sábado, 28 de abril de 2012

"The Thing" a través del tiempo

El invasor versátil

El relato de ciencia ficción "¿Quíen hay ahí?" escrito en 1938 por John W. Campbell Jr. fue la inspiración originaria para tres películas: The thing from another world de 1951, dirigida por Christian Nyby (aunque no son pocos los que creen que fue filmada realmente por Howard Hawks), The thing de 1982, dirigida por John Carpenter, y una nueva precuela de esta última, The thing (2011) un ejemplo de la "nada" cinematográfica, tan solo una excusa para hablar de dos precedentes magistrales. 

Una ambientación hostil suele ser el entorno perfecto para una buena historia de suspenso y terror, y qué podría ser mejor que una base científica en la Antártida, a temperaturas bajo cero, en medio de un inmaculado desierto apartado en centenares de kilómetros de cualquier forma de vida humana. ¿Qué ocurriría entonces si un grupo de investigadores diera, en este entorno, con un ejemplar extraterrestre hostil que llevara a peligrar sus vidas y las del resto de la humanidad? ¿Cuáles serían sus reacciones? Las dos obras que aquí se destacan aventuran hipótesis y son clásicos de profusa creatividad, sobresalientes ejemplos de concepción y buen ritmo, inteligentes juegos imaginativos y, ante todo, filmes imprescindibles y entretenimientos de género mayores. 

1951. Reflexión y unidad. El cine de ciencia ficción supo ser en un tiempo mucho más que un muestrario de artificios, naves o monstruos intergalácticos multiformes. Solía construir sus relatos con bases científicas sólidas -haciendo justicia a una de esas dos palabras que definen al género-, y proponía ejercicios imaginativos profundos sobre la humanidad y su destino, relativizando lo que somos y cuestionando nuestra más asimilada percepción. Aquí se proponía nada menos que la idea de un organismo vegetal evolucionado hasta niveles impensables, que veía a los seres humanos con el apetito voraz con el que un famélico ve una nutrida huerta; la idea de dar con un extraterrestre muchísimo más inteligente que el ser humano y, por consiguiente, el temor, la posibilidad de que cualquier estrategia desenfundada para enfrentar al monstruo sería percibida por él con facilidad, con el desparpajo con el que un adulto podría apartar una trampa fabricada por niños. Se ponía de revés la idea del ser humano como cúspide de la evolución y el conocimiento, y se convertía a un grupo de valientes en vulnerable carnaza perfectamente aislada, confinada por el hielo. 
Es curiosa la cautela con que el equipo humano procede cuando se dispone a la extracción del alienígena del glaciar. Alguno de los implicados advierte sobre los riesgos de que el organismo pudiera tener enfermedades o virus que fuera nocivos o letales para el ser humano, algo que ni siquiera es pensado o sugerido en las dos películas filmadas décadas después. 
El terror era sobre todo alusivo, pero no se ahorraban los elementos truculentos: en determinado momento el monstruo se enfrentaba con 12 perros, uno de los cuales lograba arrancarle un brazo. El miembro seccionado era analizado por los humanos, pero cobraba vida propia sorbiendo la sangre de perro con la que se había manchado. Tremendamente agresivo, el extraterrestre despellejaba a la gente y la colgaba del techo boca abajo, sin razón aparente. Su sangre era verde luminiscente, y aquí puede establecerse un curioso vínculo con los humanoides cazadores de Depredador. 
Pero la grandeza de The thing from another world está sobre todo en el trazado de personajes y su interacción, en la naturalidad de las actuaciones, en un guión sólido y en un contagioso espíritu aventurero. Una de esas películas que ya no podrían existir, una obra en la que el grupo humano actúa en concordancia y armonía -con la única excepción del médico decidido a "defender" al hallazgo alienígena- y en la que la amenaza puede ser por fin destruida mediante el ingenio y la unificación de fuerzas. En ese entonces el cine de ciencia ficción todavía podía permitirse cierta fe en la humanidad.

1982. Dimensiones monstruosas. La película de John Carpenter en cambio ya está contaminada de todo el pesimismo y el derrotismo que caracteriza al cine de terror actual y, de hecho, el director la considera la primera parte de su "trilogía apocalíptica" continuada con El príncipe de las tinieblas y En la boca del miedo. Los personajes humanos son sórdidos, egoístas, y su repentina vulnerabilidad los mueve a reacciones sumamente desagradables. La historia retoma un elemento que no estaba presente en el precedente fílmico del 51 pero sí en la novela original: el ser extraterrestre tiene aquí la capacidad de contaminar y "emular" a cualquier ser humano, de modo que, en determinado momento, cualquier integrante del equipo podría ser un extraterrestre encubierto. Esta idea implantaba el germen de la desconfianza en el grupo -y en el espectador-, ya que el mal no sólo era externo, sino que se encontraba al interior, compartiendo con los personajes un espacio común. El monstruo, dando pasmosas muestras de su superioridad, se las ingeniaba para sembrar la cizaña entre los humanos, incriminando a inocentes, despertando desconfianzas entrecruzadas. Carpenter logró en parte un estimulante whodonit, aquella variedad de novela policíaca en la que se sabe de antemano que uno o varios de los personajes del cuadro es el asesino, y que lleva a los lectores a arriesgar candidatos. Pero en este caso particular, el serial killer no descansa ni un minuto en dejar cadáveres a su paso, potenciando la paranoia y que la gélida atmósfera se torne en algo denso, asfixiante. El grado de locura, de paranoia, llega a un nivel extremo cuando los mismos personajes comienzan a dudar si ellos mismos están contaminados, cuando se vuelve central la inquietante pregunta: ¿Si el extraterrestre me hubiera poseído, sería capaz de darme cuenta? Una película de género se permite coquetear alegremente con temáticas tan profundas como la esencia del ser y el libre albedrío. 
Otro punto fuerte de la película son las brillantes y monstruosas creaciones de Rob Bottin, diseñador de maquillaje y efectos especiales que supo colaborar con David Cronenberg, Joe Dante, Terry Gilliam y David Fincher, y que logra escenas surreales y perturbadoras, de una belleza malsana, sórdida -la transformación de los perros en una masa viscosa, o el momento en el que a una cabeza seccionada le crecen patas de araña y se escabulle por entre las salas-. The thing es una de las grandes películas filmadas en los años ochenta y una obra que, a treinta años de su estreno, mantiene intacto su poder de seducción.

2011. Todo tiempo pasado fue mejor. La película de Carpenter fue una remake que reinventaba una anécdota inicial, que plasmaba inquietudes y que aportaba una nueva dimensión audiovisual a la historia. Esta película no es propiamente una remake, aunque en los hechos da lo mismo. Se trata de una precuela de la película de 1982, ya que relata los hechos que habrían precedido a la acción presentada en el filme de Carpenter. El director holandés Matthijs van Heijningen Jr. se dedica aquí a algo lamentable: mostrar todos los espacios de sombra, atar todos los cabos abiertos que quedaban, poner las piezas faltantes a un rompecabezas que nunca fue pensado para completarse. En aquella película el extraterrestre ya había acabado con una expedición entera de noruegos, y los personajes daban con los restos del campo de batalla: allí había cadáveres deformados, un hacha ensangrentada; uno podía hacerse una idea de la masacre precedente, pero la gracia estaba en que esos sucesos quedaban a disposición del espectador, para que los completara como qusiera. Por ejemplo: se mostraba un gran hueco en el hielo, y en otro lugar un témpano destruido. Como un niño que logró asociar dos imágenes, el director expone qué es lo que había dentro del hielo, cómo salió, en qué se fue transformando. Ya no hay lugar para el misterio. Tampoco hay personajes, si bien una vez más impera la desconfianza entre los miembros del equipo, no se explota el whodunit como en la anterior película, se utilizan los mismos giros de guión pero sin sorprender ni descolocar; tampoco hay creatividad volcada al diseño de monstruos y se hecha mano a recursos manidos para causar miedo o impresión: el que tenga un mínimo de experiencia en películas de terror sabrá siempre en cuál escena y desde qué dirección aparecerá el monstruo para dar un sobresalto.
Una vez más. No se deje llevar por refritos fraudulentos, es preferible recurrir directamente a los originales; por algo sobreviven en el tiempo.

Publicado en Brecha el 27/4/2012

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Una pregunta: En las peliculas anteriores a la de 2011 se dice que el alien está en ese témpano desde hace 100.000 años Quisiera saber sobre todo en la de 1951. gracias.

Diego Faraone dijo...

Hola! Te cuento que en The thing from another world, del 51 el aparato volador está recién estrellado, y por tanto el monstruo en el témpano está ahí desde hace muy poco. Se supone que la nave fundió el hielo pero se volvió a congelar después, y que el monstruo quedó congelado cuando intentaba huir. En la versión de Carpenter si mal no recuerdo no hay mucha explicación al respecto, acordáte que es una segunda expedición que se encuentra con restos y muy pocas explicaciones...
Gracias por comentar, saludos!

Diego Faraone dijo...

Me corrijo, en la de Carpenter el bicho está hace aproximadamente 100.000 años. Lo dicen en determinado momento.