miércoles, 18 de julio de 2012

Avatar: La leyenda de Korra (Avatar: The legend of Korra, 2012)

El dominio del espectáculo
 
El universo presentado en la imponente serie animada Avatar: El último maestro aire –a no confundirla con la película de James Cameron, totalmente ajena, ni con el atentado cinematográfico perpetrado por M. Night Shyamalan- merecía una continuación. Y esta nueva Avatar: La leyenda de Korra, también emitida por Nickelodeon, no sólo está al nivel de su precedente, sino que vista la calidad de su primera temporada (12 capítulos hasta el día de hoy) podría llegar a superarlo. En este bellísimo universo coexisten especies animales combinadas, (gatos-buho, ovejas-koala, halcones-dragón) y algunos humanos que nacen con la habilidad de dominar los elementos (agua, tierra, fuego y aire) y de desarrollar sus poderes hasta niveles exorbitantes. El “Avatar” es el único ser capaz de dominar los cuatro elementos al mismo tiempo, el elegido para traer la paz al mundo y evitar los abusos entre naciones. Han pasado setenta años desde los hechos ocurridos en la serie original, Aang, el antiguo avatar y sus amigos han muerto –con la única excepción de Katara, hoy una anciana-, y Korra, la nueva elegida, es una adolescente de 17 años. 
Ya puede notarse que la estructura presentada en la anterior serie no va a repetirse, Korra ya domina tres de los cuatro elementos, y por tanto es lógico que el conflicto crucial se haya desatado desde un comienzo, ya que no hay que seguir el grueso de su entrenamiento. En Ciudad República, (inspirada en la Shanghai de los años veinte y treinta, Hong-Kong, Manhattan y Vancouver) donde se desarrolla la acción, coexisten mafias criminales -una versión muy interesante del hampa, con maestros que utilizan sus habilidades para sembrar el horror en las calles-, un cuerpo de policía de elite conformado por maestros-metal –maestros-tierra que desarrollaron sus capacidades al punto de poder dominar también los componentes intrínsecos a los metales y moverlos a su antojo- y una temible secta revolucionaria de “igualistas”, algo así como una logia de humanos carentes de poderes que quieren acabar con el dominio de los maestros. Acción, humor, drama, suspenso, algo de política, psicología y hasta puntas de romance se entremezclan con agilidad y desenfado, conformando una serie adictiva y única en su especie. 
Otro de los puntos de interés es la existencia de un deporte muy peculiar y con reglas propias –como el quidditch de Harry Potter o el rollerball de la película homónima- en el cual dos equipos con tres maestros cada uno (fuego, tierra y agua respectivamente) se atacan impiadosamente con el objetivo de hacerse caer desde una plataforma hexagonal, llegando a sorprendentes picos de tensión. Para comenzar a ver esta segunda parte de Avatar no es necesario haber visto la primera, pero al que no lo haya hecho no le vendría mal hacerlo, no sólo porque es maravillosa y disfrutable para todos los rangos etarios, sino porque así entendería mejor una infinidad de detalles que enriquecen a esta nueva y espectacular continuación.

Publicada en Roumovie el 4/7/2012

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