miércoles, 11 de febrero de 2015

Foxcatcher (Bennett Miller, 2015)

Tensión insuficiente


No parece una película de Hollywood, y mucho menos una candidata a cinco Oscar, incluyendo director y guión original. El abordaje del cineasta Bennett Miller (Capote, El juego de la fortuna) no es solamente frío; es gélido. La anécdota se basa en sucesos reales y sus participantes son vistos desde la distancia, las tomas son largas y distendidas, la acción es mínima, los diálogos son concisos y los personajes (sobre todo los protagónicos) se ahorran todas las palabras innecesarias, más algunas de las otras. El énfasis parece puesto en lo que se gesta dentro de ellos, aunque el espectador sólo pueda intuirlo. 
John Dupont (Steve Carrell, esgrimiendo esta vez una seriedad espeluznante) es el magnate heredero de una de las empresas de químicos más importantes de Estados Unidos; concretamente de la mayor corporación de pólvora del mundo. Como aporte a la grandeza de su país, se convierte –pese a las objeciones de su madre dominante– en un coach de lucha libre, enfocado en entrenar atletas con un objetivo claro: que ganen la medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Nada de ayudarlos a fortalecer el espíritu o perfeccionarse, simplemente que sean los mejores del mundo. Entre los protegidos de Dupont, la gran promesa es Mark Shultz (Channing Tatum), un mastodonte inexpresivo, proclive al desborde (durante un entrenamiento con su hermano en una de las primeras escenas, le da accidentalmente un cabezazo que lo deja chorreando sangre), con quien el magnate gestará un vínculo particular, fuente de constante tensión: si Dupont en su constante excentricidad deja bien a las claras que le faltan unas cuantas tuercas, Shultz es pura fibra y energía contenida, una bomba de tiempo que sabemos explotará, mejor temprano que tarde. Con reiteradas referencias a su país, Dupont se convierte en símbolo de la aristocracia republicana estadounidense, acostumbrada a erigir sus fortunas a fuerza de llevarse el mundo por delante, comprando personas si es necesario y utilizándolas a capricho. Foxcatcher es el nombre de su finca, en referencia a los perros que cazan zorros, para deleite de sus dueños. 
Pero la tensión surgida a partir del víncu­lo entre los protagonistas puede no ser suficiente para despertar el interés necesario. La austeridad, la inescrutabilidad de los personajes, la ausencia de dinamismo durante largos tramos, son elementos deliberados y escrupulosamente desplegados en esta película, pero proveen a la narración de una arritmia importante, que puede extenuar a la audiencia y dejarla por fuera del cuadro. Foxcatcher es una película interesante, sutilmente sugerente, técnicamente sobresaliente y con actuaciones soberbias, pero no precisamente entretenida y, para los espíritus más inquietos, quizá directamente insufrible.

Publicado en Brecha el 6/2/2015

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