domingo, 8 de septiembre de 2013

Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993)

Volver al parque 


El buen cine no envejece. Ya pasaron veinte años desde el estreno de Jurassic Park y en su reestreno hoy, la película transmite la misma libertad, la creatividad, el empuje que la caracterizó en su momento. La superproducción de Spielberg de 63 millones de dólares (ajustados a la inflación, hoy serían 102) supo impactar a varias generaciones y regaló secuencias que nunca podrían quitarse de las retinas, y es llamativo que hoy ningún elemento de su laboriosa concepción pareciera haber envejecido. Si bien conviene señalar defectos que en su momento tuvo y que hoy sigue teniendo, también corresponde resaltar sus importantes aciertos. 
En las reseñas y análisis cinematográficos suele evitar escribirse sobre los efectos visuales, pero para este caso particular, no explayarse en este punto sería una grave omisión. Spielberg tanteó en su momento las diferentes técnicas de animación para dar con la forma más adecuada para emular lo que sería un dinosaurio real, y así fue que exploró las diversas formas de títeres y marionetas, la stop-motion -animación cuadro por cuadro, a menudo concebida con muñecos de plastiscina- los animatronics -animación generada mediante trajes especiales con sensores que permiten reproducir por computadora el movimiento de un ser vivo tal cual es- y la animación CGI generada por computadora. La conclusión a la que se llegó es que las técnicas eran todas útiles y que a todas podia echarse mano, e incluso aventurar una combinación de varias de ellas. 
Durante los preparativos, el veterano animador Phil Tippett se pasó diseñando modelos de dinosaurios en stop-motion, pero se sintió sumamante decepcionado al ver que finalmente ninguna de sus criaturas sería usada en el filme. Había investigado el movimiento de los animales y volcado pacientemente los conocimientos adquiridos en sus modelos. Pero ellos no se veían como algo convincente a la hora de filmarlos directamente, por lo cual se decidió utilizar esta experiencia para crear varias armazones articuladas -una por cada dinosaurio- y manipularlas como si fuesen figuras de stop-motion. Estas armazones habían sido previamente construidas con sensores de movimiento, de modo que la animación reproducida en la computadora obedecía a los movimientos que se le daban a esa armazón. El resultado fue excepcional; los dinosaurios fueron dotados de la inmediatez del stop-motion, del realismo de la animación captada mediante animatronics y de la fluidez del CGI. Esta combinación despertaría en los espectadores sensaciones únicas: la vivencia imposible de ser perseguido en auto por un tiranosaurio rex, o de ser acechado por velociraptors a lo largo de una gran cocina. 
A nivel argumental, se veía en su momento como algo novedoso la idea de clonar un ser vivo a partir de una partícula de su ADN. Aunque la idea de que un mosquito pudiese conservarse fosilizado durante millones de años con sangre de dinosaurio en su interior, y que esa sangre se mantuviera inalterada en su composición química puede sonar un tanto increíble. Pero de todos modos la idea acercaba a la película al terreno de la ciencia ficción, dotándola de un sustento firme al punto de que hoy, pasadas dos décadas, no suene a llano delirio. Es decir, en un mundo actual en que un dentista millonario pretende clonar a John Lennon a partir de uno de sus dientes, la idea de clonar un dinosaurio no parecería hoy algo tan disparatado. 
Los velociraptors, verdaderas estrellas del film, en el período cretácico no sobrepasaban el tamaño de un pavo, por lo que quizá llegarían a la cintura de un hombre. Pero se optó aquí por quintuplicarlos en su tamaño, creando así imponentes amenazas. Aún inventando varias de las características de los dinosaurios -los dilofosaurios por ejemplo no escupían fluidos venenosos- la película dosifica información sobre sus formas de atacar, sobre su percepción, que más adelante son explotadas en plena acción. Una forma de hacer que el espectador asimile datos y pueda pensarlos después, aplicándolos a lo que es visto en pantalla. En este sentido, Jurassic Park se diferencia de la mayoría de las películas de acción, mucho más superficiales y carentes de una lógica interna sólida. 
Quizá el punto más flojo de la película, -así como el de la mayoría de las de Spielberg- es el trazado de personajes, más bien estereotipados y carentes de psicología. El que está mejor es Jeff Goldblum interpretando a un matemático nihilista, un antipático defensor de la teoría del caos que se carga a la antropóloga (Laura Dern) y que finalmente parecería tener la razón en cada uno de sus dichos. En cambio el peor delineado es sin dudas el traicionero villano interpretado por Wayne Knight, gordo y desagradable, ambicioso, holgazán y negligente, un personaje al que le tocó encarnar el "factor humano" (o todo lo malo del ser humano) que desencadenaría la debacle. Pero quizá en un entretenimiento de aventuras no corresponde poner demasiado énfasis en este aspecto. 
Si la narrativa es ágil e interesante -a pesar de la enorme cantidad de diálogos y discusiones éticas- la puesta en escena es directamente grandiosa y todo se orquesta notablemente para construir suspenso. La inmersiva llegada del helicóptero a la isla, con la inconfundible música de John Williams es un soplo de aire fresco que retrotrae a un cine de aventuras clásico, lineal, desentendido de ataduras creativas y de giros de guión constantes. 
La infantil y fascinada mirada de Spielberg respecto a la evolución de la tecnología aplicada a la ciencia se ve reflejada en el encanto de los niños y los científicos al descubrir una realidad nueva. Pero la sucesión de acontecimientos, la catástrofe que se impone, es una forma de afirmar que esta no puede quedar a merced de los caprichos de unos pocos. En su perfecta necedad, el hombre puede ocasionar incluso su propia destrucción.

Publicado en Brecha el 6/9/2013

2 comentarios:

Maximiliano Bautista dijo...

Diego, gracias por tu reseña, muy disfrutable como siempre.
Esta vez te escribo para hacerte una pregunta: ¿fuiste a verla en 3D o trajiste a colación esta reseña dado su reestreno?
Si fuiste a verla, ¿el efecto 3D es beneficioso en algún sentido?
Te pregunto esto porque quiero ir a verla sin desencantarme y me gustaría escuchar algún comentario al respecto.
¡Gracias nuevamente!

Diego Faraone dijo...

Hola Maximiliano, gracias por tus palabras. Fui a verla en 3D y lamento decirte pero yo no soy muy bueno juzgando el 3D en las películas, porque realmente a mí nunca me aporta beneficios. Por el contrario, en las salas de Montevideo a mí sólo me genera perjuicios: la pantalla se oscurece mucho, la visión se me cansa más. Soy uno de esos detractores del 3D, al menos en las condiciones que nosotros lo vemos.
En beneficio de la película puedo decirte que a los cinco minutos ya estaba olvidado de que el asunto era en 3D, así que si andás con ganas de verla, te diría que vayas sin dudarlo.
Va un abrazo!