jueves, 19 de febrero de 2009

Aronofsky y El luchador

La decepción del año


El ecléctico cineasta Darren Aronofsky, quien sorprendió originalmente con Pi, traumatizó a unos cuantos con Réquiem por un sueño y dividió opiniones con The fountain, una vez más jugó sus fichas a una película que poco tiene que ver con lo que había hecho anteriormente. De hecho, en sus primeros tramos El luchador parece un filme de los hermanos Dardenne, la cámara sigue sigilosa al personaje, donde sea que vaya, acompañándolo fielmente en sus desdichas. Se trata de un cambio sustantivo en el estilo de Aronofsky, y también lo es en cuanto a su temática. Randy "The Ram" Robinson (Mickey Rourke) es una vieja gloria de antaño, un paladín de lucha libre que lleva más de veinticinco años en actividad, pero su cuerpo ya no es el de antes. Aunque las luchas se rigen según una rutina planificada, los golpes son simulados y no existen mayores riesgos reales en el ring –no mayores que quebrarse accidentalmente algún hueso, al menos- el corazón del protagonista no puede resistir la carga adrenalínica de una lucha más.
Aronofsky es un maestro creando atmósferas, y es algo que puede verse en esta película. Cada vez que el personaje sube a un ring se siente un temor opresivo: una hoja de afeitar escondida en un guante (para que al menos la sangre sea real), un sustancial cóctel de fármacos ingerido antes de una pelea son elementos que agregan tensión a contiendas sorprendentemente grotescas. Pero esa es la parte buena de El luchador, lo lamentable es todo el resto. Y es que, tanto o más que en El curioso caso de Benjamin Button, se pisan uno tras otro una inmensa cantidad de clichés transitados ordinariamente por Hollywood, aquí los de las películas de caída y superación. La sumatoria de lugares comunes tiene dos puntos de ridículo máximo: Rourke gritando y subrayando que el mundo lo detesta y que el único lugar donde se hace daño es "ahí afuera", y un discurso final micrófono en mano de tipo "muchos dijeron que no volvería a luchar, pero aquí estoy" que de verdad da pena. Aronofsky debería cambiar de guionista, urgentemente.
¿Oscar a mejor actor para Mickey Rourke? Probablemente, pero porque ninguna de las otras opciones es mejor.

Publicado en Brecha 20/2/2009

5 comentarios:

Liliana dijo...

Estoy llegando de verla. Es el Rourke de la vida real, el que se creía acabado y surge en el medio que le es propicio. Creo que es una buena actuación (porque justamente no lo es). La historia ya la imaginas antes de que transcurran los primeros 15 minutos del film. Una pena, con algunas vueltas de tuerca hubiera estado muy bien.

bocha dijo...

Gracias Diego, me salvaste de comerme un bodrio, te debo una :-)

Josep dijo...

No sé si llegaré a verla, porque los falsos biopics redentores me dan mucha grima. Ninguna película de deportistas-que-con-su-heroico-esfuerzo alcanzan la plenitud de una vida me ha resultado simpática, así que tomo buena cuenta de lo que dices y, a menos que me la pongan a tiro y esté aburrido, me parece que pasaré del tema, escarmentando en cabeza ajena (la tuya).
Un abrazo.

LoRbAdA dijo...

Ese tema ya se toca en Rocky4?Rocky5? Ni me acuerdo. Tenía esperanzas de ver una buena peli aunque creo que la dejaré para el videoclub.

babel dijo...

Pues igual paso y no voy a verla. Rourke no me gusta demasiado, y Aronofsky me va decepcionando paulatinamente con sus entregas.

Saludos!