viernes, 31 de agosto de 2012

El estudiante (Santiago Mitre, 2011)

Un camino empedrado de intenciones ambiguas


Roque (Esteban Lamothe) es oriundo de un pueblo del interior de la provincia de Buenos Aires, y tiene un problema vocacional. Ya probó suerte en tres facultades distintas, sin éxito, y ahora con treinta y pico de años se propone cursar ciencias sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Más por interés en una dirigente (Romina Paula) que por convicción ideológica, comienza a militar en una agrupación gremial (la ficticia Brecha) y va apartandose paulatinamente de los estudios para sumergirse en la actividad política universitaria. Y es que Roque tiene ciertos atributos que son especialmente valorados en estos ámbitos: velocidad para pensar y actuar pragmáticamente, así como para integrarse a grupos cerrados y de acceso privilegiado; una gran capacidad para tratar con la gente y convencerla, ausencia de temor al enfrentamiento, desenvoltura y precisión a la hora de expresarse. En definitiva: es un tipo sorprendentemente eficaz y carismático que logra moverse como pez en el agua dentro de este universo político-electoral sucio, viciado de pintadas, consignas, volantes y discursos vacíos. El deteriorado edificio de la Facultad de Ciencias sociales es un personaje más, símbolo de decadencia y proclamas intercambiables.
No es menor que la película se llame El estudiante cuando ocurre que el protagonista deja de serlo al poco tiempo de comenzar a militar en los gremios. Una primera ironía que nos da cuentas de a dónde apunta el filme, dónde se encuentran sus principales y universales postulados: la afirmación de que a la hora de comenzar una carrera política es mucho más importante la capacidad práctica que la formación ideológica, y el enfoque en la propiedad adictiva del trabajo político, en su inercia absorbente que lleva a abandonar otras tareas (como el estudio) que se antojan entonces como menos importantes. 
En esta película se reúnen tres de los talentos más relevantes del cine argentino actual: los aquí productores Mariano Llinás (director de Balnearios e Historias extraordinarias) y Pablo Trapero (director de Mundo grúa, Carancho, Elefante Blanco, entre otras) respaldan a Santiago Mitre, que se desarrolló sobre todo en la redacción de guiones (Leonera, Carancho) y que tan sólo había filmado un largometraje en co-autoría (El amor - primera parte). El nóvel cineasta utiliza prodigiosamente una batería de recursos para lograr una idea de realismo y de construcción documental -los planos cerrrados e inmersivos, los logrados travellings al interior de la Facultad, en pleno funcionamiento y sin extras- y concibe una película que, desde una anécdota terrenal y casi reconocible, dispara en todas direcciones ideas en torno al ser humano, su interacción, su ambición por el poder. Es digno de estudio el uso específico de las elipsis -la omisión de elementos-, la sinécdoque -la expresión del todo por la parte; digamos “el político” a partir de nuestro protagonista, la de la política nacional a partir de la política universitaria-. Roque es un buen ejemplo de personaje Bressoniano, un inescrutable protagonista al que seguimos en su deambular, en su accionar, en sus triunfos y en sus conquistas, pero del que sólo podremos intuir lo que piensa. Un recipiente vacío en el que podemos volcar conjeturas basadas en experiencias propias, un individuo que se puede pensar igualmente como un trotamundos ingenuo o como un manipulador sagaz, como un soñador idealista o como un escalador corruptible. 


Y aún siendo una película sustentada en la sugerencia, goza de un ritmo notable. Los clímax basados en enfrentamientos, traiciones e imprevistos se dosifican y se intercalan con distensiones en las que tienen lugar conversaciones casuales, los affairs del protagonista, un par de triángulos amorosos. Estos elementos se relacionan directamente con los otros, con los hechos de corte político, dando pie a especulaciones sobre el accionar de los personajes. El estudiante es como un dinámico juego de ajedrez del cual se puede analizar cada movida, sus motivaciones y ramificaciones.
Se vuelven tan arriesgadas como fácilmente refutables las lecturas que afirman que la película es “anti-política”, “anti-izquierdista”, “anti-peronista” o lo que fuere; quizá por ser una obra mucho más interesada en formular incógnitas que en imponer postulados, quizá porque la ambigüedad es su sustento principal. El final, en el cual se pasa a créditos tras un “no” determinante y resignificador por parte del protagonista, ha sido interpretado por una buena cantidad de críticos y analistas con simpleza, queriendo ver en el monosílabo un rechazo a las viejas formas de hacer política y a la corrupción, como un cambio de senda motivado por una decisión moral. Pero no hay elementos en la película que nos lleven a pensar únicamente en esto y, por ejemplo, ese “no” podría ser el comienzo de una renegociación, tan solo una muestra de la inversión en la relación de poder entre los dialogantes; o que el protagonista lo planteara como algo transitorio, una negativa que podría transformarse en un “si” quizá dentro de unos meses.
Tal es la riqueza conceptual de este filme. Por tener un guión redondo y sin fisuras, por ser estimulante en su imagen y en su forma, por suscitar ríos de tinta variados y contradictorios, El estudiante es una obra mayor, seguramente la mejor película argentina concebida en mucho tiempo.

Publicado en Brecha el 31/8/2011

7 comentarios:

Anónimo dijo...

"-los planos cerrrados e inmersivos, los logrados travellings al interior de la Facultad, en pleno funcionamiento y sin extras-"

Error, la película se hizo con las facultades cerradas y con extras. No se les pagó a los extras y se consiguieron las facultades
de onda, que es otra cosa.

Si esta es una de las mejores películas argentinas de los últimos años tenía razón el director de Cannes.


Diego Faraone dijo...

Anónimo, bien señalado el error, fue una confusión mía. Son sólo algunas tomas en las que no se usaron extras y no precisamente los planos-secuencia al interior de la facultad. Ya se corrige eso.

Gracias por la atención! :)

Diego Faraone dijo...

Hay otro grave error en la nota, si lo descubrís te ganás un chocolatín...

babel dijo...

Diego, por estos lares ni rastro de esta peli. Pero la buscaré, con las referencias que das, como para perdérsela!

Gracias por tu recomendación, saludos!

elJotapé dijo...

GRAN reseña de una muy GRAN película. me sorprendió que la catalogues como la "mejor película argentina concebida en mucho tiempo" cuando se nota que sos "llinasiano" y viste historias extraordinarias.
Es una muy muy buena película, pero creo que por "epicidad" historias extraordinarias se lleva mis laureles.
Hace ya muuuuuucho tiempo te recomendé "lo que mas quiero" y no sé si pudiste verla o no, también es hartamente recomendable (para mi es incluso mejor a "el estudainte" (formando así mi tríada de cine argentino) y también trabaja el GRAN lamothe ,a quien tuve la suerte de verlo (junto a la hermosa r. paula en teatro y ambos se lucen).

saludos!

Anónimo dijo...

Le agradezco Faraone su comentario sobre esta película. Yo estudié medicina en la Universidad de Buenos Aires y no la quería ver. Pero mi cuñado me la recomendó y leyendo su comentario me decidí a verla y francamente coincido con lo que usted escribió. Esto los que fuimos a la universidad pública lo hemos vivido todos está muy bien contado lo que pasa.
Muchas personas no tenemos tiempo para elegir qué ver en el poco tiempo que tenemos libre, por eso le digo que es muy importante contar con una página de referencia como la suya.
Albert

Diego Faraone dijo...

El Jotapé, perdón por la demora en contestar. Gracias por el elogio! Me apunto "Lo que más quiero", y me pongo ya en su búsqueda. Te agradezco el comentario y te mando un gran abrazo.

Albert! Me alegra mucho que te haya movido a verla. Es verdad, una de las claves de la verosimilitud de El estudiante es que son muy reconocibles y realistas los "vicios" gremiales, las actitudes y las formas de hablar y actuar de muchos bichos pre-políticos.
Gracias a tí también por el comentario y tus palabras. Saludos!