viernes, 4 de septiembre de 2009

Sobre el nuevo cine indio

Belleza y vicio


India es el país que más cine produce en el mundo. Con un lanzamiento anual de mil cien películas, duplica con creces la producción de la industria estadounidense, que apenas llega hoy a las quinientas. Es que cuenta con múltiples ventajas; un público cinéfilo masivo e inabarcable –se calcula que en el país acuden a diario 14 millones de espectadores- salas que comienzan a proyectar a las diez y media de la mañana, y entradas que apenas cuestan unas monedas (diecisiete céntimos de euro en muchos sitios). No debe olvidarse que se trata del séptimo país más grande del mundo y que su población supera los mil millones de habitantes; las salas, repartidas a lo largo y ancho del subcontinente, superan las 11 mil. Allí, el cine sigue siendo concebido como un verdadero espectáculo popular.
Un fenómeno de estas magnitudes ha sido prácticamente ninguneado y desmerecido por la crítica occidental. Llámese negligencia, pereza o desinterés, la indiferencia no es justificable, sobre todo considerando la calidad de muchas de las obras que allí son pergeñadas. Sí puede comprenderse cierto rechazo instintivo por parte de muchos especialistas, ya que para ver y disfrutar del cine indio es necesario echar por tierra unos cuantos preconceptos y valoraciones presentes en los espectadores occidentales.

Tómalo o déjalo
Porque al principio puede costar acostumbrarse al colorido refulgente que predomina; a la exagerada gesticulación de los actores; a las cámaras lentas y a las tomas grandilocuentes que bordean la cursilería y la estética publicitaria. Los personajes casi siempre pisan los estereotipos, dicen lo que piensan y hacen lo que dicen, rehuyendo a los matices y a la densidad psicológica; los malos suelen ser malísimos, las tramas se subrayan y a menudo son predecibles, se pisan frecuentemente lugares comunes y el largo de las películas supera tranquilamente las tres horas. Por lo general, a mitad del metraje aparece una pausa intermedia que divide la película en dos, para que el público tome un descanso y estire las piernas. Es por todas estas razones que muchos pueden creer que el cine indio es una desmesurada pérdida de tiempo, una materia innecesaria, algo que no merece la atención. Pero no podrían estar más equivocados, y quienes opten por entrar a este mundo podrán descubrir experiencias envolventes, frescas y edificantes, únicas en su especie.
Acción, thriller, comedia, melodrama, romance, musical, drama familiar o histórico, fantasía, cine de aventuras. Todos estos títulos genéricos describen gran parte del cine indio, y hasta pueden confluir en una misma película, normalmente con tramas lineales y sencillas, de envidiable clasicismo. Tan extraña mezcolanza redunda en el género cinematográfico indio por excelencia: el masala. El término no podía ser más apropiado, refiere a una combinación local de diferentes especias, que aporta a la comida gustos y aromas característicos.
Quizá lo más llamativo para el espectador foráneo -y uno de los puntos sobresalientes del cine indio actual- sean sus luminosos números musicales, que surgen en medio de la trama y pueden llegar a siete u ocho en una misma película. Con total naturalidad y como si fuese lo más normal del mundo los personajes dejan lo que estén haciendo para ponerse a bailar en pegadizos despliegues coreográficos, a menudo multitudinarios, de inusitada energía. El celebrado final de Slumdog millionaire es torpe y apagado en comparación, una caricatura alejada de la intensidad propia de estos bailes. Y es que el masala es mucho más gustoso cuando está preparado por nativos.


Desarmando conceptos
El término “Bollywood” fue acuñado con cierta mala leche en la década del setenta para nombrar a la industria cinematográfica floreciente en Bombay, en el momento en que equiparó su producción anual con la de Hollywood. Hoy se utiliza erróneamente para designar a la totalidad del cine indio, cuando apenas una parte del mismo proviene de esa ciudad. Elocuente al respecto es la usual designación de las principales industrias cinematográficas del país, que se centran en filmes hablados en distintas lenguas, por ejemplo “Kollywood” se orienta al tamil, “Tollywood” al telugu y “Mollywood” al malayalam, todas estas industrias distribuyen básicamente en sus regiones específicas, y se distinguen de Bollywood por sus estilos y sus temáticas, empapadas de la cultura regional.
Tampoco es correcto designar como “cine hindú” a las películas creadas en India. El término “hindú” refiere al hinduísmo, religión mayoritaria (seguida del islam y el cristianismo), que practica un 79,8% de la población, y a su cultura. El cine hindú propiamente dicho es sólo una fracción de la totalidad generada en el país.
No es cierto que en el cine indio no haya besos. Sí es verdad que existe una censura gubernamental que impide que se estrenen películas en donde se haga explícito el más mínimo roce de labios o de lenguas, pero lo cierto es que sí hay parejas besándose, y de qué manera. Décadas de censura han sido útiles para que los directores hayan ideado toda clase de ocultamientos, donde no pueden verse labios en contacto pero sí otras cosas. Besos en el cuello y en el cuerpo, frotamientos varios, besos en la boca consumados sin el enfoque directo de la cámara –a veces el cuello o el pelo de alguno de los implicados tapa casualmente el detalle-. El resultado es que los cineastas indios han desarrollado estrategias de seducción como pocos, muchas veces dentro de los mismo bailes, en un juego erótico excepcional. Otro recurso reiterado por muchos cineastas es el del “sari mojado” por el cual la chica, correctamente vestida, permite vislumbrar sus curvas con la seda pegada al cuerpo.
Otro lugar común que debe ser descartado es aquel por el cual se dice que estas películas siempre terminan en finales felices. No es así. Por ejemplo, el final de Don es sumamente inesperado y rompe con lo que el público masivo esperaría. Lejos de ser felices, Devdas, Asoka o la brillante Kal ho naa ho culminan en las apoteósicas muertes de personajes primordiales.
Y no todo el cine indio es pergeñado en las grandes industrias. También hay cine independiente y de autor, documentales, animación y hasta cine experimental, con irregular suerte en su difusión. Lo que puede verse en occidente es apenas un botón de muestra de la inconmensurable diversidad existente en el país.


Analfabetismo y castas
Para entender mejor el cine indio es bueno conocer algunas características del país. Debido a la variedad lingüística que existe y a los elevados costos del doblaje, las películas no suelen ser traducidas a las veintidós lenguas reconocidas por el gobierno oficial. Asimismo, la alta tasa de analfabetismo -cerca del 39% en los adultos- explica que muchos espectadores no puedan leer los subítulos y es la razón por la cual los personajes gesticulen y exageren tanto en sus actuaciones; para los ojos occidentales esto podría considerarse sobreactuación. La incomprensión del idioma también explica los subrayados y la simpleza de las tramas, concebidas para su llegada a un público que no podría ser más amplio.
La estructura jerárquica de la India es de las más férreas y cerradas que se conocen. La desigualdad social está marcada por las castas a las que pertenece cada habitante, grupos sociales estáticos y cerrados segregados por ocupaciones y de los que difícilmente se puede salir. Este sistema existe en la India desde aproximadamente 3000 años, y aunque fue abolido por la constitución hace más de medio siglo, está fuertemente ligado a la cultura del hinduísmo y en los hechos sigue manteniéndose como un lastre ancestral. El matrimonio entre integrantes de distintas castas es un crimen intolerable para ciertos fanáticos y aún hoy suele ser castigado con el linchamiento en algunas zonas.
Los dalits no pertenecen a ninguna casta, son considerados intocables y viven prácticamente en la esclavitud, y cerca de 170 millones de indios entran en la categoría. En los hechos, viven la discriminación racial más que nadie, se los excluye en su vida social y religiosa y se les niega el acceso a la salud y a la educación. Hasta están impedidos de realizar los oficios más humildes, y sus reclamos no suelen ser escuchados por las autoridades. Esta realidad puede verse reflejada en el cine. En ese sentido, la problemática de las castas es omnipresente: el choque entre tradición y modernidad, la rebeldía contra férreas imposiciones sociales, el natural enamoramiento entre personas de distintos credos y castas. Puede verse a este cine como un gran desestructurador social, y un poderoso difusor de la tolerancia.
Quizá lo que más puede chocar, y probablemente el punto débil de buena parte del cine indio comercial, es cierta tendencia a la ostentación de riquezas, a un encumbramiento -quizá involuntario- del consumismo y el derroche de las clases adineradas. En Kabhie kushi kabhie gham, por ejemplo, abundan imponentes contrapicados que toman a los protagonistas en cámara lenta, ostentando su belleza, sus lentes oscuros, sus ropas de marca y sus autos último modelo, en un despliegue visual que delata una ideología cuando menos desinteresada, ciertamente injusta con la amplia mayoría de los espectadores. Quizá esta faceta esté pensada como parte de un espectáculo escapista, como un bálsamo que permite olvidar temporalmente las miserias de la vida mundana.


Volver a las bases
Por su usual desempeño, los actores indios son enormemente multifacéticos. Además de actuar con la voz y con los rostros, están entrenados para actuar con todo el cuerpo, desenvolviéndose en un lenguaje expresivo rico y estimulante. También son bailarines, suelen ser excelentes comediantes y las actrices pueden contarse entre las más hermosas del mundo -sólo hace falta ver en un par de fotogramas a Aishwarya Rai, Deepika Padukone o Kajol para confirmarlo-. Por su parte, el actor Shahrukh Khan podría contarse como uno de los actores más versátiles de la actualidad (y de los más solicitados).
En un momento en que el cine dominante entrega películas compactas y de consumo rápido como si fueran embutidos, el panorama indio puede verse como un volver a las bases, como un soplo de aire fresco, por su entrega de películas ágiles y cambiantes, por su falta de miedo al ridículo y por apostar a la sencillez y a la contundencia. John Ford, David Lean, Akira Kurosawa, Quentin Tarantino y Hayao Miyazaki parecen compartir con el mejor cine indio ese espíritu por el cual una propuesta cinematográfica es un espectáculo para vivir y para sumergir en él todos los sentidos, más que para visitar brevemente.

Recomendados

Lagaan (Ashutosh Gowariker, 2001)
En 1983, durante la ocupación inglesa, los habitantes de un pueblo asediado por la sequía se niegan a pagar el abusivo impuesto de cosecha de lagaan que exige un oficial británico zonal. Las partes llegan a un acuerdo: si los habitantes de la aldea logran ganarle al cricket a un equipo inglés son eximidos del pago, pero si pierden deben pagar el triple. Drama social, aventura, romance y musical, en un espectáculo que respira un aire de libertad y clasicismo que recuerda al mismísimo cine de John Ford.

Kal ho naa ho (Nikhil Advani, 2003)
La que durante sus primeros tramos podría parecer una comedia torpe y superficial alcanza más adelante un dramatismo y una intensidad inusitados. Una familia india radicada en Nueva York es visitada por un extraño personaje, que cambia sus vidas para bien. Pero el visitante dejará asomar más adelante un secreto insospechado, y también la misma familia. Un masala melodramático como pocos, una obra que a su vez logra arrancar carcajadas y torrentes de lágrimas. Pasados los arduos primeros treinta minutos se vuelve maravillosa.

Don (Farhan Akhtar, 2006)
Don es la mano derecha del líder del narcotráfico Malayo. Se lo conoce por su violento carácter, por su falta de escrúpulos para los negocios, por su poder previsor y su inteligencia desmesurada. Un día cae en manos de su feroz archienemigo de narcóticos, quien lo secuestra y coloca en su lugar a un doble exacto, con la misión de infiltrarse y desmantelar el cártel. Una divertida historia de mafias con mucha acción, vueltas de tuerca que no se las espera nadie y la presencia impagable de Shahrukh Khan en un doble papel. Tiene un par de bailes callejeros que son lo máximo.

Taare zameen par (Aamir Khan, 2007)
Un incomprendido niño disléxico es maltratado por sus padres, sus maestros y su grupo de pares, destruyéndose su autoestima, siendo amputadas sus posibilidades de crecer. Alejado de su familia, en un estricto internado le va peor, llegando a una situación de casi-autismo. Un profesor de arte logrará comprenderlo, y ver en él sus habilidades ocultas. El actor protagonista Aamir Khan (Lagaan) dirige por primera y única vez, logrando una muy emotiva y efectiva obra.

Eklavya (Vidhu Vinod Chopra, 2007)
En la India contemporánea, una dinastía real ya no gobierna más, aunque vive en un fuerte inmenso. El viejo y casi ciego guardia real, Eklavya, sigue el legado de sus antepasados y protege con su vida a la fortaleza, a la dinastía y al rey. Fiel a su dharma, su ley natural y su conducta adecuada, corre el riesgo de causar grandes daños a sus seres queridos. Un drama imponente y brillantemente actuado, que además llama la atención por ser corta en comparación con otras películas indias. Apenas dura 105 minutos.

Om Shanti Om (Farah Khan, 2007)
La directora Farah Khan es coreógrafa desde hace más de quince años, y entre otras ideó los excepcionales bailes de Don, Kabhie kushi kabhie gham y Kal ho naa ho. Om shanti om es un taquillazo merecido, un exabrupto de vitalidad y energía, de esos que dan ganas de levantarse de la butaca y ponerse a bailar. Parodia a la industria del cine, historia de reencarnaciones y venganza, tortuoso romance de tintes shakespearianos. Puede chocar un poco al comienzo, pero superado el empalagamiento inicial se convierte en algo adictivo.

Jodhaa Akbar (Ashutosh Gowariker, 2008)
Es lógico que surja una película de este tipo, ahora que India se alza como potencia mundial. Épica histórica monumental, de despliegues visuales increíbles, grandes actuaciones y decorados y vestimentas suntuosas, en el contexto del reinado de Akbar el grande, en el Siglo XV. Es inevitable la comparación con Héroe de Zhang Yimou, ya que se hace una clara exaltación del imperialismo, con un personaje heroico abocado a la unificación de las tierras y las culturas del hindustán. Pero como las obras de Zhang, la película es enormemente disfrutable.

Publicado en Revista Dossier, setiembre de 2009.

12 comentarios:

GUSTAVO dijo...

Excelente post!
Casualmente ayer vi "Slumdog millionaire" y, si bien se que no tiene nada que ver, me pico por visionar alguna peli de Bollywood...
Asi que imaginaras que tu post me puso al tanto de muchas cosas que ignoraba.
Saludos!

http://cinemaparadisouy.blogspot.com

Javier Casado Pérez dijo...

Creo que sólo he visto una película genuinamente india: Mangal Pandey-The Rising. Porque "El gurú del sexo", que por cierto me pareció bastante divertida, no es de allí, aunque tenga numeritos musicales estilo Bollywood...

Con esta parca experiencia en este cine, no puedo opinar mucho, excepto en lo chocante que resulta en un principio: en una película de tono histórico-épico como esta que comento de "The Rising", se cuelan numeritos musicales cada 15 minutos, con los duros soldados cipayos bailando "amariconadamente" (con perdón), y con una cursi y casi infantil historia de amor con chica preciosa de por medio... Pero sí, como dices, si te acostumbras a esto, que al principio choca mucho, luego no está tan mal...

Guiado por tus consejos tengo por ahí bajada "Om Shanti om", a ver si tengo un rato para verla un día de estos...

Fantomas dijo...

No me pueden gustar las realizaciones de la industria india. Más allá de eso, felicitaciones por el estupendo artículo que has escrito.

Saludos.

Diego Faraone dijo...

Bueno, gracias Gustavo y espero te animes a adentrarte. No creo que te arrepientas.

Javier, no conocía esa peli. Y el problema es que cuando uno liga una película india mala, es mala con ganas, por lo que no es recomendable aventurarse sin asesorarse primero... Om shanti oooom la vi dos veces, y algunas escenas las debo haber visto unas veinte, porque son puro vicio. Ya me contarás.

Fantomas, genial, es todo un cumplido porque quiere decir que logré hacerte leer la nota aunque no te interese el tema. No es fácil lograr eso.

Un abrazoo!

Javier Casado Pérez dijo...

No, si yo no digo que The Rising sea mala. No me atrevería a catalogarla como buena, pero desde luego mala no. Simplemente exageraba un poco lo chocante que resultan ciertos tópicos del cine indio (por lo poco que sé), como el hecho de meter casi siempre una historieta de amor edulcorado, aunque sea con calzador, y continuos numeritos musicales aunque sea a costa de hacer bailar a todo un ejército de duros soldados cipayos sin venir a cuento, como en este caso... Cuando no estás acostumbrado, choca. Pero cuando te acostumbras, hasta resulta divertido. De hecho, ya te digo que me quedaron ganas de repetir, especialmente si son películas que vienen recomendadas por un experto como tú ;-)

Ya te contaré sobre Om Shanti Om. Y si el resultado es bueno, me atreveré con alguna otra de las que comentas aquí, que no tienen mala pinta. ¡Saludos!

Dimitri Kurilenko dijo...

Muy buen artículo, y es así, el cine indio gusta o no y a mi me encanta.

Les recomendaría Ghajini (con el buen actor Aamir Khan (de Lagaan). Es una vuelta de tuerca a una historia como Memento, pero tiene personalidad propia.

Saludos.

Gerardo.H dijo...

Sencillamente fantástico tu análisis del cine indio… Ya me he visto varias de las películas que has recomendado y me han gustado, pero es claro que el visionado de este cine se debe llevar adelante libre de todo prejuicio…
¡Saludos!

Javier Casado Pérez dijo...

Finalmente vi "Om Shanti Om" este fin de semana, y como te prometí, aquí va mi comentario: ¡Genial!

He disfrutado como hacía tiempo que no lo hacía con una película. Para mi han sido 3 horas de diversión pura. Una fantástica comedia musical que me ha dejado la sonrisa grabada en la cara durante un montón de rato tras su finalización, una película en la que a ratos me encontraba a mi mismo bailoteando en el sillón, y con canciones que aún hoy no se me van de la cabeza. Sin olvidar momentos brillantes de ironía y parodia.

Desde luego, hay que verla con una mente abierta, estoy convencido de que habrá gente a la que le resulte insoportable y que la abandonarán a los 10 minutos, pero si se está dispuesto a disfrutar sin más de una película con argumento nimio, absurda e infantil a veces, pero fresca, divertida, sarcástica y... un espectáculo, en general, pues creo que es completamente recomendable.

Volveré a verla, y no lo hago con muchas películas. Muchas gracias por haberme hecho descubrirla. ¡Saludos!

Diego Faraone dijo...

Dimitri, gracias por estar por acá, y tomo nota de Ghajini. No me la pierdo!
Te mando un gran abrazo.

Gerardo, me alegra te interese, de la India hay mucho para disfrutar y aprender, me gustaría hacer énfasis en una película en especial Taare zameen par. Brillante.

Javier! Qué alegría que me das. Cuando la veas por segunda vez vas a descubrir muchas cosas, entre otras, que todos los diálogos de la película tienen doble sentido. Así como leés. Una de mis líneas de diálogo favoritas se da al comienzo, cuando el protagonista está con la madre entre la audiencia, en medio de un show y él le dice algo así como "¿y vos quien te pensás que sos, la directora?".

Luego de ver bastante cine indio llegué a reconocer la mayoría de los actores que aparecen en la escena de baile masivo, esa que es absolutamente maravillosa.

Bueno, nos estamos leyendo!

Ivan dijo...

Está bien conocer el cine indio, es casi una obligación cultural para todo cinéfilo, pero me temo que cuanto más se conoce más queda en evidencia. En mi caso si que he visto mucho cine indio reciente y en general es muy malo más allá de su colorido. Eso si, los números musicales son más propios del cine de Bollywood que del resto de cinematografías indias, no habría que generalizar como se suele hacer a nivel global por la gente que habla del cine indio.
Mucha producción y muy poca calidad.
Buen artículo en cualquier caso.

Saludos!

Diego Faraone dijo...

Iván, es una pena que hayas visto mucho cine indio cuando en realidad ni te gusta. Quizá deberías alertarnos de qué películas no transitar.
Yo, por lo pronto, sigo entusiasmado y explorando. Todavía no he sido traumatizado con algo tan malo que me aleje definitivamente, y una de cada dos o tres que veo me parece buenísima.
Supongo que hay que asesorarse bien, aunque bueno, es cierto que si no te gusta, no te gusta.

Un abrazo!

Arturo dijo...

Mi queridísimo Diego... pues qué te digo, por tu culpa acabo de ver DON... y no me queda otra que decir que SOY FAN!!! =)

Estaba difícil que a mí no me terminaran gustando estas cosas, digo, siendo Mexicano y acostumbrado a lo mismo pero de hace 40 años con tipos como Pedro Infante y TinTan (sus películas son igualitas, pasamos de un drama extraordinario a números musicales de la nada) que serían los equivalentes a este Shahrukh Khan, del cual sin duda puedo decir que es un tipazo!!