domingo, 26 de mayo de 2013

Elena (Andrey Zvyagintsev, 2012)

El dinero y el frío


No es casual que el director Andrey Zvyagintsev sea considerado hoy uno de los más grandes cineastas rusos. Con sólo dos largometrajes previos (las notables El regreso y The vanishment) ha logrado imponerse en festivales de todo el mundo y en carteleras como un autor de características sumamente personales y reconocibles. 
Zvyagintsev hilvana aquí un relato centrado en la vida de una mujer, abuela de dos nietos, y su marido, aún mayor que ella. Una relación marcada a fuego por la desigualdad económica y la relación de poder surgida en consecuencia. De a poco, el cuadro va desentrañando paulatinamente un recargado drama íntimo, con la parsimonia y los ritmos propios de una cotidianeidad madura, en la que la pareja principal pareciera carente de apuros o visibles ansiedades. Pero de a poco pueden empezar a comprenderse sus conflictos diarios; se van intuyendo sus infiernos íntimos, sus costados oscuros, su desesperación. Nada es muy claro ni específico en cuanto a la verdadera naturaleza de las relaciones familiares presentadas, pero es mucho lo que podría intuirse. Zvyagintsev presenta esos personajes difíciles, de los que los vecinos podrían hablar pestes con facilidad –podríamos referirnos a la ligera como de “parásitos” e “hipócritas”, de “ingenuos” y “vividores”, de “vagos” o de “delincuentes”- pero en los detalles están los elementos que llevan a dudar de que estas categorías sean las apropiadas para seres humanos que, sabemos, esconden todos sus razones y una compleja densidad. 
Pueden verse a los personajes como representantes de segmentos sociales existentes en la nueva Rusia, y de dos mundos opuestos hoy prácticamente irreconciliables –nótese el largo viaje y la combinación de transportes que debe realizar Elena para llegar desde la casa que comparte con su marido a la de su hijo y su familia-. En un país que supo ser “norte” comunista y que sufrió una feroz transición hacia al capitalismo salvaje, el hijo de Elena puede verse como un nuevo desclasado, un ex proletario que vive las consecuencias de los cierres de fábricas y el golpe fulminante a las clases medias. El anciano marido, en cambio, puede considerarse un abanderado del neoliberalismo, convencido de que un individuo es absoluto responsable de su situación económica, y de que una situación de pobreza es un buen “castigo” para los que son incapaces de esforzarse. 
El hijo de Elena le pide a su madre dinero con la excusa de llevar a la universidad a su propio hijo y evitar que termine integrado al ejército, pero el espectador puede sospechar que este futuro en la universidad es sumamente improbable para él, intuyendo quizá que el dinero deba ser orientado a otros asuntos. La desigual distribución de la riqueza puede ser leída como el móvil primario, la causa última de la ausencia de humanidad y de una situación fría, opresiva, fulminante. Así, esta película que transcurre sin apuros ni grandes sobresaltos y con una estética tan pulcra, elegante y típicamente rusa es capaz de engendrar sutilmente una incomodidad mayúscula; sensación reforzada por la reiterativa música del veterano Phillip Glass, la cual se impone en los momentos menos esperables y que de alguna manera supone un presagio; un anticipo a la tragedia.

Publicado en Brecha el 24/5/2013

1 comentario:

Maximiliano Bautista dijo...

Diego, si bien nunca comento debo decir que leo siempre tus posts porque me parecen muy interesantes.
Esta vez me animo a escribir ya que esta película no deja de generarme una duda enorme sobre lo que se teje detrás de ella, y que varios comentan, pero que yo no termino de encontrar.
Entiendo y comparto que el retrato de un país dividido entre ricos y pobres está brillantemente logrado desde las familias sobre las que trata la película. Sin salir de ellas se crea una panorámica social contundente y profunda, y esto no es poco. Pero, personalmente, me quedo con la impresión de que la película versa más sobre las situaciones internas de las familias y los impulsos de quienes están a cargo (Elena y su esposo) que sobre un cuadro social. Digo esto por los hijos de uno y de otro, quienes se empeñan en hacer la vida más complicada a sus padres pero terminan siendo siempre apañados por ellos.
El hijo de Elena, más allá de ser un desclasado, víctima de un sistema que se ha encargado de desplazarlo y marginarlo, también es un personaje incapaz de hacer nada más que tomar cerveza, jugar al PlayStation y esperar a que su madre le lleve dinero. No digo que tenga que salir a buscar trabajo, pero por lo menos podría haber mostrado algo de preocupación por su familia y sus hijos (no olvidemos que acaban de tener un bebé). La única que muestra alguna preocupación por estos hijos es Elena, y nadie más. De todas maneras este puede ser el retrato de una familia sumergida socialmente más que de personajes sumergidos. Creo que versa más sobre las familias que sobre los personajes (de los cuales encontré pocas cosas para rescatar en el fondo ya que entiendo que se ven constantemente opacados por los personajes principales). El único personaje del que rescato alguna otra complejidad es el nieto mayor, quien busca cosas que responden a sus propios intereses más allá de lo que pase o no en su casa.
Creo que la relación del esposo de Elena y su hija es otra muestra de la búsqueda de un retrato familiar que rompe los esquemas convencionales. Debo decir que esa relación, cínica e hipócrita, me resulta mucho más profunda que todo lo que sucede con la familia de Elena (que no por menos evidente tiene que ser más compleja).
Entiendo que la película versa sobre la supervivencia de la familia en contextos disímiles y sobre padres que encuentran una vía para justificar su insulsa y triste existencia a través de sus hijos, más allá de merecimientos, luchas o logros. Creo que es una historia de egoísmos y soledades.
Comparto tu opinión sobre la estética; es brillante.
De todas formas, mi idea era comentar que esta película, de la que se habla y que se ha premiado, me dejó un gran sabor a poco y que cada día que pasa más me parece que está un poco sobrevalorada. La película tiene picos muy altos (como el final, por ejemplo), pero no dejo de pensar que las cosas que el director omite o da a entender, con la intención de que uno revuelva y encuentre la soterrada complejidad de las cosas, se desprenden más de los picos altos de la película que de una espesa narración durante todo el film. Creo que tiene varios baches que el espectador va rellenando con lo que desprendió de esos picos, más que un tejido denso en todos los niveles.