sábado, 8 de junio de 2013

Las mejores películas (XXI)

En esta nueva selección de mejores películas traté de no pisarme demasiado con las que reseñé recientemente en festivales y, a la vez, de marcar las que para mí son realmente fundamentales y que no se deberían dejar pasar de ninguna manera. Todas estas pelis están enteramente avaladas por aquí el señor (después nos peleamos) y creo que todas ellas merecen el esfuerzo de que las busquen y las vean. Como verán, hay acá unos cuantos maestros que ya sigo desde hace rato, más una gran revelación portuguesa, (lo que me lleva a querer prestarle más atención a ese país, recuerden Tabú...)

The Master de Paul Thomas Anderson (Estados Unidos) 
Estoy pensando seriamente que el desdén por esta película tiene que ver con algo muy profundo, con la incomodidad que provoca y por su detenimiento en asuntos que muchos no quisieran ver. Si los temas de las secuelas psicológicas en excombatientes y la tendencia a adoptar religiones como forma de consumo ya son de por sí complicados, hay además una ruptura de estereotipos y una particular aproximación a la bestialidad; se presentan costados humanos que no suelen verse en el cine, más una relación simbiótica tan extraña como verosímil. Como el personaje interpretado por Phoenix, esta impactante película es un engendro de difícil adopción. 

Amour de Michael Haneke (Francia, Alemania, Austria) 
Me sería difícil escribir sobre Haneke una sóla palabra que no fuera un elogio. El más intachable de los cineastas actuales logra, por fin, cerrarle bien la boca a sus principales detractores, quienes venían machacando con que el director austríaco no empatizaba con sus personajes. El tema es discutible, pero no hay dudas de que no se da en este caso. Una pareja que tuvo y tiene estabilidad, cariño, afinidades en común, experimenta en carne propia la manera en que el tiempo lo destruye todo; la paulatina decadencia, el deterioro más atroz es abordado con una lucidez demoledora. Una realidad patente es cuestionada sin golpes bajos ni desconsideraciones y, claro está, con todo el amor imaginable. 

Ralph el demoledor de Rich Moore (Estados Unidos) 
Una de las más grandes obras de animación de los últimos años. Como en Pixar, un mundo fantástico paralelo y subordinado al nuestro comienza a resquebrajarse, a hacer agua. Los villanos de los videojuegos, desplazados, son los sufridos chivos expiatorios para sus pares heroicos e integrados, y se ven relegados a noches solitarias y frías mientras los demás se regocijan en fiestas privadas. Pero ese "orden" suele desmoronarse cuando los excluidos deciden retirarse y comenzar una nueva vida: en el mundo de afuera, amplio y asombroso, pueden encontrarse grandes aventuras y hasta seres malignos de verdad. También es posible dar con otros marginales, raros y entrañables . 

Abrir puertas y ventanas de Milagros Mumenthaler (Argentina, Suiza, Holanda) 
El vínculo existente entre tres adolescentes en una gran casa que les queda demasiado chica es chirriante y especialmente molesto. Las chicas se destratan, se insultan, planifican pequeñas venganzas y revanchismos las unas con las otras. De a ratos, pequeños y sutiles detalles develan parcialmente el profundo dolor que esconden, un pasado terrible y un lazo incómodo. Es fascinante la forma en la que la cineasta debutante Mumenthaler expone un cuadro de rabia extrema, de desavenencias y malas leches, pero planteándolas como producto de una inmensa frustración, de una particular situación de vulnerabilidad. 

Sangre de mi sangre de João Canijo (Portugal) 
Un melodrama familiar de los que ya no se ven. En un barrio de la periferia de Lisboa, una cocinera convive con su hermana y sus hijos, quienes oscilan entre la delincuencia, los amores malditos, el incesto, las drogas y el estancamiento endémico. Cuando una simultánea doble tragedia atraviesa la convivencia, se impone el trauma grupal. Una película durísima y brillantemente concebida, un prodigio de construcción de personajes y de puesta en escena, con tomas obstruidas a lo Wong Kar-wai, un excelente uso del fuera de campo y un clima realista que lleva la historia a impactantes picos de tensión. 

Venus noire de Abdelatif Kechiche (Francia, Bélgica) 
El director ganador de la palma de Cannes desde hace tiempo es revisitado por este blog, y en cada una de sus películas dejó en claro su grandeza. En la Academia Real de París, en 1817, el anatomista Georges Cuvier exponía lo que para los especialistas era una curiosidad: los genitales extirpados de una mujer africana de la tribu Khoi Khoi, que tan sólo unos meses antes había atravesado las más lamentables penurias, comercializada como esclava para múltiples tratos degradantes. La mujer existió y se llamaba Sara Baartman; fue una víctima del colonialismo mental y del racismo científico. Pero a mí me parece que esta película dice que el mundo, en el fondo, no ha cambiado tanto desde entonces. 

In Another Country de Hong Sang-soo (Corea del Sur) 
El maestro Hong Sang-soo nos tiene acostumbrados a estas pequeñas lecciones, a estos retazos de la vida misma que nos sirven para vernos reflejados y pensarnos a nosotros mismos. Una chica en apuros decide escribir tres guiones para tranquilizarse, protagonizadas por una mujer llamada Anne. En los tres fragmentos, la inmensa Isabelle Huppert representa a esta mujer, quien llega a una ciudad costera de Corea del Sur y siente una profunda atracción por un salvavidas local. Aunque en los tres episodios haya ciertas variaciones (principalmente las características de la protagonista) también hay muchos puntos en común, por lo que los fragmentos dialogan entre sí y son propuestas, para una situación similar, varias alternativas posibles. 

Django Unchained de Quentin Tarantino (Estados Unidos) 
Un western de antirracistas contra racistas, de buenos jodidos contra malos jodidos, de hombres libres contra esclavistas. Christoph Waltz sonríe, Jamie Foxx dispara, Don Johnson se indigna, Franco Nero aprueba, Samuel Jackson desconfía y Leo DiCaprio sierra una calavera. Si el ku klux cae, los malvados duermen mal y la sangre salpica, los cinéfagos estamos agradecidos. Dudo que esta película sea recordada como el mejor Tarantino, pero hay maestros que aún cuando no son perfectos son condenadamente geniales. ¿Que todavía no vio Django unchained? Entonces sería una buena idea que se deje de perder el tiempo en blogs pedorros. 

Cosmopolis de David Cronenberg (Canadá, Francia, Portugal, Italia) 
Cronenberg se pone profundo, llama a un montón de amigos geniales (Mathieu Almaric, Juliette Binoche, Emily Watson) y se divierte en el viaje a través de Manhattan de un multimillonario que lo acaba de perder todo y que sólo piensa en un corte de pelo que no necesita. Las protestas callejeras invocan el apocalipsis, el hombre es un virus que navega entre multitudes acuosas, el yuan y sus caprichos acaban con la búsqueda de patrones así como las pulsiones y las imperfecciones de la carne desplazan la simetría y el racionalismo. La tecnología es un reducto frío e implacable, un arma de doble filo que podría opacarnos en segundos. 

La buena vida de Eva Mulvad (Dinamarca) 
Imponente documental que registra el vínculo enfermizo entre dos mujeres, madre e hija, que han pasado de la más alta aristocracia a la pobreza más absoluta. La progenitora mantiene a su hija con una pensión muy escasa, y ambas viven en un pequeño departamento en Portugal. Aunque esté adeudada y no se crea capacitada para trabajar, la hija continúa con sus pretensiones de mujer rica, con sus mañas y sus indignadas exigencias de una mejor vida. Y el principal blanco para la frustración es su propia madre, quien debe tragarse todas las recriminaciones imaginables. Un duro e interesantísimo abordaje antropológico.

No hay comentarios: