jueves, 19 de junio de 2008

Cine y pedofilia

La otra pantalla


La reciente difusión masiva de una seguidilla de actos de violencia sexual hacia menores y el subsiguiente alarmismo generalizado han provocado un clima en el que se respira una absurda contradicción: por un lado, los actos criminales han pasado por boca de todos y por todos los ámbitos, así como sus detalles más crueles y escabrosos. Por el otro, la profundización en el tema, ya sea en la indagación de la psicología del agresor y sus motivaciones, así como en las consecuencias de sus actos, en los tratamientos posibles para víctimas y victimarios y los modos de prevención para evitar esas situaciones parecieran ser tópicos molestos de los que pocos quieren hablar o escuchar. La opción de no pensar al respecto y de bestializar a los agresores es el camino que muchos han decidido tomar, quizá una forma de desentenderse de un tema con el que sencillamente no pueden lidiar. Pero la temática es muy compleja y espinosa y resulta asombrosa la liviandad y la fascinación detallista con que los medios la abordan, como si el shock y la generalización del horror fuesen herramientas políticas notables para combatir la proliferación de nuevas aberraciones.
En los últimos años el tema ha sido abordado con recurrencia por el cine, quizá como un reflejo del interés por aportar aproximaciones serias, densas y donde se reflejen las complejidades que encierra. Lo más notable es que la amplia mayoría de las películas que lo tratan directamente son muy recomendables y singularmente útiles para enriquecer una mirada madura al respecto. Si bien hay una infinidad de películas de ficción con argumentos de tipo “Lolita”, es decir, centradas en relaciones consentidas entre un menor de edad y un adulto, para disminuir un poco el espectro nos centraremos en los casos de pederastia propiamente dicha, es decir, de abuso sexual a niños. También es cierto que abundan las películas que tocan sólo en forma lateral el tema: las notables La celebración (Vinterberg, 1998), Río Místico (Eastwood, 2003), Hard candy (Slade, 2005), Sólo contra todos (Noé, 1998), Kill Bill Vol. 1 (Tarantino, 2003), Donnie Darko (Kelly, 2001), entre tantas otras, que demuestran que el pedófilo (o paidófilo) es una figura muy presente en el imaginario colectivo actual y que el tema es recurrente en la agenda de varios directores, aunque la utilización del perfil muchas veces sólo sea una herramienta para provocar mayor desagrado por determinados personajes.


La condena inmerecida. Sin dudas la mejor película sobre pedofilia del nuevo siglo viene siendo Capturing the Friedmans (Jarecki, 2003), un documental que muestra el desmoronamiento de una familia judía neoyorquina de clase media, provocado por la acusación al padre y a uno de los hermanos adolescentes por delitos de abuso sexual a niños. La película pone en cuestión, con sólidos argumentos, la fiabilidad de los procedimientos policiales y judiciales del caso, y muestra el injusto e implacable poder de la opinión pública. Si en definitiva no caben dudas de que el padre de familia era pedófilo –la policía había encontrado en su casa grandes cantidades de material pornográfico infantil- el documental aporta pruebas sustanciales de que las acusaciones que recayeron sobre él y su hijo eran infundadas, y queda la duda razonable de que su condena fuera merecida. No es lo mismo ser pedófilo que ser pederasta, y mientras el primero de los términos define la sola inclinación sexual, el segundo refiere a una conducta violenta, criminal y antisocial, y por consiguiente es muy importante saber establecer esa diferencia.


Capturing the Friedmans destapa, en definitiva, un sistema que se pretende imparcial pero que en determinadas situaciones es dominado por los prejuicios, y que la sola acusación a una persona por el delito de pederastia puede transformar a un sujeto en un culpable inmediato y, por tanto, en una bestia mortífera a erradicar.
Uno de los puntos más interesantes de la película se da cuando un entrevistado detalla los procedimientos correctos para interrogar a los menores presuntamente abusados. Explica que al entrevistarse a un niño, las preguntas deben ser del tipo “entonces qué pasó”, “qué recordás” o “y después”, y en cambio, los interrogatorios a los niños para el caso Friedman fueron del tipo “sabemos que te hizo tal y tal cosa”, “¿te tocó aquí?” o “¿te hizo lo otro, verdad?”. Ante preguntas orientadas y machacantes de este tipo, ante una presión familiar y policial, es probable que los niños acaben respondiendo que existió abuso cuando en realidad no lo hubo, sólo para sacarse a los inquisidores de encima y escapar lo más rápido posible a un traumático interrogatorio. Así lo relata uno de los menores, entrevistado para el documental años después, y cuyo falso testimonio significó 16 cargos de sodomía imputados a los Friedman.
Circunstancias muy parecidas son expuestas en el imponente documental De nens (2003) del fallecido director catalán Joaquim Jordá, centrado en un juicio por pederastia. En él se relata que varios niños pequeños fueron interpelados, separados de sus padres, en sesiones de hasta seis horas seguidas, revelándose una absoluta falta de consideración por los niños de parte de las autoridades competentes.
Si hay algo que demuestra De nens es que la realidad a veces puede ser mucho más sorprendente que la ficción, y de seguro muchísimo más dolorosa e injusta. El director instala sus cámaras en un juzgado, exponiendo la incompetencia absoluta de abogados y jueces durante el juicio a un pedófilo. Las pruebas son cuestionadas y refutadas una tras otra, y de verdad termina siendo muy dudoso que el acusado sea culpable de alguno de los cargos que se le imputa. Pero el juez no disimula en ningún momento su absoluta parcialidad, dándose el lujo de dormirse durante los testimonios, prepoteando abiertamente a los acusados y a la defensa. Al fin y al cabo, el presunto pederasta ya está condenado desde entes que empezara el juicio. Los medios masivos de comunicación, tan objetivos ellos, difunden el caso como el de una “red de pederastas”, cuando no pasa de ser el de un pedófilo onanista que fotografía niños. El documental no tarda en sugerir que el juicio fue orquestado para desarticular una asociación de vecinos que se resistía a la “limpieza” del barrio El Raval en Barcelona, y se oponía a las políticas del ayuntamiento. Un grupo de activistas que significaban un escollo a un plan, pergeñado por políticos y especuladores inmobiliarios, de transformar el barrio en un centro turístico atractivo, libre de gente pobre y menesterosa.
La idea funcionó de maravilla: nada podía ser mejor ni más efectivo para desarticular un enemigo molesto que acusar a uno de sus miembros de pederastia: los medios hacen el resto del trabajo y la histérica opinión pública los demoniza al instante; así la contienda queda ganada.

Disfunción y recaída. “¡Yo no puedo ayudarme a mí mismo! ¡No tengo control sobre eso, esa cosa maligna en mi interior!… ¡el fuego, las voces, la tormenta!” gritaba Peter Lorre en M (1931). El director Fritz Lang fue un adelantado para su época y exponía, en una de las primeras apariciones de un asesino serial de la historia del cine, una de las constantes psicológicas que pueden apreciarse en los casos de pederastia hasta el día de hoy, y es que a pesar de que los criminales son conscientes de lo que hacen, se muestran como seres profundamente disfuncionales, incapaces de ejercer control sobre sus propias vidas, como si fuesen movidos por una adicción irrefrenable. La incontinencia del pedófilo es un rasgo recurrente en el cine de los últimos años, especialmente en el de ficción. Así, en Felicidad (Solondz, 1998) un padre de familia confiesa a su hijo que no pudo resistir abordar sexualmente a sus amigos; uno de los protagonistas de Secretos íntimos (Field, 2006) no puede evitar masturbarse, en medio de una cita amorosa, por haber visto de lejos unos columpios; el protagonista de El hombre del bosque (Kassell, 2004) a pesar de haber cumplido una condena por abuso de menores, debe combatir permanentemente contra poderosas fuerzas interiores que lo arrastran a la reincidencia.
He aquí otra de las puntas más peliagudas del tema. El riesgo de la reincidencia del pederasta es muy alto, lo que vuelve a la patología de la paidofilia crónica una de las más difíciles de tratar, siendo incluso “incurable” en opinión de algunos psiquiatras[1]. De allí que se recomienden vigilancias y seguimientos a los pederastas luego de liberados, y que no falten los extremistas que exigen para ellos cadenas perpetuas o penas de muerte.
Es un tanto osado por parte de los cineastas buscar la empatía con personajes que son incapaces de empatizar con otros, y cuyo accionar es tan deplorable. Pero parte de la magia del cine está en lograr que el espectador pueda abandonar sus preconceptos por un tiempo y que pueda calzarse los zapatos del pedófilo, aunque sea para acercarse a su psicología y lograr vislumbrar que, al fin y al cabo, también ellos son humanos. Queramos creerlo o no, todos hemos autocensurado enérgicamente una faz de la libido que en ellos desborda. Saber empatizar con el prójimo es un proceso que no muchos han sabido cimentar; por supuesto, no los pederastas, pero tampoco los tantos que exigen su pronto exterminio.

Trato desigual. Otra vez en el terreno de la ficción, hay algunas películas que abordan específicamente el tema de la prostitución infantil. Los cuadros por lo general son presentados con distancia, gravedad y la seriedad que ameritan. Es un cine que denuncia y exhibe circunstancias invisibles al ojo común, que para buena parte del público serían desconocidas si no las vieran en pantalla. El paradigma es la mítica Taxi driver (Scorsese, 1976), donde Jodie Foster encarnaba a una prostituta de doce años, explotada a pocos dólares por un inescrupuloso proxeneta de los barrios bajos de Nueva York. En los últimos años, la mejor película de este tipo es la brasileña Anjos do sol (Lagemann, 2006) la historia de una niña de doce años que es vendida en una subasta de niñas vírgenes y obligada más adelante, en el prostíbulo de un pueblito situado en medio de la selva, a satisfacer indefinidamente los apetitos de una procesión de mineros.

Esta clase de películas deja entrever un aspecto muy cuestionable de la opinión pública: por un lado, se ve al pederasta como la bestia máxima, el criminal más aborrecible e intolerable, pero no tanto así al proxeneta que prostituye niños, las autoridades que permiten la existencia de centros clandestinos de explotación sexual infantil, o los usuarios de esos mismos prostíbulos. No es menos abusivo el sexo con un prepúber prostituido que con un niño cualquiera, pero la diferencia en la valoración social a un perpetrador y al otro es inmensa. Por un lado, se cree que el niño prostituido ya perdió la “inocencia” y que por tanto es peor el abuso a un niño de buen vivir, ajeno a las miserias mundanas. Por otro, el delincuente que paga por sexo con niños en un prostíbulo clandestino está amparado por una institución donde rigen reglas morales distintas a las del resto de la sociedad, y su accionar es visto con mayor tolerancia, aún desde fuera de esos recintos. Para la opinión pública es más sencillo proyectarse, identificarse en la familia vulnerada que en el niño desamparado y esclavizado; como en tantas otras cuestiones, las diferencias se establecen por la clase social a la que pertenece el damnificado. Partiendo de este punto, el pederasta acaudalado tendrá facilidades para saciar sus impulsos y mantenerse en una absoluta impunidad, mientras que los desenmascarados de las clases bajas pasarán directamente a matadero.

El cuerpo de cristo. Existen al menos dos recientes largometrajes documentales que se aproximan al fenómeno de la pederastia por parte de sacerdotes católicos: Twist of faith (Kirby Dick, 2004) y Líbranos del mal (Amy Berg, 2006), y un mediometraje documental de la BBC llamado Abusos sexuales y el Vaticano (2006)[2]. No debe existir peor publicidad para la iglesia católica que esta “trilogía” de documentales; los tres exponen testimonios a cámara de adultos que siendo niños fueron abusados sexualmente por curas, los tres se detienen en la complicidad y en el ocultamiento de los delitos por parte de diversas autoridades de la iglesia, encabezadas en su momento por el cardenal Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto), y los tres enfatizan la masiva impunidad de los abusadores y el trauma irreversible para sus víctimas.
“¡La iglesia nos traicionó a mí y a mi familia!” dice a cámara, llorando y a los gritos, un padre de familia que confiaba su hija a un sacerdote, que la violó sistemáticamente desde los cinco años hasta los doce, sin que la familia se diera cuenta. Y es que el documental Líbranos del mal se centra en el caso particular de Oliver O’ Grady, un cura irlandés radicado en Estados Unidos que violó a más de cien niños, incluida una bebé de nueve meses. Cuando O’ Grady era motivo de problemas en determinado condado, las autoridades eclesiásticas lo transferían a una nueva parroquia, donde fuera desconocido por la comunidad. El cura, luego de haber cumplido una condena de siete años en prisión, vive en Irlanda con una pensión vitalicia otorgada por la iglesia, probablemente en recompensa por no haber declarado contra sus superiores cuando la justicia tomó cartas en el asunto. Lo extraño es que O’Grady es un violador confeso, y sin ningún problema y absoluta naturalidad da extensas declaraciones sobre sus crímenes y su opinión al respecto.
Líbranos del mal es el más completo e interesante de estos documentales, y además abunda en declaraciones de especialistas que arrojan luz sobre el fenómeno de los curas pedófilos. Se explica que no existen bases en las escrituras sagradas para el celibato obligatorio, y que los primeros doce papas se casaron y tuvieron hijos. Pero cuando en ese entonces morían los sacerdotes casados, su herencia pasaba al hijo mayor, por lo que a partir del siglo IV los líderes de la iglesia institucional empezaron a ordenar el celibato, de forma que cuando un sacerdote muriera sus bienes pasasen al obispo o a la iglesia.
La impuesta castidad a los curas, su tradicional cercanía con las familias y su cuota de poder, explotada en función del abuso y de la exigencia de silencio, son elementos que sirven para comprender mejor la histórica ligazón de sacerdocio con pederastia. No es de extrañarse que la temprana anulación de las mujeres como objetos de deseo derive en la sustitución por otro objeto más puro, asexuado, angelical.


Los cineastas que profundizan en el tema deben lidiar con una complicada interrogante: ¿cómo mediatizar un tema tan áspero y pavoroso sin caer en el sensacionalismo y evitando contribuir a un infecundo histerismo colectivo? Para los casos citados la cuestión se ha resuelto evitando la espectacularidad y el detallismo criminalístico, y apuntando siempre al destape de nuevas dimensiones a considerar. Por otra parte, todo buen acercamiento a un perfil lo humaniza, y es un atributo que debería ser celebrado. Películas recientes como Nieblas de guerra (Morris, 2003), Las horas del día (Rosales, 2003), La caída (Hirschbiegel, 2004), Tropa de elite (Padilha, 2007), o Lust, caution (Lee, 2007) son poderosos vehículos para comprender mejor ciertas mentes criminales. Y debe ser dicho, ese comprender, no debe confundirse jamás con justificar o perdonar. Nada más alejado a eso.


[1] Así lo afirma la psiquiatra María Tomé del hospital Maudsley de Londres en su artículo «La imposible "cura" de un pederasta». Tomé, M. El Mundo, 18-12-2001.
[2]Líbranos del mal y Abusos sexuales y el Vaticano pueden verse en youtube (http://www.youtube.com/) basta con colocar en la barra de búsqueda cualquiera de los dos títulos.


Publicado en Brecha 20/6/2008

15 comentarios:

Gerardo.H dijo...

Muy bueno el post Faraway, elocuente y agudo al mismo tiempo. Muy completo se me antoja, aunque la verdad, no he visto todos los films y documentales que nombrás, sólo el de Ang Lee y Tropa de elite.
Ciertamente es un tema que no se debe tomar a la ligera…, y si decís que algunos cineastas prácticamente zanjaron la cuestión mediante films bien logrados bajo diferentes puntos de vista, sin duda hay verlos.
Saludos.

Manuel Márquez dijo...

Profunda, bien documentada y valiente tu aproximación, compa Diego, a un tema tan complicado como éste. Mis más sinceras felicitaciones, gracias por la aportación, y me apunto un buen puñado de pelis de las que ya tenía alguna referencia, pero que, sin duda, me resultarán de mucha utilidad para un mejor conocimiento del fenómeno (en especial, las documentales).

Un abrazo.

Josep dijo...

¡Uau! Eso es casi una tesina doctoral sobre el tema.
Enhorabuena, Faraway; estoy realmente impresionado.
Da gusto hallar comentarios de ese calibre de vez en cuando.

Por mi cercanía, no he visto el doc. De Nens, pero conozco bien la historia por haberla seguido en la prensa y otros medios y, desde luego, hace tiempo soy consciente que en muchas ocasiones la realidad supera a la ficción.

Para mí es una frase recurrente la de asegurar que, visto lo visto, si lo viéramos en pantalla, cualquiera diría que el guionista se ha fumado un petardo.

Un abrazo desde el primer día de un verano que promete ser muy caluroso.

Jesus dijo...

Hola Faraway:

Bueno, primero, te contaré que un en mi país hace un frío jodido.

El tema que tocas, sin lugar a dudas, es complejo. Y como bien apuntas, es contradictorio cuando uno escucha los argumentos de varias personas.

El día de ayer en mi clase de Teología un grupo de compañeras tocó el tema de PENA DE MUERTE. Y en nuestro país, Perú, esta ley sólo se limita a los que traicionan al país. Sin embargo, esta misma ley se ha querido aprobar para los que violen, y luego maten -necesariamente estas dos acciones- a menores de edad. Terminada la exposición vinieron los comentarios. Y escuché varias posturas, unas en contra, otras a favor. En fin. Lo curioso está en que el mismo grupo empezó dando una fuerte crítica a "estas personas", pero después quisieron ponerse en el lado de "estas mismas personas", justificándolos cuando la ley los inculpaba sin muchas pruebas. Pero de vez en cuando se les escapaban comentarios o palabras que justificaban al "criminal", según sus propias palabras.

Como sólo tenemos hora y media por clase, nuestra profesora, una hermana religiosa, no pudo dar su comentario, su apreciación. Y yo tampoco. En verdad quise comentar películas que tocan este tema. Pero creo que no podré hacerlo por dos cosas: la primera, no todos en mi salón gustan del cine. Y si les gusta sólo está vinculado con películas de amor fresa, sobre todo las japonesas. Y la segunda: no creo que introducir la ficción a una realidad tan golpeada como la nuestra, guste a la hermana, que es una lindísima anciana que está por las últimas.

Bueno, quise compartir este hecho contigo... Por lo demás, tu post resultó muy didáctico. Aún me faltan ver varias películas que mencionas. Espero hacerlo pronto.

Saludos...

Jesús Jara

Pecosa dijo...

Realmente es muy interesante y complejo todo lo que cuentas... Un tema que siempre nos ha rodeado, que existe en todos los países del mundo, difícil de erradicar...
Me sumo a los que toman nota de más de un título de los que nos has propuesto.

Un saludo.

faraway dijo...

Muchas gracias a todos, con lectores como ustedes vale la pena todo el esfuerzo. Josep, para tesis doctoral falta bastante, pero se agradece, de todos modos.

Jesús, qué curioso lo que nombrás de la traición al país. Eso suena bastante medieval, debo decirte.

Lo que decís de la "justificación": en internet está lleno de pedófilos que pretenden justificar, desde el anonimato, el sexo con niños, y sus argumentos son absolutamente demenciales.
Para mí no existe justificación posible (siempre que estemos hablando de niños pre-púberes, claro).
Llegados a la pubertad la cosa se complica un poco más, porque es más dificil establecer si existe abuso o no.

Me alegra que tomen nota de alguna peli. Especialmente recomendados quedan los documentales, que son los que más luz echan sobre el tema. Abrazo a todos!

Jesus dijo...

Así estamos, señor.

Felizmente no se ven estos casos en mí país.

Saludos, Jesus Jara.

anro dijo...

Despues de leer tu bien documentado y bien escrito post sobre ese terrible asunto social he repasado, muy de pasada dada la hora, todo tu blog. En hora más tranquila me detendré en algunos temas que, a vuela ojos, me han parecido interesantes.
Un saludo

Carmen Palmieri dijo...

Muchas gracias por los datos, pero más por la valentía para enfocar tan difícil tema. Creo que los pedófilos y pederastas están en todos lados, otra cosa es que no les dé la luz. Estos datos ayudarán a muchos para abordar el tema, para animarse a ver películas o documentales que aclaren un poco la penumbra en la que se ha mantenido este "gusto" tan terrible.
Saludos.

Fantomas dijo...

Un tema que lamentablemente es cada vez más común en la sociedad, o que quizás ahora se difunde más. Completísimo tu post.

Felicitaciones.
Saludos.

faraway dijo...

anro: al blog este hay que dosificarlo, o te podrías llevar una gran indigestión.

Carmen: qué bueno que pases por acá y dejes tu comentario. Sí es verdad que los pedófilos están por todos lados, pero tampoco vale la pena vivir paranoide al respecto. Basta con saber prevenirse y tener el conocimiento necesario.

Fantomas: El tema no es más común que antes. Ahora se ha mediatizado más, y por fortuna, se denuncia más frecuentemente. En ese sentido vamos bien.

Muchas gracias a los tres, un abrazo!

Gerardo.H dijo...

Tenés razón Faraway, el tema se ha mediatizado más, lo que no quiere decir que sea algo propio solamente de los tiempos que corren. De la misma manera, hay quienes afirman que las enfermedades mentales van a llegar al techo en este siglo XXI o que mueren y morirán más personas en catástrofes naturales; por supuesto ahora nos enteramos de todo (incluso nos llega mucha seudo información) y existen poblaciones que sucumben en desastres donde antes no las había. Los medios de comunicación por momentos casi nos convencen por completo de que las cosas están en todo sentido mil veces peor que en otros tiempos, pero no creo que tal cosa sea cierta.
Es verdad que ahora hay más gente en el globo y también, mucha paranoia. En todos los aspectos sociales coexisten diferentes manías de gente que se aferra a la caja boba e interpreta todo lo que de ahí sale como si se tratara de la mismísima palabra de Dios, acaso la última verdad. Y en rigor, de lo que numerosas personas se convencen sin razones aparentes, muchas veces es difícil persuadirlas de lo contrario por medio de la razón. Me parece que se debería predicar un poco de escepticismo y, sobre todo, más cordura. El buen tino no está de más…
¡Saludos!

faraway dijo...

Bueno, Gerardo, veo que concordamos en muchas cosas, pero debo hacer una pequeña acotación a tu comentario.
Hay algo que no deja de ser cierto y es que el mundo se ha ido literalmente a la mierda. Yo suelo decir, y no sin cierta ligereza, que el "apocalipsis es ahora", pero no lo digo en broma.
En nuestro mundo actual, en solo un año mueren en guerras étnicas, más personas que en la totalidad de la segunda guerra mundial. La miseria imperante en el globo no tiene precedentes, y encima nos azotan las catástrofes ecológicas.

Para colmo hoy lidiamos con la estupidez humana más desaforada de la historia. La de unos pocos imbéciles que están destruyendo, a sabiendas, a toda la humanidad.

Los medios se dedican a vender y difundir atrocidades pueblerinas, y a alimentar una paranoia muchas veces infundada. Pero a no dudar que vivimos el infierno. Que una minoría podamos escribir, ver películas y leernos en blogs no desmiente que todo ya se fue al carajo.

:)

(Río para no llorar, y brindo por ello. Un abrazo.)

Anónimo dijo...

Estaba buscando un dato y di con este post, me ha gustado muchísimo,interesante y documentado, felicitaciones.

Luis Velásquez dijo...

Para mi la mejor de todas las que he visto referente a este tema es FOR A LOST SOLDIER (Roeland Kerboch), empezando porque trata una historia de amor contada desde el niño cuando ya es grande a través de sus recuerdos. Hay mucho cine sobre este tema, pero esta película deja entrever la otra cara de la moneda, la que muy pocos cuentan, y en mi concepto la que más vale: el amor.