jueves, 31 de octubre de 2013

¿Quién le teme a las Pussy Riot?

El motín inquebrantable 

Punk es la palabra que mejor podría definir a las Pussy Riot. Pero no solamente por la clase de música que interpretan sino más bien por sus modos, su accionar, su actitud frente a la vida. El sobrecogedor documental de la HBO Pussy Riot: a punk prayer, es demostrativo en este sentido. 
Las Riot se dieron a conocer mundialmente por la detención y encarcelamiento de tres de sus miembros, luego de haberse lanzado a interpretar una canción de protesta contra el gobierno de Vladimir Putin, en el altar mismo de la Catedral de Cristo Salvador, uno de los mayores símbolos de la iglesia cristiana ortodoxa. Fueron condenadas a dos años de prisión, con los cargos de vandalismo y odio religioso. Las tres apelaron y una de ellas logró salir en libertad luego de cumplir seis meses de condena. 
Las tres procesadas no son precisamente unas muchachitas inmaduras o necias. Una de ellas es programadora de computación y fotógrafa, y las otras dos, más jóvenes, estudiantes avanzadas de periodismo y filosofía respectivamente. Sus palabras son implacables, sus lenguas afiladas como navajas. Será por esta razón que en el mediático juicio -en el cual se las colocó en una jaula de vidrio- se les dejó hablar lo mínimo indispensable, y la jueza hacía lo imposible con tal de interrumpirlas o silenciarlas, aduciendo que sus palabras estaban fuera de lugar. Inquebrantables, las Riot se expidieron ante el tribunal como pudieron. Maria Alyokhina dijo: "Para mí, este "llamado juicio" no tiene status alguno. Y no les tengo miedo. No le tengo miedo a las mentiras ni a la ficción, al fraude encubierto en la sentencia de este "llamado tribunal". Porque sólo pueden quitarme esa "llamada libertad"; justo la clase de libertad que existe hoy en Rusia. Pero nadie podrá llevarse mi libertad interior." 
La banda forma parte de un colectivo artístico político llamado Voina (Guerra), que desde hace años se dedica a arrojadas performances callejeras. En un insólito video puede verse a dos de las Riot junto a otras artistas, "robando" besos a mujeres policía en las calles de Moscú, siendo luego golpeadas e insultadas por ellas. En otro, puede verse a Nadezhka Tolokónnikova, la más joven del grupo, embarazada, teniendo relaciones sexuales en el museo de Biología junto a otras parejas, en protesta por la elección de 2008 del presidente Dmitri Medvédev. Esta performance se denominó "el nacimiento de un osezno" en referencia al apellido del mandatario (medvédev significa oso).
Lo cierto es que su estilo chocó muy fuerte con el corazón ortodoxo profundo de la Rusia conservadora. Ellas se autoproclaman feministas y militantes por la diversidad sexual, y son tan sólo una de las millares de expresiones de descontento en el país, denunciantes de las injusticias y de los estrechos vínculos entre la iglesia y el Kremlin, en un estado que se autodefine como laico. Putin se expidió acerca de las condenas, declarando que el tribunal "estuvo en lo correcto a la hora de tomar la decisión porque no se puede minar la moral y los valores para destrozar el país". Él mismo afirma a diestra y siniestra que la iglesia es "un aliado natural del poder político", que “en los momentos más críticos de nuestra historia, nuestro pueblo ha vuelto a sus raíces, a la religión cristiana y a los valores espirituales” y que la iglesia ha llenado "el vacío moral" imperante en la sociedad. La iglesia ortodoxa, también llamada "el patriarcado de Moscú" se jacta de que este año se han construido mil iglesias nuevas en Rusia, y hoy el parlamento considera endurecer los castigos por ofender los sentimientos religiosos. 
El apoyo masivo internacional a las Riot es estremecedor; sin embargo, al interior de Rusia la antipatía hacia el grupo parecería algo bastante generalizado. Una encuesta de opinión llevada a cabo por el centro independiente "Levada" señala que un 35 por ciento de los rusos cree que las condenas de dos años fueron apropiadas, un 34 por ciento que fueron poco severas y sólo un 14 que fueron excesivas. El mes pasado, Tolokónnikova, que fue reconocida como "mujer del año" por el diario Francés Le Figaro denunció en una carta las condiciones de vida en la prisión de la República de Mordovia, ubicada a 600 kilómetros de Moscú. Allí relata que ella y otras internas eran obligadas a trabajar en un taller de costura hasta 17 horas por día, "con cuatro horas para dormir y sólo un día libre en mes y medio", y con palizas "a veces hasta la muerte". Varias organizaciones de derechos humanos vienen denunciando que los viejos gulags (campos de trabajos forzados), se encuentran hoy en mayor auge aún que en la época estalinista. Imposibilitada de hablar con su abogado o con su marido, inició una huelga de hambre que duró varios días, hasta que logró ser transferida a otra prisión. Tolokonnikova, quizá la más brillante de las Riot, había dicho durante su mismo juicio: "La verdad triunfa sobre el engaño. Somos más libres que quienes nos enjuician, porque podemos decir lo que queramos. La gente entiende que un sistema que ataca a tres mujeres jóvenes que tocaron durante 30 segundos en la Iglesia de Cristo el Salvador es un sistema que teme a la verdad y la sinceridad que ellas representan". Más cuando se trata de un gobierno que abraza valores ancestrales, que persigue y castiga a los militantes por los derechos humanos y que promueve la discriminación, llegando al punto de que el acoso y la tortura a homosexuales se haya vuelto poco menos que un deporte nacional. 

Publicado en Brecha el 25/10/2013

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