, criticóides y, por último, de críticos. Suponiendo que te incluís en la última categoría, ¿qué debe tener un crítico que lo diferencie de los anteriores?

-Esta es una respuesta muy personal, pero me parece que es alguien que tiene que leer mucho, y no sólo sobre cine. Que tiene que ver las películas que le gustan pero también otras que quizá no tanto, y que debe saber analizar y analizarse a sí mismo. Alguien que aprende a responder la difícil pregunta: ¿por qué esta película me hace sentir de esta manera?

-Ya dentro de los críticos, decís que algunos se centran en nimiedades, catalogan de ‘interesante’, ‘contemplativo’ o ‘inteligente’ lo que es simplemente aburrido o lento. ¿Se trata de tener un sexto sentido para la percepción de lo que al resto se le escapa? ¿Depende de la formación del espectador? ¿O es una interpretación rebuscada del crítico?

-Bueno, esa cuestión ya va más en los gustos y obviamente nadie tiene un sentido “superior” que le ayude a discernir lo bueno de lo malo, y creo que un crítico, ante todo, debe ser fiel a lo que siente y lo que le provoca una película. Lo que pasa es que muchas veces los que abusan de esos adjetivos lo hacen de acuerdo a una pose y a la creencia de que existe un cine “elevado” por el sólo hecho de ser lento, difícil o hermético. Yo no tengo nada en contra de que la gente disfrute realmente de esa clase de cine, pero muchas veces se habla de “poesía”, de maravillas apoteósicas cuando ni siquiera se da una explicación al respecto. Si me van a decir que algo es genial, por lo menos que me cuenten por qué lo es.

-Eso va de la mano con el lenguaje técnico o especializado ¿Qué pensás del exceso de tecnicismos en una crítica (ya sea cinematográfica, musical, literaria)?

-No lo veo como algo necesariamente malo, mientras se tenga una buena pluma y se pueda hacer entender a los lectores no especializados de lo que se habla. Y también mientras el artículo sea ameno, ágil y no se convierta en un bodoque intragable, naturalmente.

-En tus reseñas te toca hablar del cine mainstream norteamericano, pero también del europeo y el nacional. Las salas comerciales de nuestro país exhiben mucho material realmente malo, pero el público lo respalda. ¿Se debe al cine en general, al público o a la distribución?

-No se puede echar la culpa al público por consumir el único cine que le llega. Los responsables son, sin dudas, los distribuidores, porque son los que presuponen de antemano lo que el público quiere o no. Porque son conservadores y no se arriesgan a traer películas diferentes, o a moverse un poco para conseguir obras más recónditas. Lo mismo los programadores de los canales de TV abierta. Nunca pasarían una película en blanco y negro, o pondrían en una tarde una película europea, surcoreana o tailandesa –y eso que las hay con más y mejores escenas de acción que las del cine mainstream-. No es menor que cuando se estrenó Saraband en Cinemateca 18 la gente se agolpó en la puerta formando una cola de dos cuadras de largo. Esa gente avalaba un cine diferente, pero es difícil encontrar distribuidores, o programadores de TV que apunten a colmar esas demandas, o a cambiar las percepciones del gran público.

-Hay mucho cine que no llega por las vías habituales y por lo tanto “no existe”… ¿Cómo ves el presente y el futuro del cine comercial americano?

-Nunca podría decir que esté en decadencia (quizá lo dije en algún exabrupto, pero me equivoqué). Por ahí están la Pixar, Dreamworks y Sony Animation haciendo películas grandiosas. Hay tipos con mucha cabeza como Tarantino, Scorsese, Burton o Fincher, y hay mucho potencial en la vuelta como para que una vez de cada poco tiempo tengamos una buena sorpresa. Nombro las últimas que me llamaron la atención muy positivamente: La niebla de Darabont, Apocalypto de Gibson y Meteoro de los Wachowski. Si prestamos atención a los estrenos semanales, diremos que la producción comercial americana es un desastre, pero visto el asunto en perspectiva, también podemos ver que hay tres o cuatro estrenos anuales que son buenísimos.

-¿Y el cine nacional?

-Está pasando por su mejor momento. Supongo que 25 Watts y el nuevo cine argentino envalentonaron a muchos nuevos cineastas, dando las muestras de que acá se podía hacer buen cine. Este año pasado se dio un salto importante: Mal día para pescar y Miss tacuarembó son dos películas de género muy personales y dignas. Es otra muestra de capacidad, y el cine de género siempre ayuda a impulsar la producción fílmica de un país.

-Sin embargo, el cine de género se practica poco en nuestro país. Últimamente hay muchos trabajos introspectivos e historias mínimas, y el sello de Control Z (las primeras películas de Stoll y Rebella básicamente) parece muy arraigado en varias películas uruguayas ¿Hasta qué punto eso es bueno y hasta qué punto encasilla al cine uruguayo, recién en pañales.

-A mí ya me está cansando un poco ese estilo. En argentina también hay un montón de cineastas que se centran, con un abordaje austero y distante, en anécdotas mínimas y cotidianas y con personajes a la deriva. Y ya tiene un poco de pinta de pose y de fórmula segura, de entrada garantizada a los festivales internacionales. Acné fue un poco el colmo de esta tendencia. ¿Alguna vez viste cuatro pibes de 13 años juntos que no se pasen hablando sin parar y rompiendo las bolas? Pero la austeridad y los personajes silenciosos y aburridos son lo que parece estar pegando hoy.

-¿Es por falta de ideas o conservadurismo que se termina siempre en esa misma afectada solemnidad? Digo esto porque esas historias nunca son declaradamente cómicas, de ciencia ficción, policiales, etc, y nunca tienen una trama demasiado sólida.

-No lo creo, a lo mejor existe en ellas una real voluntad para expresar algo, y los creadores prefieren usar ese estilo particular. Es una decisión estética, es como decir “yo no hago cine para las masas, sino para quien pueda entenderme” claro que al elegir ese camino muchos espectadores quedamos por fuera. Y como crítico, uno debería expresar su situación, y alertar al público potencial.

-¿Qué es lo primero a mejorar en el cine nacional hoy?

-No lo tengo muy claro, pero supongo que ante todo los cineastas deberían empeñarse más en contar historias, a transmitir energía y urgencias con anécdotas que los seduzcan. Me encantaría encontrarme una película uruguaya con un guión realmente original que la sustente.

-¿Y en la tarea de los cronistas, críticos o difusores culturales?

-Bueno, se necesitaría más profesionalismo. Pero no se puede exigir profesionalismo cuando no hay medios que paguen por ello. Lamentablemente en el Uruguay debe haber veintipocos críticos de cine activos, y de entre ellos sólo dos o tres deben ganarse la vida con ello (por supuesto que yo no soy uno de esos tres). Eso frustra iniciativas y lleva a quienes quieren especializarse a focalizar sus energías en otras cosas. Y la crítica de cine mal paga tiende a convertirse, a la larga, en una crítica pobre de contenido.

-Para cerrar, se va el 2010. ¿Cuáles fueron las mejores tres películas que viste en esta década?

-En primerísimo lugar Kill Bill (tengo una devoción casi patológica por el cine de Tarantino), después hay un par de documentales que me parecieron una brutalidad: The fog of war de Morris y La pesadilla de Darwin de Sauper, y después está la genial Memories of murder, del amigo Bong Joon-ho. Ya sé, te dije como cinco, pero me es muy difícil ponderar a una por encima de la otra cuando estamos hablando de estos pedazos de películas.


Y mientras la década se va, a Diego le llega la noticia de que fue seleccionado como Talent press para el próximo Festival de Berlín a celebrarse en febrero de 2011. Allí fue reclutado para escribir en la revista del festival (en inglés), por lo qué viajará al viejo continente. Actualmente escribe en el semanario Brecha y las revistas Dossier (bimestral) y Noteolvides.

Un poco sobre los medios y la crítica, un poco sobre el cine de acá y el de allá; el que se ve y el que no llega, el bueno y el malo (y el feo). Diego aceptó amablemente contestar a las preguntas y luego, casi sin aguantar más (no se si por mis preguntas o por su necesidad de cine), se internó raudamente en su centro de cinefilia privado. Voluntariamente, claro.

GONZALO PALERMO

viernes, 3 de diciembre de 2010

Harry Potter y las reliquias de la muerte – Parte I (Harry Potter and the Deathly Hallows: Part 1, David Yates, 2010)

Oscuridad inconclusa

En una de las escenas de apertura puede verse a Hermione -una ya madura Emma Watson, que parece actuar cada día mejor- en su casa, de rostro grave y compungido apuntando a sus padres con su varita, y arrojándoles un implacable hechizo desmemorizante. Consciente de que su destino próximo la colocará en situaciones de extremo peligro, y que quizá incluso la exponga a la muerte, Hermione prefiere borrarse a sí misma de los recuerdos de sus progenitores. Al poco tiempo se desatarán sanguinarios ataques de mortífagos hacia los principales personajes, en los cuales morirán varios de los últimos y la sangre se derramará en forma intermitente. Los protagonistas ya no son niños (los actores mucho menos) y ya no están amparados por su viejo director –el tristemente fallecido Dumbledore-; obligados a madurar de golpe y a asumir una responsabilidad inmensa, la tensión se cierne gravemente sobre ellos. Así, esta séptima entrega es, hasta hoy, la más oscura y tétrica de las películas del niño mago, la menos rebajada de violencia y la primera que no está ambientada en el colegio Hogwarts, sino en el inhóspito mundo exterior -aquí los protagonistas emprenden una travesía en busca de objetos varios que les servirán para exterminar al villano-.
Para extender aún más una larga saga que amenazaba con culminar, y con obvias intenciones comerciales, la adaptación cinematográfica de la séptima novela de Harry Potter fue dividida en dos partes, de las cuales ésta sería la primera, y la segunda y última estaría proyectada para estrenarse en julio del 2011. La decisión es beneficiosa por un lado, en el sentido en que son respetadas las diversas instancias de acción presentadas en el libro –no hay grandes omisiones- pero también trae algunas consecuencias negativas: en la novela había una atroz bajada de ritmo, con los protagonistas alojados en una carpa en medio de un bosque y sin saber bien qué hacer, que es reproducida sin elipsis, y que lleva a que la narración se estanque drásticamente. El otro problema es que la película no tiene un desenlace contundente, sino que termina con un decepcionante e inevitable “continuará”, dejando una sensación de extracto o de capítulo carente de unidad.
Se está haciendo notoria la distancia actoral de Daniel Radcliffe (Potter), apenas correcto, con la de sus dos brillantes acompañantes Emma Watson (Hermione) y Rupert Grint (Ron), que se roban la película y logran cambios de registro y dobleces emocionales en pocos gestos. Como de costumbre, los demás secundarios están perfectos -la escuela británica se hace sentir- y la película en conjunto es disfrutable, aunque sin dudas un tanto hermética para quienes no tengan presentes las novelas o las anteriores películas. Por otra parte, los primeros veinte minutos son ágiles, intensos y poderosos, y más adelante no se vuelve a retomar ese nivel. En definitiva, como en tantas otras entregas, queda la sensación de que si bien hay potencial, no estuvo muy bien administrado y resuelto.

Publicado en Brecha 26/11/2010

jueves, 25 de noviembre de 2010

Un mangazo descomunal

Siempre consideré de mal gusto poner publicidad en este blog, avisos google, o terminar las entradas con el típico "buy me a coffee" o "buy me a beer" mediante el cual algunos cybernautas piden aportes solapados a sus lectores.
Pero hoy se ha dado que mi situación económica se ha vuelto un tanto inestable, y, para colmo, ayer me desayuné que fui seleccionado como "Talent press" para el Festival de Berlín próximo. La buena nueva viene acompañada de un reverso trágico: el festival paga la mitad del pasaje (cerca de 500 euros) y el hotel, pero el favorecido tiene que hacerse cargo del resto del pasaje, comida y viáticos. Como bien sabrán, las diferencias cambiarias nunca favorecen a los países tercermundistas. Es por esto que estoy abriendo un fondo para poder viajar a Berlín este febrero próximo. Así, al que no le cueste y lo considere una buena acción, podrá depositar una cifra cualquiera en mi caja de ahorros: el código swift es BROUUYMM, y el número de cuenta 1880249710. La cuenta está a mi nombre: Diego Faraone.

Bueno, en fin, sucumbí a la mendicidad...Ayuden a un viejo rasta!!!

Para residentes en España o usuarios del BBVA lean el aporte de Oldboy

jueves, 11 de noviembre de 2010

Actividad paranormal 2 (Paranormal activity 2, Tod Williams, 2010)

El miedo multiplicado

No pueden negarse los méritos de la primer Actividad paranormal. Más allá de que se haya convertido en la película más redituable de la historia, (su presupuesto original fue de 15 mil dólares y se hizo de beneficios que multiplicaron por 10 mil esa cifra) fue para Oren Peli, su creador, un verdadero hallazgo haber dado con recursos cinematográficos tan brutales y efectivos, pergeñar una sencilla fórmula capaz de despertar miedos profundos y atávicos en la audiencia. Pese a su buena cantidad de defectos, la película infundía terror hasta en los más valientes, y en ella se utilizaban con sabiduría los sonidos de fuera de campo, la sugerencia, la aparición paulatina in crescendo de intervenciones sobrenaturales. Se ubicaba al espectador en una posición de voyeur permanente, por lo que fisgoneaba, cámara mediante, la vulnerable intimidad de una pareja protagonista y se lo volvía testigo de amenazas espeluznantes.
Lo llamativo de esta Actividad paranormal 2 es que muchas de las más importantes características de la primer película parecen redoblarse. Naturalmente, el presupuesto base se ha ampliado -es de casi 3 millones de dólares- pero también se agrandaron las dimensiones de la casa; ahora tenemos una concurrida familia, perro y bebé incluidos, como víctimas de la presencia demoníaca, y las cámaras que registran la acción son ahora siete, seis cámaras de vigilancia más una de mano que se mueve por todo el campo de acción. También es cierto que se multiplicaron los problemas de ritmo, la primer película se detenía un buen tiempo en la presentación de personajes, y las prometidas actividades del título se hacían esperar demasiado. Aquí la presentación dura aún más, convirtiendo la primera mitad en un hueso estirado y duro de roer, la típica filmación casera de una familia haciendo y diciendo boludeces; es decir, la clase de material audiovisual que podría interesarle a los involucrados y a pocos más.
Debe decirse, también se redoblan los problemas de coherencia. Quizá el mayor bache de verosimilitud de la primer película es que los protagonistas no abandonaban la casa aún luego de saber que un demonio los acechaba. Ahora ocurre exactamente lo mismo, y los personajes no hacen lo que haría cualquier otro mortal en su situación: huir despavoridos, mudarse a un hotel, irse a vivir prontamente a otro estado.
Y curiosamente, lo que se redobla durante la segunda mitad es el miedo. No es sólo que haya un par de sustos capaces de hacer saltar de la butaca -literalmente- a una sala entera, sino que además Actividad paranormal 2 logra algo que ya quisieran centenares y miles de películas de terror de todo el mundo: despertar miedo al miedo. Mediante la sugerencia y la constante amenaza de un nuevo y terrible sobresalto, los últimos tramos provocan una angustia constante, y llevan a una situación en que el espectador queda pendiente y alerta de cada puerta entreabierta, de cada movimiento extraño, de cada indistinguible y horripilante sonido. Y es una sensación que muchos llevarán a sus casas y a sus cuartos, así que conviene alertar que, almas sensibles, deberían abstenerse.

Publicado en Brecha el 12/11/2010

jueves, 4 de noviembre de 2010

Las mejores películas (XV)

Esta entrada se hizo esperar. Importantes cambios vitales y de rutina me impidieron ver cine ultimamente, y eso explica la demora. Bien nutrida y coronada con un par de clásicos imperdibles, esta nueva lista de recomendados va dedicada al amigo Gerardo H, fiel lector de antaño que, al parecer, sigue estas recomendaciones con detenimiento y atención, y ya venía manifestando cierta ansiedad. A su salú hermano. Espero que no las hayas visto todas.

Summer wars de Mamoru Hosoda (Japón)
Un frikki de las matemáticas y de la computación se ve obligado a simular ser el novio de una amiga, y a pasar una temporada manteniendo el engaño frente a la familia de ella. Mientras, es perseguido por la policía por delitos informáticos, se ve amenazado por una parentela de estirpe samurai e involucrado en una guerra colosal, de implicancias insospechadas. Una grandiosa aventura, y otro animé de primerísimo nivel.

Serbis de Brillante Mendoza (Filipinas, Francia)
En un inmenso y decadente cine porno se dan visita travestis, prostitutas y homosexuales de todo tipo y color, y se puede obtener un “servicio” por unos pocos pesos. El cine, apenas un despojo y una burda caricatura de lo que fue en sus lejanos años de gloria, es regenteado por una matriarca y su familia, quienes sobreviven a duras penas entre el calor, la pesadez y los malos olores. La mejor película del filipino Brillante Mendoza.

La carretera de John Hillcoat (Estados Unidos)
En un futuro próximo, la naturaleza muere, los alimentos escasean y el canibalismo es una de las últimas opciones de supervivencia. La peli puede volverse un poco pausada y lenta, pero es una experiencia absolutamente singular, que deja imágenes incrustadas. Hillcoat contó con una historia profunda y memorable, y la plasmó con confianza, logrando levantar un consistente vuelo poético y audiovisual.

Red social de David Fincher (Estados Unidos)
Qué bueno saber que Fincher esté otra vez en carrera, y que no siga en ese tren de mariconadas empalagosas tipo Benjamin Button. Red social es una incisiva película centrada en el joven magnate multimillonario Mark Zuckerberg, y en el cuestionable proceso mediante el cual creó la plataforma virtual Facebook. Brillantemente escrita y filmada; quizá tendenciosa y oportunista. Como sea, una experiencia intensa y reflexiva.

Kickass de Matthew Vaughn (Inglaterra, Estados Unidos)
La mejor película de superhéroes que he visto hasta el momento. El pibe protagonista sueña con ser un paladín de la justicia, y en un principio lo único que obtiene son golpizas masivas. Pero pronto genera un efecto contagio, y allí se le suman superhéroes de verdad. Un amigo que leyó el comic dice que es mucho mejor que la peli y le creo, pero igual, no es fácil dar con un cine tan dinámico y divertido.

El hombre de al lado de Mariano Cohn y Gastón Duprat (Argentina)
El vecino grasa de al lado sirve como reflejo antagónico para que el protagonista, un diseñador exitoso y superficial, se dé cuenta de su cobardía y de sus inmensas carencias vitales. Inteligentísima, muy graciosa y sugerente, entre otras cosas nos recuerda que Daniel Araóz es un grandísimo actor, y que al cine le haría mucho bien explotarlo con mayor regularidad.

Depredadores de Nimrod Antal (Estados Unidos)
En una selva repleta de bichos horribles, se encuentran de repente varios asesinos profesionales de distintas procedencias. Ninguno de ellos parece tener idea de cómo fue a parar allí, ni por decisión de qué extraña voluntad. Retomando el espiritu de las dos primeras (y brillantes) entregas de Depredador, haciendo uso de esa acción física y contundente que las caracterizaba, Nimrod Antal demuestra a la industria y a la cinefilia que él es un soldado a considerar.

Cinco minutos de gloria de Oliver Hirschbiegel (Inglaterra, Irlanda)
Hipotético e intenso enfrentamiento entre un asesino y el hermano de su víctima, luego de treinta y tres años de un hecho sangriento, en el entorno de los conflictos entre protestantes y católicos en Irlanda del norte. Madura, inteligente, brillantemente orquestada, evita los facilismos y convence, con esa poderosa y claustrofóbica impronta del director alemán.

El intendente Sansho de Kenji Mizoguchi (1954, Japón)
A fines de la era Heian, un gobernador es injustamente enviado al exilio. Su mujer y sus hijos quieren acompañarlo, pero son engañados, vendidos como esclavos y enviados a campos de trabajo, donde los explotarán en condiciones infrahumanas. Una poderosísima y conmovedora obra maestra de uno de los más grandes directores de la historia del cine japonés.

Häxan de Benjamin Chistensen (1922, Dinamarca, Suecia)
Reconozco que no soy un gran explorador del cine mudo, más bien lo contrario. Pero lo curioso es que las pocas veces que me interno en el terreno salgo sorprendido, dando muchas veces con obras maestras incomparables. Häxan (La bruja) es brillante por donde se vea, un documental de terror, una cátedra de historia, un despliegue de inventiva visual y una reflexión psicológica y sociológica. No se la pierdan bajo ningún concepto.

La pontífice (Die Päpstin, Sönke Wortmann, 2009)

Actualicen la leyenda

La historia de que durante un breve período de tiempo –quizá durante el Siglo IX- existió un papa que en realidad era una mujer disfrazada de hombre, es una leyenda que la misma iglesia católica dio por cierta hasta el Siglo XVI. Hay varias versiones que hablan del mismo suceso, incluso se ha afirmado que el propio Benedicto III fue la mujer disfrazada, y la sospecha también recayó sobre Juan VIII. Como fuere, la historia fue refutada infinidad de veces y reflotada otro tanto, al punto que hoy es imposible saber qué asidero real pudo haber tenido.
Esta película se basa en una novela de la escritora norteamericana Donna Woolfolk Cross que a su vez se basó libremente en la versión de la leyenda escrita en las crónicas de Martin de Troppau, y en otras posteriores. Desde un comienzo se nos adelanta que la protagonista llegará a ser papisa, y se presenta entonces una suerte de recorrido por la vida de esta hipotética mujer. La película es una laboriosa reconstrucción de época y una recreación notable, y nos ofrece un fresco de una luchadora que desde niña mostraba indicios de tener una sorprendente habilidad para la lectura y la interpretación de escritos -aún cuando a las mujeres se les prohibía aprender a leer- y a la que el azar –o la voluntad divina, quién sabe- y una indómita fuerza de voluntad llevó, sin que ella lo eligiera, hasta el escalafón más alto de la autoridad eclesiástica. El espectador se ve obligado permanentemente a adivinar qué nuevo y extraño giro dará la película, y qué llevará a la protagonista a ese curioso desenlace. Ese juego propuesto, el atractivo propio de las distintas instancias que atraviesa a lo largo de su vida, el buen ritmo general y la tensión impuesta a partir de la mitad, cuando la protagonista decide disfrazarse de hombre para poder pasar desapercibida, vuelven a esta película una obra sumamente disfrutable. La impagable aparición de John Goodman, pasada la primer hora y media, aporta una afortunada inyección de energía y humor justo en el momento en que el ritmo parecía decaer.
Pero también hay puntos débiles. Algunos tramos se tornan predecibles por elementos que podían haberse evitado. Cuando un personaje tose en una película, es obvio que va a morir tarde o temprano. Cuando otro mira por lo bajo, frunce el ceño y cuchichea secretos en reunión, se sabe que es malo, que trama algo y que planifica una pronta traición. Y luego están los guiños anacrónicos: los buenos tienen ideas “progres”, ya que creen en la igualdad entre el hombre y la mujer, hacen el bien sin mirar a quien y toleran en silencio las audacias de la protagonista, y los malos dicen barbaridades y son retrógrados –desde nuestra perspectiva adelantada en más de 1100 años, claro-. Realmente sería muy interesante dar con una película histórica que evite estos maniqueísmos, que cree héroes y villanos con dobleces creíbles y con una ideología más acorde a la época en que nacieron.


Publicado en Brecha 5/11/2010

viernes, 29 de octubre de 2010

Micmacs (Micmacs à tire-larigot, Jean-Pierre Jeunet, 2009)

Denuncia estéril

Jean-Pierre Jeunet es uno de los más singulares y originales cineastas franceses de las últimas décadas. Su estilo ya quedó marcado en su primer y divertido largometraje Delicatessen y sus obsesiones encontraron un punto álgido en la brillante La ciudad de los niños perdidos. Mundos fantasiosos desplegados en tono socarrón, con personajes y situaciones que parecen extraídos de los dibujos animados, y con un particular énfasis en la puesta en escena, en las tonalidades cromáticas -predominantemente sepias y verdes- y en una ambientación casi onírica que unifica la tecnología moderna y el gusto por lo retro. A partir de Amélie -un éxito arrollador de taquilla- pareció volverse más comercial y popular, haciendo uso de personajes forzadamente simpáticos y situaciones algo empalagosas, pero sin dejar de confiar en la inteligencia del espectador y, asimismo, de concebir un cine enérgico, esmerado y atractivo.
Micmacs continúa esta orientación y, por fortuna, no hay mucho lugar aquí para los excesos de azúcar. En principio se trata de una historia de venganza: el protagonista sufre siendo niño la muerte de su padre a causa de la explosión de una mina antipersonal, y de adulto recibe una bala perdida de un tiroteo, la cual queda alojada en su cerebro con el riesgo permanente de que explote de un momento para otro. Es entonces que un golpe del destino –de esos que al director le encanta introducir- lo coloca en una empresa revanchista contra los responsables de sus desgracias: los directores de dos compañías armamentísticas. Como aliados tiene a sus nuevos amigos, una familia de artistas callejeros que viven de la reposición de chatarra y que lo ayudarán en el emprendimiento.
Esta troupe de extrambóticos secundarios presenta habilidades especiales; hay una chica que es una calculadora viviente, también un etnólogo, un hombre bala, un inventor, una contorsionista, etc. A Jeunet le gustan las maquinarias complejas, las reacciones en cadena y los juegos de tipo causa-consecuencia, y no es de extrañar que cada personaje funcione como un engranaje y que los aboque a estrafalarios emprendimientos de tipo Misión imposible. Pero aquí surge un problema: estos personajes parecen creados de acuerdo a esa característica y les faltó un mínimo de encanto, de alma, quizá que se exponga algún detalle más de sus perfiles. Los malos por su parte no podrían ser más estereotipados, y son los empresarios más maléficos y de manual que se hayan visto en mucho tiempo.
Naturalmente esto último es deliberado, pero mueve a preguntarse si vale la pena llevar a la pantalla un tema urticante con tanta liviandad. Las películas con un esbozo de crítica social pierden credibilidad y validez cuando recurren al esquematismo grosero de buenos contra malos, y seguramente a Jeunet le hubiera favorecido más eliminar la “denuncia”, y hacer en cambio una película genérica de llana y dulce venganza. Claro que podrá ser disfrutada y dejará a muchos espectadores satisfechos y con una leve sonrisa, pero nadie podrá pensar que sea una obra incisiva y contundente, sino más bien todo lo contrario.

Publicado en Brecha el 29/10/2010

martes, 26 de octubre de 2010

Ga'hoole (Legend of the guardians: The owls of Ga'hoole, Zack Snyder, 2010)

Para llenar el ojo

Esta película plantea, en una contienda épica entre lechuzas –armadas con garras metálicas y vistosos yelmos- una lucha entre el bien y el mal que es además una evidente parábola del enfrentamiento de los aliados contra el nazismo: por un lado están los “puros” una raza despiadada liderada por un déspota que utiliza y adoctrina a sus subordinados como carne de explotación y de cañón, y por otro, los guardianes “del oeste” fraternos, tolerantes y de buen corazón. Todo esto habría sido un bonito planteo propagandístico en tiempos de la Segunda Guerra, pero hoy suena a facilismo, a anacronismo obsoleto, y hasta llega a rechinar en alguno de sus planteos, como el tratamiento de la guerra como un infierno necesario, la exaltación heroica de los veteranos de contiendas pasadas y la solemnidad de los enfrentamientos.
El guión es bastante flojo: la película está basada en las tres primeras entregas de la saga literaria Guardianes de Ga’hoole, pero los que han podido comparar ambas obras apuntan que se perdió mucha profundidad y cierta densidad psicológica en los personajes. Y seguramente sea cierto: dos secundarios son los típicos creados en las animaciones infantiles para buscar una simpatía forzada. Medio locos, hiperactivos, torpes y verborrágicos, una mezcla del burro de Shrek con el rey lemur de Madagascar. Uno sólo de estos ejemplares podría ser tolerable y hasta ameno, pero aquí los dos juntos aturden y demuestran que hay muy poca imaginación volcada en el trazado de sus perfiles. El resto de los personajes no escapa a los estereotipos, los malos son malísimos, hay un par de traiciones que se ven venir desde que sus ejecutores son presentados y no hay escena de transición que no rememore a otras de películas recientes.
Lo que está muy pero muy bien son los aspectos técnicos, hay un esmerado detallismo en las texturas, las superficies, los movimientos, los plumajes de las lechuzas y los pelajes de otros animales, e incluso hay un par de vuelos en plena tormenta que son particularmente vívidos y vistosos. Pero aquí surge también otro defecto: varias lechuzas son muy parecidas entre sí, y en varias situaciones es difícil diferenciarlas cuando tienen lugar las numerosas y rápidas escenas de acción -¿será por eso que hay tantas cámaras lentas?-. El director Zack Snyder (300, Watchmen) es un entusiasta de las épicas heroicas, de los ralentis aparatosos y los fuegos de artificio, pero suele fallar a la hora de darle sangre y humanidad a sus personajes. Y así muchos saldrán de las salas encandilados por esta animación fulgurante, pero sin nada que llevarse a sus casas.


Publicado en Brecha 22/10/2010

sábado, 23 de octubre de 2010

Red social (Social network, David Fincher, 2010)

Ciudadano Zuckerberg

Que el fenómeno de Facebook cobró dimensiones inusitadas no es novedad para nadie. Tampoco que significó una revolución a nivel social, en lo concerniente a la multidireccionalidad de la información, las formas de interacción grupal, o la novedosa capacidad de difundir, rápidamente y en círculos allegados, tanto banalidades como cuestiones de vital importancia. También podría verse como una pérdida de tiempo, una forma de exhibicionismo, un sitio desbordado de información desechable y hasta un peligro en potencia para cualquier usuario, ya que uno podría ser objeto de exposición involuntaria, de destrato real y hasta de una sangrienta burla grupal. Como toda plataforma tecnológica que se propaga y difunde masivamente, puede ser vehículo para una infinidad de usos y traer toda clase de repercusiones, tanto positivas como negativas. Pero nadie puede negar que Facebook llegó para quedarse, que más de 500 millones de usuarios en el mundo lo utilizan, y que no lo harían si no consideraran que les aporta beneficios reales.
Desde hace años, el aspecto más cuestionable y cuestionado del servicio es su política de privacidad. Una investigación muy reciente del diario The Wall Street Journal da cuentas de que varias de las aplicaciones más utilizadas de Facebook (Phrases, Causes, Quiz Planet, y varios juegos de Zynga como Farmville, Mafia Wars y Texas HoldEm) exponen la información de los usuarios a agencias de publicidad y empresas de seguimiento de actividades en Internet. Y una vez más Facebook, -que tiene una base de datos que debe ser la envidia de cualquier servicio de inteligencia- a diferencia de lo que dicen sus portavoces, demuestra que no puede garantizar la privacidad de los contenidos (y quizá ni siquiera lo pretenda).

El sentido de la oportunidad. En esta situación de masificación desaforada y duros cuestionamientos éticos es que surge esta controversial, incisiva e impactante película. Su centro es Mark Zuckerberg (interpretado por Jesse Eisenberg) y el proceso por el cual creó y desplegó lo que hoy se conoce como Facebook. Zuckerberg tenía 19 años cuando lanzó el sitio web y hoy se ha convertido, con 25 años, en el multimillonario más joven de la lista de la revista Forbes, ostentando un patrimonio neto de 2.000 millones de dólares.
Y la película no es generosa con Zuckerberg, más bien todo lo contrario. Se lo presenta como un freaky escalador, arrogante y vengativo, y se da cuentas de las maniobras de las que supuestamente se valió para su iniciativa. El guionista Aaron Sorkin se basó en un libro que ya había ventilado estos aspectos: The accidental billionaires, que daba cuenta, entre otras cosas, de dos juicios orales emprendidos contra Zuckerberg; uno por parte de los gemelos Winkleboss, que lo acusaron de robar su idea, y otro de Eduardo Saverin, su ex mejor amigo y socio cofundador de Facebook, quien alegó haber sido engañado y defenestrado de la empresa. Ambos juicios son expuestos parcialmente en esta película, y tienen lugar largos flashbacks que cuentan las situaciones hipotéticas que habrían llevado a esos desenlaces.
Y hay que resaltar que son realmente hipotéticas, porque, como dice en determinado momento Zuckerberg en la película, la gente suele mentir en los juicios orales, y aún más cuando hay cifras millonarias en juego. Pero tanto el guionista como el director David Fincher (Seven, El club de la pelea, Zodíaco) optaron por creer en las versiones de los demandantes –que seguramente sean ciertas, vistas las respuestas que el mismo Zuckerberg dio oralmente en los juicios- y de desplegar esos flashbacks creyendo en la culpabilidad del magnate. No ha faltado quien acuse a la película de ser tendenciosa, y aquí se abre uno de los más interesantes puntos de polémica. Corresponde a cada espectador decidir si dar por cierta la versión de la película –y de los demandantes- así como considerar si el triunfo monetario y el prestigio de Zuckerberg es realmente merecido.
No debe negarse que una película-denuncia contra un multimillonario de este calibre es un acto arriesgado, valiente y –todo debe ser dicho- un tanto oportunista. Sorkin escribió su cuidadoso guión asesorado con un equipo de abogados, para que no existiera ningún elemento del que a su vez se pudieran valer los abogados de Facebook y que les sirviera para detener el rodaje de la película o levantar cargos contra la producción. Contrariamente a lo que se difunde mediáticamente, la película no incurre en detalles de la vida sexual del personaje, y esto sin dudas es un gran acierto, ya que esos elementos no serían pertinentes sobre el tema en cuestión, el cual es, en definitiva, qué clase de persona es Zuckerberg y por qué diablos los usuarios de Facebook deberían depositar su “confianza” en él.

Vuelve Fincher. Polémicas aparte, Fincher logra una obra absolutamente sobregirada y verborrágica, con un montaje paralelo trepidante, un ritmo incansable y estimulante y personajes y anécdotas que sumergen al espectador en el relato. La ficción tiene originalmente como foco al grupo de hackers adolescentes de Harvard, que pronto serán devenidos yuppies. Este abordaje puede recordar al de algunas comedias adolescentes tipo Supercool, ya que se muestran sus vidas cotidianas y su interacción, sus intereses, sus pretensiones de sobresalir, destacarse, y ser aceptados socialmente. Pronto, los círculos selectos y de clase alta expuestos, las lujosas fiestas y una ambientación impecable y poderosa rememorarán a American Psycho y a sus lujos frívolos, la hipocresía, la competencia soterrada en las relaciones sociales. Fincher crea un protagonista-villano temiblemente creíble, un ególatra capaz de vender a su madre con tal de destacarse, pero con indicios de culpa, necesidades comprensibles y defectos siempre reconocibles y humanos. Un ser alienado que cuanto más poder tiene más solo se siente y que, paradójicamente, ha creado un imbatible estructurador de vínculos sociales.
Fincher, que nos había empalagado hasta la náusea con su última El curioso caso de Benjamín Button vuelve aquí a ese registro austero, distante, mecánico e imparable que utilizó en Zodíaco. Red social es una maquinaria precisa, aceitada y estudiada al detalle, filmada con la misma energía con la que los adolescentes que pueblan la pantalla se arrojan a sus colosales emprendimientos. Es un alivio ver a Fincher una vez más concibiendo una gran película, logrando un cine complejo, reflexivo, repleto de dobleces que nos obligan a cuestionar seguridades y a conocer nuevas dimensiones de un fenómeno que trascendió todas las expectativas. Como la obra maestra de Welles Ciudadano Kane (1941) que había sido inspirada en la figura del magnate de la prensa William Randolph Hearst, Red social intenta un bosquejo del perfil de un multimillonario influyente y contemporáneo, dejando muchos cabos sueltos sobre su personalidad. Pero una de las diferencias es que aquí Sorkin y Fincher señalan con nombre y apellido.
Hay un detalle que dejará a muchos espectadores un poco por fuera de muchas situaciones y diálogos expuestos, y es que la película no parece pensada para quienes no estén habituados al uso de Internet, o no conozcan el servicio de Facebook o de alguna plataforma virtual similar. Así, ciertos vocablos utilizados como “muro”, “tráfico”, o “hits” se utilizan corrientemente como base, y de allí se va a más. La grandiosa y sugestiva escena final sería llanamente incomprensible para un analfabeto informático.

Publicado en Brecha el 22/10/2010

jueves, 14 de octubre de 2010

Depredadores (Predators, Nimrod Antal, 2010)

Perdidos (y cercados)

Un grupo de asesinos profesionales de distinta procedencia –algunos son soldados de elite y otros pertenecen a mafias organizadas- caen literalmente desde el cielo a una selva que no podría ser más inhóspita: allí hay extrañas y monstruosas criaturas, y la supervivencia se augura complicadísima. Desde su mismo comienzo, Depredadores deja abiertas incógnitas, y los personajes empiezan a especular como llegaron allí, por mandato de qué extraña voluntad, si fueron elegidos por alguna razón especial, y si quizá no estarán todos muertos o inmersos en un infierno particular. Al estilo de la serie Lost, la película sabe manejar el enigma como un poderoso y persistente llamador de interés.
El grupo de forajidos descubrirá al poco tiempo que está siendo parte de un juego macabro, que a pesar de ir armados hasta los dientes son tan sólo presas de una gran cacería y poco más que ratones en un laberinto infranqueable. La película cobra interés por varios aspectos que los guionistas y el director Nimrod Antal (Hotel sin salida) supieron explotar simultáneamente y con sabiduría: en primer lugar los mismos personajes funcionan como elementos de tensión, por su dudoso sentido de la moral y ciertos indicios de demencia –especialmente un inquietante condenado a la pena capital, que tiene como pasatiempo violar mujeres- por otra parte, la paulatina dosificación de información va despejando parte de las incógnitas pero asimismo deja abiertas otras; y se demuestra un notable sentido del ritmo y una excelente dosificación de tensiones y clímaxes –un memorable momento de distensión en el que hace aparición Lawrence Fishburne está muy bien ideado y es sugestivamente truculento-. Antal logra un clima convincente, gracias en parte a las buenas actuaciones y a una acción física cruda y contundente. La banda sonora, de a ratos inquieta, divertida y lúdica, parecería la de una aventura familiar, y contrasta con la seriedad predominante, recordando que estamos ante un entretenimiento sin mayores pretensiones, que no debería ser tomado como más de lo que es. El pasaje a créditos final, con el clásico bailable “Long tall Sally” de Little Richard rememora a la primer Depredador de 1987 y refuerza la idea de que los creadores se divirtieron mucho haciendo esta película.
Puede llamar la atención que la agente selecta de las IDF (Fuerzas de defensa de Israel) sea justo la más equilibrada, humana y considerada del grupo, -uno de los guionistas, de apellido Litvak, parecería ser el responsable del detalle- y que de la película se desprenda una moralina que sugiere que no es bueno fiarse de nadie y mucho menos detenerse a ayudar a compañeros caídos. Pero estas son cuestiones mínimas, apuntes de un cronista quisquilloso que, en definitiva, disfrutó como un mono de esta intensa, inteligente y bien concebida película de acción.

Publicado en Brecha el 14/10/2010

lunes, 4 de octubre de 2010

Satoshi Kon (1963 - 2010)

El universo desdibujado

Fue un duro golpe para muchos cinéfilos. El pasado 24 de agosto, a los 46 años de edad, murió el director de animación Satoshi Kon, uno de los mejores y más promisorios cineastas japoneses de los últimos años. Aunque breve -tan sólo hizo cuatro largometrajes y una serie- su obra está signada por la originalidad y un impactante desborde imaginativo.

“¿No crees que los sueños e internet son parecidos? Ambas son áreas donde se expresa la conciencia reprimida”. Paprika, en la película homónima.

Poco antes del año 2000 el anime comenzó a tomar dimensiones nuevas. Surgieron obras mucho más serias que las conocidas hasta el momento; películas en las que la etiqueta “de autor” parecía la apropiada, vistos los temas adultos, la densidad y la profundidad temática contenida. Así Mamoru Oshii, Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Satoshi Kon lograron que el anime también fuera integrado a los festivales internacionales -en muchos casos en competencia para los principales galardones- y que fuera apreciado y analizado con seriedad por la crítica cinematográfica.
Perfect Blue (1998) fue pensada originalmente como una película de acción real para estrenarse directo a video, pero el terremoto de Kobe de 1995 dañó el estudio de producción encargado, y el presupuesto se redujo finalmente al de un largometraje animado. Por fortuna, se le dio a Satoshi Kon libertad para cambiar el guión a su antojo, siempre y cuando quedaran inalterados algunos conceptos de la novela original. El resultado fue inesperado: la película se convirtió inmediatamente en una obra de culto y hoy es considerada una de las obras fundamentales del anime. Además de presentar algunas importantes dosis de sexo y violencia sangrienta, se trataba de un thriller psicológico con puntas hitchcockianas, y alcanzaba picos de inusitada intensidad. Allí la protagonista, al igual que el espectador, empezaba a dudar de lo que sentía y vivenciaba, y por momentos no lograba discernir si lo que estaba viviendo era un sueño o la realidad.
Esta incapacidad para diferenciar la realidad de la ficción y la vigilia de los sueños, la superposición de niveles de consciencia, la desconfianza en los propios sentidos y la propia cordura, la culpa atroz, los recuerdos reprimidos y los desdoblamientos de personalidad son las principales constantes que desde entonces surcan de principio a fin la obra de Satoshi Kon. Y aunque difíciles y abiertas a interpretaciones variadas, sus películas son un festín para el espectador con ínfulas de psicoanalista.

Una escena típica de su cine se da cuando un personaje, harto de las adversidades que se ciernen sobre él, atraviesa literalmente la realidad en la que vive, traspasando su fondo, y demostrando así que el mundo en el que estaba inmerso era tan sólo una ensoñación, un decorado. Los protagonistas suelen saltar una y otra vez hacia dimensiones paralelas o subordinadas; a Kon no sólo le gustaban los sueños, los sueños dentro de los sueños y su confusión con la realidad, sino que además le apasionaba derribar las diferentes capas de realidad, desmontar aquellos mundos artificiales a los que el hombre se aferra para poder sobrellevar su existencia. En este sentido Kon ha sido, al igual que Kiyoshi Kurosawa, Shinya Tsukamoto o Hirokazu Kore-eda, uno de los más avispados y críticos radiógrafos de la sociedad japonesa de la última década.
Otra escena originalísima y muy representativa de su estilo es aquella en la que el protagonista está explorando un lugar y de repente se cruza con otro personaje que no es otra cosa que una proyección de sí mismo: es decir, es la misma persona pero con alguna variación; con un atuendo distinto o un perfil diferente. Sorpresivamente, la acción no se continúa más desde la mirada del personaje original, sino que comienza a acompañarse a esa proyección en su recorrido, pasando ésta a ser el nuevo protagonista. Kon robaba esta y otras característica de los sueños: la metamorfosis de personajes, la superposición de personalidades, el cambio constante de los ambientes circundantes y la desbordante manifestación pulsional. Al igual que David Lynch, Kon supo colocarse en un vértice creativo en cuanto a manifestaciones oníricas en el cine.
La calidad de Kon se mantuvo a lo largo de su obra. Millenium actress (2001) quizá sea su mejor largometraje y es, entre otras cosas, un emotivo homenaje a la historia del cine japonés. Tokyo godfathers (2003) retoma la idea del clásico Three godfathers de John Ford, y la traslada al Japón actual, de la mano de tres vagabundos, redondeando la obra más clásica, aterrizada y lineal de su carrera. La magnífica serie Paranoia Agent (2004) es Kon en su máxima expresión: la investigación policial de los crímenes del “chico del bate” enloquece a los investigadores, ya que el criminal podría no existir, ser una invención psicológica colectiva, o una corporización de miedos y culpas reprimidas. La serie se pasa abriendo nuevas posibilidades y asimismo derrumbando las seguridades del espectador. Paprika (2006) es para muchos la obra maestra de Kon, y fue el punto de inspiración para que Christopher Nolan ideara la reciente El origen -aunque la comparación de ambas películas juega muy en contra de Nolan-. Un equipo que se inmiscuye en los sueños con fines terapéuticos debe lidiar con terribles y arbitrarios ataques. Paprika es una inteligentísima obra que explora la naturaleza del terrorismo, la intervención tecnológica y sus riesgos y la pérdida de asideros reales en las sociedades actuales. Como para abofetear un poco a quienes subestiman al anime y al cine de animación.

Saludar a la muerte

El 18 de mayo de este año Satoshi Kon recibió un diagnóstico por parte de su médico cardiovascular: “Se encuentra en una de las fases terminales de cáncer de páncreas. Se ha producido metástasis en varios huesos. A lo sumo le queda medio año de vida”. La inesperada sentencia le cayó como era imaginable; él y su esposa buscaron mil formas de alargar su vida, rechazando la quimioterapia. Pero fue en vano. Kon preparó un testamento para dejarle los pocos bienes que tenía a su esposa, y fundó una empresa con dos amigos de confianza para la administración de los derechos de autor. El 7 de julio el médico le dijo que ya le quedaban pocos días, a lo sumo hasta fin de mes. Así es que Kon escribió una emotiva y contundente despedida en su blog. Se siguen extractos*:

“...algo se salió del calendario de la pared y empezó a extenderse por el cuarto. “Dios, una línea manchando el calendario. Mis alucinaciones no son nada originales”. Tuve que sonreír ante el hecho de que mis instintos profesionales estuvieran trabajando incluso en momentos como éste, pero de cualquier forma, probablemente en ese momento me encontraba más cerca de la muerte de lo que había estado jamás. (...) con la ayuda de mucha gente, milagrosamente escapé de la Cruz Roja de Masashino y regresé a casa, envuelto en el mundo de los muertos y algunas sábanas.”

“Hay tanta gente a la que me gustaría ver por lo menos una vez (bueno, también hay a quienes no quiero ver), pero si los veo, temo que la sensación de “nunca más volveré a ver a esta persona” se apoderará de mí, y que entonces no podría saludar a la muerte valerosamente.”

“Quisiera utilizar este espacio para disculparme con mis familiares, amigos y conocidos, por no decirles del cáncer, por mi irresponsabilidad. Por favor comprendan que este fue un deseo egoísta de Satoshi. Quiero decir, Satoshi Kon era “esa clase de tipo”. Cuando recuerdo sus caras, sólo tengo buenos recuerdos y vienen a mi mente sus enormes sonrisas. Muchas gracias a todos por los buenos recuerdos. Amé el mundo en el que viví. El sólo hecho de poder pensar eso me hace feliz.”

“Mis padres cumplieron mis deseos egoístas y vinieron al siguiente día desde Sapporo a mi casa. Nunca olvidaré las primeras palabras de mi madre al verme tendido en cama: “¡Lo siento tanto, por no haberte parido con un cuerpo más fuerte!” Me quedé sin habla.”

“Gracias, Papá, Mamá. Estoy tan feliz de haber nacido en este mundo como su hijo. Mi corazón está lleno de recuerdos y agradecimiento. La felicidad por sí misma es importante, pero estoy tan agradecido de que me hayan enseñado a apreciar la felicidad. Muchas, muchas gracias. Es tan irrespetuoso morirse antes que los padres, pero en los últimos diez años he podido hacer lo que quería como director de animación, lograr mis metas y obtener buenas críticas. Siento remordimiento de que mis películas no hayan hecho mucho dinero, pero creo que obtuvieron lo que merecían. En estos últimos diez años en particular, he sentido como si hubiera vivido más intensamente que otras personas, y creo que mis padres entendieron lo que sucedía en mi corazón”.

“Y si pudiera pedir una cosa más -¿podrían ayudar a mi esposa a mandarme al otro lado después de mi muerte? Podría subirme a este vuelo con más tranquilidad si pudieran hacer eso. Se los pido de corazón. Para todos los que se quedaron conmigo a lo largo de este documento, gracias. Con mi corazón lleno de gratitud por todo lo bueno del mundo, dejo descansar la pluma. Ahora, con permiso, debo retirarme. Satoshi Kon”.

* Se agradece la invaluable colaboración del colega Kazunori Hamada, por su ayuda para la interpretación de algunos fragmentos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cine social

El entramado y su densidad


El cine social siempre cumplió un rol esencial de acercar realidades, impartir enseñanzas, generar conciencia y, de paso, denunciar determinadas injusticias. Suele servir también como registro histórico, ya que muchas veces se vuelve un excelente reflejo de las circunstancias sociales y políticas pertenecientes a una época. En los últimos años el registro ha dado obras sobresalientes y variadas, entre las que cabe destacar Entre los muros (Cantet), Tropa de elite (Padilha), Taare zameen par (Khan), Tokyo sonata (Kurosawa), Naturaleza muerta (Jia), Secret sunshine (Lee), Persépolis (Satrapi), Serbis (Mendoza), Cuscús (Kechiche), Offside (Panahí), Anjos do sol (Lagemann), La nana (Silva) así como la obra de los hermanos Dardenne (El hijo, El silencio de Lorna). Un detenimiento en tres obras fundamentales y de estreno reciente puede ayudar a comprender algunas de las nuevas dimensiones de esta clase de cine.

El cine argentino últimamente ha transitado paralelamente un registro de género -policial sobre todo- y al mismo tiempo un cine realista y costumbrista. Ambas tendencias parecen unirse en Carancho: el perfil más oscuro y truculento del universo del policial negro, y una realidad social que recuerda a los cuadros marginales de Adrián Caetano. El valerse de los parámetros de éxito de un género popular sirve para que la audiencia se vuelva incondicional, y asimismo la película tiene el mérito de dar a conocer ese submundo real de aves carroñeras que se sirven de la desgracia ajena para utilizarla en su propio beneficio. El carancho del título refiere al protagonista -encarnado por Ricardo Darín- un abogado que tiene la capacidad de aparecer de inmediato y como por arte de magia en los sitios exactos donde tienen lugar los accidentes de tránsito, para ofrecerles sus servicios a los damnificados y extraerles grandes sumas a las aseguradoras. Así la película expone, como el mejor cine social, una realidad desconocida para la amplia mayoría de los espectadores.

Adiós Solo, por su parte, es una película independiente norteamericana dirigida por Rahmin Bahrani, un director iraní que cuenta la historia de un taxista senegalés y su encuentro con un septuagenario amargado, en la que el anciano pide los servicios del primero para poder suicidarse. Lo que llama la atención de este par de sujetos es que, ante todo, llaman al rechazo. Su primer impacto es negativo; despiertan incomodidad. El taxista, sonriente y verborrágico, parece un estafador y un mercachifles, y la desconfianza hacia él se acrecienta cuando se dan a conocer sus vínculos con traficantes y delincuentes de poca monta. El hombre mayor es introvertido y antipático, cuando no directamente ordinario y desagradable. Aquí el descomunal e impredecible mérito de la película está en lograr despertar, paulatinamente, empatía y adhesión hacia este par de individuos. Y ese es uno de los mayores logros del cine social: acercar, humanizar y descubrir vínculos y afinidades donde no parecía que existieran.

El director chino Jia Zhang-ke es el cineasta de la actualidad que mejor ha documentado el paso del tiempo y la transformación social y cultural de las últimas décadas. Sus películas de ficción tienen una registro casi documental, y sus documentales parecerían ficcionados. En cualquier caso, sus películas reflejan el estado de desorientación que se vive en las grandes ciudades ante los cambios que traen aparejados la modernización económica y el capitalismo descontrolado, las catástrofes urbanas y las nuevas formas de explotación laboral. Las películas de Jia no son sólo un testimonio de lo que ocurre hoy en China, sino que además plantean reflexiones en torno a realidades que se viven a nivel global. El brutal documental 24 city se centra en una antigua fábrica estatal de Chengdu que cierra, y en cuyo lugar será erigido un inmenso complejo de edificios de lujo; en este entorno, se recogen los testimonios de trabajadores y relativos a la fábrica y se da cuentas de hasta qué punto este proceso cambia radicalmente la vida de la comunidad. Y es que el cine social más sabio lleva a pensar el entramado sin desestimar su enorme densidad y complejidad.

Publicado en revista "Noteolvides" setiembre 2010.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Cinco minutos de gloria (Five minutes of heaven, Oliver Hirschbiegel, 2009)

Heridas abiertas


La UVF (Fuerza voluntaria del Ulster) fue hasta hace poco tiempo un violento grupo paramilitar de Irlanda del Norte, leal a la corona británica. Sus integrantes eran unionistas, anglicanos y conservadores y, al igual que los de otras organizaciones paramilitares -la UDA, la OV- perpetraron centenares de asesinatos contra civiles católicos, ya que veían en ellos una amenaza y los asociaban con la Irlanda independiente. En Lurgen, en octubre del año 1975, el adolescente Alistair Little, de 17 años, ejecutó a su vecino católico Jim Griffin, como forma de ganar prestigio y asegurarse la entrada a la UVF. Luego de cumplir una condena de 12 años Little, arrepentido, se dedicó a viajar por el mundo predicando activamente por la no-violencia.
A partir de estos hechos reales, el guionista británico Guy Hibbert (que ya había escrito varios libretos relacionados con el conflicto) imaginó una instancia hipotética: qué pasaría si Little se encontrara hoy cara a cara con el único sobreviviente de la familia Griffin. Así esta película expone los hechos ocurridos en 1975 y plantea asimismo un reality-show televisivo en el que se enfrentarían por fin, luego de treinta y tres años, el victimario y la víctima indirecta. Los dos se muestran como personajes traumatizados y agobiados por su pasado, y los dos acceden a concretar el insólito encuentro, aunque pronto sabremos que por razones muy distintas: mientras Little busca redimirse, Griffin planea concretar su venganza asesinando frente a cámaras al verdugo de su hermano.
El director alemán Oliver Hirschbiegel (El experimento, La caída) ya había demostrado su habilidad para exponer situaciones incómodas, claustrofóbicas y prácticamente irrespirables, y gracias a esa impronta Cinco minutos de gloria es una película recargada y sumamente intensa. Largos primeros planos generan un atípico involucramiento con ambos personajes, y mediante repentinos flashbacks se sugieren sus pensamientos en los momentos más angustiosos. Liam Neeson (Little) y James Nesbitt (Griffin) logran protagonistas convincentes, y la desmesurada ansiedad y el palpable desequilibrio del último vuelven su sola presencia un poderosísimo elemento de tensión. También brilla especialmente Anamaria Marinca (4 meses, 3 semanas, 2 días), como casual confidente de ambos personajes.
El programa de televisión se muestra como el vehículo banalizador por excelencia, en su pretensión de buscar “verdad” y “conciliación” mediante un forzado encuentro frente a cámaras. Pero los realizadores supieron alejarse de esa ingenuidad y dar cuentas, con notable poder de sugerencia, que la cicatrización de las heridas de una guerra centenaria, la superación, la reparación y la reconciliación son instancias difíciles, sumamente improbables y prácticamente idílicas. Que no es verdad que el tiempo lo cure todo, que el perdón puede parecerle a muchos una palabra absurda, y que las espirales de violencia causan, en el entramado social, estragos inimaginables.

Publicado en Brecha el 24/9/2010

Resident evil 4 - La resurrección (Resident evil: Afterlife, Paul W. S. Anderson, 2010)

El peor capítulo

El término anglosajón spin-off refiere a un proyecto nacido como extensión de otro anterior, y suele aplicarse al cine para nombrar una película que surge tomando ideas o personajes existentes. El director Paul W. S. Anderson desde hace años que se dedica a filmar casi exclusivamente spin-offs, ya sea en la resurrección de sagas existentes (Alien vs depredador), la remake (Death race) o haciendo películas basadas en videojuegos (Mortal Kombat, Resident evil y esta Resident evil: la resurrección). Siempre hizo películas parecidas: de acción que oscila entre la ciencia ficción y el terror, con variadas dosis de gore, y casi siempre inmersas en entornos futuristas, con tecnologías de punta, estructuras arquitectónicas compactas, espejadas y posmodernas. Sus personajes, muy vistosos, lucen armas sofisticadas y están perfectamente peinados y nutridos a pesar de las adversas circunstancias que supuestamente atraviesan. Anderson es un artesano bastante mediocre que supo construirse un perfil definido, y dentro de todo, algunas de sus películas se dejaban ver y funcionaban como entretenimiento fugaz: La nave de la muerte, Resident evil, y Alien vs. Depredador.
Por su parte la saga de Resident evil tuvo algún momento de dignidad. La primera tenía buenos climas y transmitía cierta sensación de enclaustramiento al estilo Alien, pero la segunda era un producto totalmente rutinario e insulso, de consumo rápido y olvido inmediato; la tercera volvía a levantar un poco el nivel y supo ofrecer su cuota de zombies hambrientos de tripas y matanzas masivas, más algún sobresalto, buenas atmósferas, alguna buena escena de acción, un enfrentamiento final contra un monstruo grandote y desagradable y por supuesto, a Milla Jovovich desmembrando a unos cuantos fiambres ambulantes. Lo curioso de esta nueva entrega es que ni siquiera parece cumplir los requisitos básicos que los consumidores habituales suelen exigir al género: aquí los zombies son sólo una impersonal y circunstancial amenaza que ni siquiera se ve muy seguido, y cuando aparecen son bajados a balazos sin ninguna sorpresa ni dificultad; no se logra generar tensión ni miedo en ningún momento, básicamente porque no existe un conflicto bien definido ni personajes con los que valga la pena identificarse; tampoco hay una trama sólida que seguir, la cinta empieza abruptamente continuando el irrecordable final de la anterior entrega y termina de la misma manera, en un corte a créditos que parece tan arbitrario como el comienzo. Es muy difícil establecer dónde está la presentación, el nudo y el desenlace, y eso que la película parecería pretender una linealidad clásica. Aunque más que una película parece un extracto, un mal capítulo de una serie que quizá tenga algo que ofrecer, en próximas entregas.


Publicado en Brecha el 17/9/2010

lunes, 13 de septiembre de 2010

Kick-Ass (Matthew Vaughn, 2010)

Dulce y despiadada


Lo primero que llamará la atención a muchos espectadores es el tono desenfadado, libre y volátil con que una película de superhéroes norteamericana exhibe la violencia y verbaliza cuestiones relativas al sexo. Quizá por ser una coproducción inglesa-norteamericana y no haber sido producida desde las grandes compañías, quizá por no haberse pensado para recaudar ganancias multimillonarias, y seguramente por no haber sido concebida como entretenimiento familiar, aquí las heridas sangran, las espadas dañan y destrozan, los balazos atraviesan los cuerpos salpicando hemoglobina. Puede parecer un aspecto banal, pero muchos estábamos un tanto hartos de que en las películas del género los personajes se golpearan y masacraran durante un buen tiempo sin que se viera ni una sola gota de sangre. Y más atípico aún es que aquí haya un superhéroe adolescente que utilize buena parte de su tiempo vital en masturbarse, o que él y sus pares hablen de sexo con absoluta gracia y naturalidad.
Claro que estos son detalles que a lo sumo podrían aportarle a una película un toque atractivo y bizarro, y los verdaderos méritos de Kick-Ass se encuentran en otro lado. El director británico Matthew Vaughn es relativamente desconocido -había filmado tan sólo dos largometrajes que pasaron desapercibidos: Stardust y Layer cake- y logró aquí una divertidísima sátira/homenaje (toda sátira es al mismo tiempo un homenaje) al cine de superhéroes, donde el protagonista se arriesga a sublimar su fantasía de ser un paladín de la justicia, pero choca brutalmente contra la más despiadada realidad. Vaughn logra una superficie terrenal, donde los miedos están aterrizados, los golpes se sienten y duelen, y el personaje adolece, según sus propias palabras, de la “perfecta combinación de optimismo e ingenuidad” para abocarse a una iniciativa demencial. Y por supuesto que este terreno realista será anárquicamente destrozado en mil pedazos con la aparición de los superhéroes. Vaughn logra, además, despertar carcajadas y a los pocos minutos un nerviosismo sistemático; el ritmo es endiablado y el montaje paralelo permite que se acumulen tensiones simultáneas. Una divertidísima trama romántica corre al mismo tiempo que una grave y seria, en la cual campea la traición y la muerte.
Y un dato no menor es la excelente composición de personajes; algo que demuestra, quizá mejor que ningún otro detalle, el magnífico dominio del medio del director. Hasta un matón que aparece fugazmente y será eliminado a los pocos segundos se vuelve un personaje memorable gracias a los gestos, el lenguaje corporal, la espacialidad, el montaje y el lugar que el director-coguionista le otorga dentro del relato. Ya podría hablarse de un nuevo cine que entrecruza la mejor comedia norteamericana con lo mejor del cine de géneros mundial, y que este último año ha generado un tríptico fundamental, inesperadamente disfrutable y querible: ¿Qué pasó ayer?, Zombieland y esta grandiosa Kick-Ass. Como para reconciliarse con el cine norteamericano.


Publicado en Brecha el 10/9/2010