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martes, 22 de febrero de 2022

Festival Internacional de Cine de Rotterdam

Otro rugido 



Todos ubican al león de la Metro y sus rugidos descomunales, pero solo los cinéfilos más empedernidos sabrán reconocer al más discreto y silencioso tigre del festival de Rotterdam, que desde hace décadas acompaña el cine más radical y arriesgado del planeta. Un recorrido por algunos títulos de su selección oficial da una perspectiva de un cine diferente y particularmente valioso. 

Cuando en la pantalla aparece un símbolo de un tigre sobre un fondo negro, acompañado de las palabras Tiger Competition, significa que la película que está a punto de comenzar fue seleccionada para la competencia oficial de uno de los más prestigiosos festivales de Europa, y que muy probablemente sea una obra de calidad, sustancialmente atípica y singularmente alejada del cine comercial. El Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR, por sus siglas en inglés) así lo proclama, y desde su inauguración, en 1972, ha puesto su foco en el cine independiente y experimental, con énfasis en la exhibición de talentos nuevos y emergentes. 

El tigre es entonces una marca de calidad, pero a su vez una suerte de «alerta» para los espectadores que quizá pensaban en ver una película ligera, pasatista o de mero entretenimiento: la selección oficial de Rotterdam presenta propuestas que muy a menudo son diferentes, o lentas, o poéticas, o enigmáticas, o herméticas, o quintaesenciales, o extradiegéticas, o todo esto al mismo tiempo. 


Asimismo, cuando en la pantalla aparece el tigre, pero acompañado además de las palabras Hubert Bals Fund (HBF), quiere decir que la película se valió de una financiación del festival y recibió apoyos específicos para sus etapas de realización. Estos títulos suelen provenir de países con escasas posibilidades de producir sus propias películas. El HBF está destinado, según señala su sitio web, «a cineastas de África, Asia, América Latina, Oriente Medio y partes de Europa del Este», es decir, a las zonas pobres del mundo y, en muchos casos, con dificultades no solo económicas, sino también con la libertad de expresión coartada debido a coyunturas políticas adversas. Han ganado este fondo cineastas tan disímiles como Lucrecia Martel, Cristian Mungiu, Carlos Reygadas, Apichatpong Weerasethakul, Ciro Guerra y Albertina Carri. Uruguay es un histórico favorito de Rotterdam, y 25 Watts, Whisky, La Perrera, Gigante, La vida útil, Solo, Tanta Agua y Chico ventana también quisiera tener un submarino contaron con este apoyo. 

Este cronista ofició esta última semana como jurado Fipresci (Federación Internacional de Prensa Cinematográfica) en el IFFR, un mérito que lo condujo desde el más encendido entusiasmo a una funesta decepción al saber que el festival, por razones sanitarias, debería cambiar su modalidad presencial a una virtual y remota. Así, un viaje a Holanda con caminatas por la orilla del río Nuevo Mosa, la visita a las casas cúbicas de Kijk-Kubus, la torre Euromast y otros tantos sitios –que la imaginación no sabría invocar eficientemente– jamás podría tener parangón con la experiencia de ver 14 películas en el correr de una semana en la pantalla de una laptop en una Montevideo calcinante. 

Pero el consuelo está en el cine descubierto, aunque sea desde la distancia; la Tiger Competition ofreció títulos de variada procedencia, destacables por numerosas razones. Uno de los más divertidos y bizarros de la selección fue la israelí Kafka for Kids, una propuesta insólita que comienza como un programa televisivo infantil, en el que varios conductores, rodeados de seres extraños, objetos parlantes y un set con músicos disfrazados y colores chillones, ofrecen un recorrido por la obra de Kafka y, en particular, por La metamorfosis, ilustrándolo con animaciones y un pormenorizado y simpático análisis de la obra. El programa es tan incómodo como disparatado, pero durante su tramo final, la «transmisión» cambia completamente su rumbo, ofreciendo otro programa, en el que se plantea una denuncia aguda e inesperada respecto a las condenas en Israel a menores de edad palestinos. Así, la noción de minoridad es contrapuesta a aquel programa infantil imposible, pero quizá no tan delirante como la misma realidad. 


Otro punto alto de la selección fue la australiana The Plains, de David Easteal, un relato que transcurre casi íntegramente dentro de un auto, con la cámara fija en el asiento trasero y apuntando hacia el parabrisas, el conductor y su acompañante, y hacia el recorrido que va dibujándose hacia adelante. Durante varios días, se sigue al protagonista en su camino del trabajo a su casa; solo o con un compañero de trabajo, asistimos a sus charlas cotidianas –a veces por celular, con su esposa o quien fuere– y, paulatinamente, vamos asimilando los pormenores de su vida. El clima es totalmente envolvente y ameno, casi como un viaje en auto real, y lo cierto es que las tres horas de metraje se pasan volando. Desde el punto de vista cinematográfico, la ambientación es brillante: la sensación de realismo es absoluta y el trabajo sonoro reproduce fielmente una atmósfera de sonidos externos apagados, como si el espectador viajase al interior de una cabina o de una burbuja alienante. La historia misma remite a una vida que se desvanece, a una existencia narcotizada por la tecnología, a vidas miserables cooptadas por jornadas laborales, a un tiempo libre consumido febrilmente y sin contacto real con las personas que de verdad importan. 



Al parecer de este cronista, EAMI, de la paraguaya Paz Encina, ganadora del premio Tigre, fue una de las peores películas de la selección. Se trata de una aproximación morosa y contemplativa, enfocada en el desplazamiento de los ayoreo totobiegosode, tribu indígena que habita las regiones paraguayas del Gran Chaco. La fotografía es magnífica, pero la aproximación poética –provista de una machacante y sentenciosa voz en off– reproduce ese lugar común de indígenas depositarios de un saber infinito y ancestral, de vidas en perfecta armonía con la naturaleza, de pureza absoluta. Werner Herzog o Lucrecia Martel podrían haber tomado la misma temática y generado un relato más honesto y humano, con seres de carne y hueso, con los cuales fuera posible empatizar e identificarse. En definitiva, títulos como este no parecerían estar haciéndole ningún favor a los pueblos indígenas miserablemente desterrados. 



La china To Love Again, dirigida por Gao Linyang y ganadora del premio Fipresci, despierta con su visionado las ganas de que a algún cineasta uruguayo se le dé por filmar algo así, por ambientar una historia similar en nuestro país. Centrada en una pareja de ancianos en su quehacer diario, esta formidable película impone conflictos en apariencia triviales: la heladera se les rompe luego de muchos años de funcionamiento, una amiga enferma les habla de buscar una esposa sustituta para su marido y se impone la discusión de dónde guardar sus restos mortales una vez cremados. Estos lineamientos van revelando progresivamente un pasado traumático, marcado a fuego por la revolución cultural y por un régimen que aún hoy se cuela por los intersticios de su casa, determinando su cotidianeidad. Comprendemos que estas personas conviven con heridas abiertas y, aún en sus últimos años, con una imperiosa necesidad de sanación. 



Excess Will Save Us, de la francesa Morgane Dziurla-Petit, es, como la uruguaya El Bella Vista, un documental con algo de ficción –el porcentaje de uno y otro queda a criterio del espectador–, en el que la directora regresa a su pueblo natal y comienza a detenerse en la cotidianeidad de sus variopintos personajes. Pero lo que empieza como una típica aproximación al exotismo y la excentricidad imperante en un poblado semirrural va agregando sorpresivamente capas y más capas de oscuridad. Una matanza de gallinas, discriminaciones violentas y peleas enfervorizadas entre los personajes van dando cuenta de que, vistos de cerca, algunos pueblos chicos esconden infiernos descomunales.

Publicado en Semanario Brecha el 4/2/2022

jueves, 30 de abril de 2020

Las mejores películas (XXXI)

La cuarentena logró algunos milagros; entre ellos, que volviera a postear una entrada de "las mejores películas", esta vez circunscribiéndolas a lo mejor que pude ver en este último mes. Es lo que tiene el encierro; uno puede llegar a ponerse aún más cinéfago que de costumbre. 
Otra novedad es el usuario que inicié en Letterboxd, donde comencé a publicar listados más específicos y hasta pequeñas reseñas. Tengo que admitir que es una muy buena plataforma cinéfila.

Acá el listado, por orden de interés:

System Crasher (Nora Fingscheidt, Alemania). 

El término alemán Systemsprenger refiere a aquellos niños que rompen con todos los métodos de contención formalmente estipulados, casos excepcionales de ingobernabilidad extrema. Benni es incorregible, con traumas profundos y episodios frecuentes de psicosis, como una Antoine Doinel hiperviolenta y de anfetaminas, demasiado chica para la reclusión y sistemáticamente rechazada por todos los reformatorios de la zona. La actriz es increíble, y la película logra una participación y un grado de empatía que llevan a que uno ansíe constantemente un desenlace mínimamente esperanzador. 

The World of Us (Yoon Ga-Eun, Corea del Sur). 

Me hizo acordar a ¿Dónde está la casa de mi amigo?, en el sentido en que muestra a la infancia como un mundo bien alejado de esa imagen idílica y libre de problemas que solemos evocar. Con una historia sencilla, la película retrotrae a salones de clase hostiles, a crueldades cotidianas y a las responsabilidades que todos debimos afrontar, tanto dentro de casa como en la interacción con nuestros pares. Ser adulto es un alivio. 

Detroit (Kathryn Bigelow, Estados Unidos). 

Hay que ver la cantidad de boludeces que suelen estar nominadas a los Óscar, y ésta, que se merecería media docena de nominaciones, fue totalmente ignorada. Es difícil de entender: trata el tema del racismo y fue dirigida por LA directora consagrada por la academia. Pero se nota que los votantes son muy sensibles, y esta imponente recreación de los hechos sucedidos en el Hotel Algiers en el verano del 67 ofrece una hora y media de tensión brutal, un trago quizás demasiado cargado de duro realismo para los electores de La forma del agua y Jojo Rabbit

Peterloo (Mike Leigh, Reino Unido).

El grotesco de los personajes, lejos de acercarlos a caricaturas estereotipadas, los vuelve más humanos y creíbles. Hay que ver los alucinantes detalles históricos en los que se enfoca Mike Leigh, la comida, el interior de las viviendas, ciertos trabajos manuales (un periódico es impreso hoja por hoja). Leigh desde hace décadas que es el más grande de los directores británicos (y sin dudas, de los mejores directores de actores del mundo), y Peterloo está a la altura de todo lo que ha hecho hasta hoy. 

Angels Wear White (Vivian Qu, China).

La temática del abuso sexual infantil es retratada sin amarillismo, evitando obviedades y lugares comunes, y con una narrativa sencilla y lineal que fluye junto a dos niñas (una de 11, otra de 16). La revictimización infinita es la constante en un mundo de mujeres objeto, y la película expone todo esto sugestivamente y sin regodeo alguno. Una Marilyn Monroe gigante utilizada por los turistas, luego cubierta de carteles y finalmente desmantelada y descartada (vale recordar que Marilyn en vida ya había sido abusada sexualmente una y otra vez) es una metáfora poderosísima. 

Booksmart (Olivia Wilde, Estados Unidos).

La regla de que los mejores directores de actores son también actores se cumple perfectamente en este debut en la dirección de Olivia Wilde, en el que saca a relucir a Beanie Feldstein y Kaitlyn Dever, dos actrices que la vienen rompiendo y que está clarísimo que son el futuro de Hollywood. La película es entretenida del carajo, con un guión inteligente, personajes bizarros y queribles y un buen puñado de situaciones extremadamente graciosas. Pero lo mejor de lejos es la química entre ambas protagonistas: plano contraplano, diálogo punzante y una infinidad de matices gestuales dignifican al más vapuleado de los géneros. 

The Nightingale (Jennifer Kent, Australia). 

Jennifer Kent es una directora muy sólida y después de The Babadook, ésta es una prueba de ello. Notable rape & revenge (incluso de lo mejor del subgénero) con una pareja protagonista inolvidable, buenos apuntes históricos, bellos y hostiles parajes y estallidos gore hiperviolentos. Vale la pena realmente.

Ventajas de viajar en tren (Aritz Moreno, España/Francia). 

Una grata sorpresa, en el sentido en que se presenta como una colección de bizarradas (y hasta cierto punto lo es) pero termina siendo coherente y hasta teniendo cierta unidad estética y temática, con escenas sorprendentemente bellas (un asesinato imaginado, con perros de por medio, es increíble) y gran poder de sugerencia. 

Snowtown (Justin Kurzel, Australia). 

Ufff, terror realista, en plan Saló o Funny Games, con imágenes que uno difícilmente pueda borrarse de la cabeza. Supongo que lo más impactante es la base social de la que parte la película, uno de esos cuadros marginales tan bien hechos (onda Ray & Liz) que llegan a transmitir eficazmente la imposibilidad de ascenso social y de escape para ciertos niños. Además, cinematográficamente es un disparate, hay un excelente diálogo entre imágenes alucinadas y oníricas y las voces en off que dan cuenta de hechos horripilantes. Y auch, todo basado en hechos reales y en un asesino serial, el "Manson" australiano. 

martes, 6 de mayo de 2014

Las mejores películas (XXIII)

Esta selección viene condimentada con mucho gore, asunto curioso, visto que no hay ni una película aquí que pueda encasillarse dentro del género del terror. Ahora, considerando lo sanguinolienta que quedó, le recomiendo a la gente sensible o que se asesore con una segunda opinión o que busque recomendaciones en otro blog; que por acá no nos andamos con mariconadas. 

A touch of sin de Jia Zhang-ke (China)
¿Qué pasa si cruzamos al Kitano más violento con el Jia Zhang-ke más comprometido? La respuesta es esta película, una de las más demoledoras representaciones de la China actual, un fresco que pone en evidencia sus mayores contradicciones, sus insufribles trasfondos, la cara más sórdida de la más desacatada industrialización, del "progreso" a marchas forzadas y del alzamiento de una megapotencia a costa de mucha miseria humana. A mi parecer, la película del año, y otra insuperable obra maestra de uno de los más grandes cineastas que tenemos la suerte de seguir en vida.

Gloria de Sebastián Lelio (Chile, España)
Que el cine chileno viene en alza no es novedad para nadie, pero realmente quedé impactado con esta película. La Gloria del título es una mujer de 58 años, solitaria, con hijos ya mayores y divorciada. Por las noches, las fiestas, el baile y la bebida parecen ser una fuente de entusiasmo y quizá, la forma de entrar en contacto con algún pretendiente. En estas vueltas, conoce a un señor con el que podría intentar una relación, pero como dice el refrán, el diablo sabe más por viejo que por diablo y la desconfianza está a la orden del día. Un guión superior, que explora comportamientos humanos presentes no sólo en determinada franja etaria, sino en todo el abanico vital.

La vida de Adèle de Abdellatif Kechiche (Francia, Bélgica, España)
Mientras expreso mi fanatismo por la obra del director Abdellatif Kechiche y rindo cultos varios a criaturas maravillosas como Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos, festejo que esta película se haya llevado la palma de oro en Cannes el año pasado (aunque venía peleado el asunto, con Jia Zhang-ke, Sorrentino y Farhadi en competencia). El recorrido a través de la vida afectiva y sexual de una chica supone un tórrido y sensible fresco sobre la iniciación en las pasiones, las decepciones y los duelos amorosos, sin buenos ni malos, sin culpables o victimarios, áspero como la vida misma, agridulce y doloroso. La puesta en escena y la dirección de actores son sorprendentes.

Snowpiercer de Bong Joon-ho (Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, República Checa)
El experimento para solucionar el asunto del calentamiento global falló y las sustancias enviadas a la atmósfera convirtieron a nuestro mundo en un páramo helado. Los últimos sobrevivientes al apocalipsis son un grupo de pasajeros de un tren autosustentable, que gira alrededor del mundo en un loop eterno. Pero adentro de este tren se reproducen las peores injusticias, las desigualdades y el más inaceptable cinismo, característicos de nuestros tiempos... Para hacer la revolución hay que saber romper con los paradigmas y los parámetros esperables, si no es que se pretende caer otra vez en más de lo mismo.

Sarah prefiere correr de Chloé Robichaud (Canadá)
Y lo bien que hace. Con su pelo anudado, ojos enormes y una mirada extraviada, Sarah (imponente Sophie Desmarais) supone un gran enigma para el espectador. Lo único que sabemos con certeza es que le gusta mucho correr. Frente a las imposiciones sociales, los reclamos familiares, el despertar sexual, los nuevos mandatos y los caminos que se abren, ella prefiere desobedecer a su madre, seguir su propio rumbo y abocarse obsesivamente a un equipo universitario de carreras. El debut de la joven directora Chloé Robichaud está dotado de una deslumbrante fuerza poética, con ascetismo y convicción.

Headhunters de Morten Tyldum (Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania)
A pesar de ser el headhunter (cazatalentos) más hábil de todo Noruega y de poseer todos los bienes materiales como para satisfacerse, el protagonista debe compensar su complejo de inferioridad y su vacío existencial con dosis sustanciales de adrenalina y el hurto a particulares de sus valiosas obras de arte. Un thriller increíble que alterna intensos robos, una persecución sanguinaria y un sorprendente y catártico contraataque. Imperdible adaptación de un noir escandinavo (esta vez una obra del novelista Jo Nesbø) que aporta una trama que no da respiros y hasta se permite alguna inteligente reflexión en torno a la vida marital y sus pormenores.  

Tirannosaur de Paddy Considine (Reino Unido)
Después de matar a patadas a su perro, el protagonista ya se ganó una sustanciosa condena moral. Sin embargo, a lo largo de la película esta lacra humana va despertando un interés considerable, en su desprecio compulsivo a todo lo que le rodea, en su deambular por los bajos mundos de Leeds, Inglaterra. Consumido por la ira y la violencia, el hombre parece encontrar una esperanza en la caritativa ayuda de la trabajadora de una tienda, cristiana convencida que intentará apaciguar sus ánimos. Otra gran ópera prima.

Why don't you play in hell? de Sion Sono (Japón)
Los "Fuck bombers" son al cine lo que la soda cáustica a la función intestinal. Guerrilla pura, descontrol, cine callejero duro, crudo y sin concesiones. Pero cuando este equipo desquiciado es contratado por un grupo de yakuzas para filmar y registrar directamente una guerra entre bandas, los sueños de sus integrantes de lograr por fin su "obra maestra" se vuelven realidad. Lo que hicieron dignamente Fellini, Truffaut, Kiarostami y tantos otros reconocidos cineastas, Sono lo redobla concibiendo cine dentro del cine como nunca antes se había hecho. Un bizarro y anárquico exabrupto gore, con el pulso de un maestro. Larguísima vida a uno de los cineastas japoneses más delirantes de todos.

Tucker and Dale vs Evil de Ely Craig (Canadá, Estados Unidos)
Una divertidísima parodia al cine slasher que se encarga de utilizar los parámetros del género para subvertirlos, al tiempo que se burla de los prejuicios y del miedo a lo desconocido imperantes, aún entre jóvenes. No tengo muchas ganas de andar destripando el argumento, pero puedo afirmar que a grandes rasgos todo tiene que ver con un grupo de adolescentes que se va a acampar a las montañas, que una gran amenaza parece cernirse sobre ellos, y que empiezan a morir como moscas, uno por uno. Pero no se engañen, que la película no tiene mucho que ver con lo que en este momento se están imaginando.

El lobo de Wall Street de Martin Scorsese (Estados Unidos) 
Luego de una debacle económica que sacudió y hundió a la clase media estadounidense, el maestro se desquita con una película anárquica, sobregirada y feroz, que supone el definitivo desprestigio de esos corredores de bolsa que antes eran encumbrados en el cine y que llevaron a un país a la ruina a fuerza de ambición, aderezada con mucha coca y adrenalina. Una película imperfecta, desprolija y desacatada, que ofrece un cúmulo de esas escenas que se hacen imposibles de olvidar. Y chapeau por Matthew McConaughey, que la rompe los pocos minutos que aparece.

miércoles, 2 de enero de 2013

Las mejores películas (XX)

Bueno, aquí se cumplen ¡200! mejores películas recomendadas en esta sección de este bendito blog. Debo admitir que esta entrada no ha sido la más contundente de las publicadas, pero bueno, creo que estas últimas diez pelis valen todas la pena. Lo bueno es que las que no están disponibles, lo estarán en muy poco tiempo. Hay para elegir: drama, acción, documental, comedia negra, animación, películas para adultos, para adolescentes pelotudos, para veteranos con regresiones severas. Aprovechen, que el mundo se termina ahora, en el 2013.

Beyond the hills de Christian Mungiu (Rumania, Francia, Bélgica)
Las disciplinas religiosas encierrar e inhabilitan salidas, asfixian hasta la locura, destapan dimensiones impensadas. Los que hayan visto 4 meses, 3 semanas, 2 días, sabrán a qué me refiero si digo que Mungiu deja, con esta película, al espectador paralizado y en pánico durante los 150 minutos que dura; nadie puede negar del poder estilístico de Rumania. Dos amigas que crecieron juntas en el mismo convento viven ahora separadas, pero las une un pasado lésbico. Una de ellas le ruega a la otra que abandone la aldea religiosa que habita y la acompañe a probar suerte en Alemania, pero esta última ofrece resistencia.

Le pére de mes enfants de Mia Hansen Love (Francia, Alemania)
Debe de ser una película única en su especie. O que me corrijan si es que existe otra centrada en la vida abrumadora de un productor de cine independiente y en los mil y un problemas que surgen y lo conflictúan en su cotidianeidad. El inesperado punto de inflexión a mitad del metraje permite ver nuevas dimensiones del personaje, de su familia, de su entorno laboral. Atención a la joven cineasta Mia Hansen Love, tan alejada de los devaneos y las pretensiones de la insufrible intelectualidad francesa.

Valiente de Brenda Chapman y Mark Andrews (Estados Unidos)
Es curioso. Una historia sencilla, clásica y mas bien convencional puede ser algo súper contundente y emotivo si está bien tratado. Hay algo de universal en esta anécdota de clanes de vikingos rudos, en el conflicto madre-hija, en la ingrata transformación generada como efecto de un arrebato pulsional. Mientras Dreamworks sigue empecinado en el guiño pop y la catarata desigual de chistes y gags, Pixar confirma su reinado apostando a guiones sólidos, a personajes, a la profusión de detalles que enriquecen las tramas.

Life of Pi de Ang Lee (China, Estados Unidos)
Un adolescente indio pluri-religioso pierde a su familia en un naufragio y queda varado en pleno Océano Pacífico, en un bote con algunas provisiones, pero acompañado nada menos que de un tigre, una hiena, un orangután y una cebra. Si bien la anécdota puede parecer una ridiculez, es increíble la capacidad de persuasión del director chino para convencer con esta historia y transmitirla de forma realista. El abordaje alcanza puntos de tensión inconcebibles, y está logrado con una composición visual y sonora deslumbrante.

Argo de Ben Affleck (Estados Unidos)
La verdad es que cuando desde norteamérica se propone un tema tan complejo como el de la toma de rehenes de 1979 en la embajada de Estados Unidos de Irán -cuando el ascenso al poder del ayatolá Jomeini- uno tiende a pensar lo peor. Pero aquí se lo toma poniendo el foco en un episodio oculto e inconcebible, y desde un comienzo se expone la absoluta responsabilidad de EEUU en el conflicto. El resultado es una película adrenalínica, notablemente lograda; Affleck se confirma como un gran director.

The ABC's of death de directores varios (Estados Unidos)
Nacho Vigalondo, Marcel Sarmiento, Xavier Gens, Banjong Pisanthanakun, Ti West y otros grandes directores cercanos al terror experimental son convocados para filmar 26 cortos, 26 formas de morir, 26 letras del abecedario. Por supuesto que el resultado es absolutamente irregular, pero qué manera de pasarla bien y mal alternativamente. De a ratos la cosa tiene tintes desopilantes, de a ratos francamente desagradables, de a ratos las historias se ponen creativas y hasta geniales. Cuánta mala leche volcada en esta grandísima hijoputez.

El bella vista de Alicia Cano (Uruguay, Alemania)
Una docu-ficción recreada por los mismos personajes involucrados. En un pueblo de Durazno, en el interior del Uruguay, la sede de un antiguo club de fútbol deviene en prostíbulo de travestis. Herido en su orgullo, un viejo patriarca decide juntar firmas de los vecinos para echar de una vez "a todos esos putos". Finalmente, el club es convertido en una iglesia católica. Todo este devenir es narrado con pulso notable y un humor muy particular. Un abordaje inteligente y entrañable permite comprender todas las partes involucradas en el conflicto.

Aaltra de Gustave de Kervern, Benoît Delépine (Bélgica, Francia)
Dos vecinos llevan una vida profundamente desgraciada, y se odian. En un arrebato de ira, uno decide ir a estrangular al otro, pero por una mala jugarreta del destino ambos quedan accidentalmente paralíticos de por vida. Una comedia negrísima, de esas que cuestionan todo y ponen a prueba al espectador. Para mí fue, además, el descubrimiento de los notables actores-directores De Kervern y Delépine, quienes luego de ésta lograron -se dice- otras grandes películas. Habrá que seguir explorando.


Arrow, the ultimate weapon de Kim Han-min (Corea del Sur)
Un drama épico e histórico de acción desatada. La trama empieza en el año 1637, en un pueblo coreano cercano a la frontera que separa China de Corea, cuando la segunda invasión de los manchúes. Nuestro héroe es un arquero profesional que, al ser secuestrada su hermana sale a su rescate, siendo más adelante perseguido por un comando de guerreros de elite a través del bosque, al estilo Apocalypto. Una aventura de esas que no paran nunca, y que respiran libertad y cine a través de todos sus fotogramas.

Moonrise Kingdom de Wes Anderson (Estados Unidos)
El mejor y más claro heredero de Sallinger despliega otra pieza pequeña, entrañable y con un reparto de viejos amigos. Si Bill Murray, Frances Mc Dormand, Bruce Willis, Edward Norton, Harvey Keitel y Tilda Swinton ya son una buena excusa para ver esta peli, también lo es este cuadro de familias disfuncionales y excéntricas, de amor clandestino, de solidaridad emergente en un entorno de apatías rasantes. Sigo quedándome con Los excéntricos Tenenbaum y El fantástico Sr. Zorro, pero esto está muy bien.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cine social

El entramado y su densidad


El cine social siempre cumplió un rol esencial de acercar realidades, impartir enseñanzas, generar conciencia y, de paso, denunciar determinadas injusticias. Suele servir también como registro histórico, ya que muchas veces se vuelve un excelente reflejo de las circunstancias sociales y políticas pertenecientes a una época. En los últimos años el registro ha dado obras sobresalientes y variadas, entre las que cabe destacar Entre los muros (Cantet), Tropa de elite (Padilha), Taare zameen par (Khan), Tokyo sonata (Kurosawa), Naturaleza muerta (Jia), Secret sunshine (Lee), Persépolis (Satrapi), Serbis (Mendoza), Cuscús (Kechiche), Offside (Panahí), Anjos do sol (Lagemann), La nana (Silva) así como la obra de los hermanos Dardenne (El hijo, El silencio de Lorna). Un detenimiento en tres obras fundamentales y de estreno reciente puede ayudar a comprender algunas de las nuevas dimensiones de esta clase de cine.

El cine argentino últimamente ha transitado paralelamente un registro de género -policial sobre todo- y al mismo tiempo un cine realista y costumbrista. Ambas tendencias parecen unirse en Carancho: el perfil más oscuro y truculento del universo del policial negro, y una realidad social que recuerda a los cuadros marginales de Adrián Caetano. El valerse de los parámetros de éxito de un género popular sirve para que la audiencia se vuelva incondicional, y asimismo la película tiene el mérito de dar a conocer ese submundo real de aves carroñeras que se sirven de la desgracia ajena para utilizarla en su propio beneficio. El carancho del título refiere al protagonista -encarnado por Ricardo Darín- un abogado que tiene la capacidad de aparecer de inmediato y como por arte de magia en los sitios exactos donde tienen lugar los accidentes de tránsito, para ofrecerles sus servicios a los damnificados y extraerles grandes sumas a las aseguradoras. Así la película expone, como el mejor cine social, una realidad desconocida para la amplia mayoría de los espectadores.

Adiós Solo, por su parte, es una película independiente norteamericana dirigida por Rahmin Bahrani, un director iraní que cuenta la historia de un taxista senegalés y su encuentro con un septuagenario amargado, en la que el anciano pide los servicios del primero para poder suicidarse. Lo que llama la atención de este par de sujetos es que, ante todo, llaman al rechazo. Su primer impacto es negativo; despiertan incomodidad. El taxista, sonriente y verborrágico, parece un estafador y un mercachifles, y la desconfianza hacia él se acrecienta cuando se dan a conocer sus vínculos con traficantes y delincuentes de poca monta. El hombre mayor es introvertido y antipático, cuando no directamente ordinario y desagradable. Aquí el descomunal e impredecible mérito de la película está en lograr despertar, paulatinamente, empatía y adhesión hacia este par de individuos. Y ese es uno de los mayores logros del cine social: acercar, humanizar y descubrir vínculos y afinidades donde no parecía que existieran.

El director chino Jia Zhang-ke es el cineasta de la actualidad que mejor ha documentado el paso del tiempo y la transformación social y cultural de las últimas décadas. Sus películas de ficción tienen una registro casi documental, y sus documentales parecerían ficcionados. En cualquier caso, sus películas reflejan el estado de desorientación que se vive en las grandes ciudades ante los cambios que traen aparejados la modernización económica y el capitalismo descontrolado, las catástrofes urbanas y las nuevas formas de explotación laboral. Las películas de Jia no son sólo un testimonio de lo que ocurre hoy en China, sino que además plantean reflexiones en torno a realidades que se viven a nivel global. El brutal documental 24 city se centra en una antigua fábrica estatal de Chengdu que cierra, y en cuyo lugar será erigido un inmenso complejo de edificios de lujo; en este entorno, se recogen los testimonios de trabajadores y relativos a la fábrica y se da cuentas de hasta qué punto este proceso cambia radicalmente la vida de la comunidad. Y es que el cine social más sabio lleva a pensar el entramado sin desestimar su enorme densidad y complejidad.

Publicado en revista "Noteolvides" setiembre 2010.

martes, 8 de junio de 2010

Las mejores películas (XIV)

El nivel se mantiene, grandes sorpresas me ha deparado el cine en los últimos meses. Las más importantes: una asiática de la que no esperaba mucho, Scorsese que se cargó todas las pilas, y una grandísima película griega (!). No pierdan más el tiempo con series fraudulentas, remakes y tanques-supositorios... es decir, que me hagan caso de una buena vez.

Fish story de Yoshihiro Nakamura (Japón)
Una de las películas japonesas de la década. Se trata de un desordenado y grandioso puñado de historias apasionantes, con un desenlace en común. Ciencia ficción, artes marciales, musical, suspenso, drama y comedia, todo confluye en una obra que es como para quedarse a vivir en ella. Sumamente amena, relatada brillantemente, sorprendente y hasta inspiradora: imprescindible, como quien dice. Dan ganas de verla mil veces.

Shutter island de Martin Scorsese (Estados Unidos)
Una convenientemente aislada cárcel psiquiátrica se convierte en el escenario para un viaje hacia los rincones más oscuros de la mente humana. Climas de pesadilla, mucha paranoia y unas cuantas patadas en el pecho son algunos de los elementos que conforman una de las mejores películas que Scorsese haya concebido jamás. Y por fin, una vuelta de tuerca de las que no se olvidan nunca.

Kynodontas de Giorgos Lanthimos (Grecia)
Tres adultos viven confinados en una casa alejada de la civilización, y sus padres los deseducan, los tratan como si fueran niños y les inculcan miedos mediante métodos conductistas. Un entorno enfermizo y violento, que sorprende e inquieta como pocos. Y una reflexión profunda y inquietante sobre la pedagogía, el poder, el lenguaje, la represión y los temores sociales. No se la pierdan.

Two lovers de James Gray (Estados Unidos)
Un tipo inestable y hastiado del aburrido barrio de Brighton Beach y de la vida que se le impone conoce a dos mujeres. Una de ellas representa la estabilidad emocional y el calor hogareño, la otra, todo lo contrario. Y por supuesto, esta última le atrae mucho más. Acertada, profunda e inteligente, otra obra notable del gran James Gray.

The fantastic Mr Fox de Wes Anderson (Estados Unidos / Inglaterra)
Quién lo hubiera dicho, Roald Dahl por Wes Anderson. El Sr. Zorro necesita hacer algo estimulante en su vida, y resuelve revivir épocas pasadas robando gallinas, patos y pavos, pero a lo grande. Sus vecinos granjeros son tan agradables y simpáticos como Klaus Kinski con la camisa de fuerza. Una querible y muy divertida animación en stop motion.

24 city de Jia Zhang-ke (China / Hong Kong /Japón)
Qué brutal. No debe haber cineasta en el mundo que filme el paso del tiempo, la transformación social, el arrollador avance de la urbanización con la eficacia y la maestría con que lo hace Jia Zhang-ke. El documental se centra en una antigua fábrica estatal de Chengdu que cierra, y en cuyo lugar serán erigidos edificios de lujo. Las historias de vida de los diferentes entrevistados son apasionantes, y por momentos, sumamente conmovedoras.

Entre nosotros de Maren Ade (Alemania)
Una pareja de treinta y pocos va a pasar una temporada a Cerdeña. Pero el problema de las vacaciones es que los enamorados deben pasar mucho tiempo juntos, verse las caras, tolerarse. Y ahí es que surgen los problemas, las crisis, donde la convivencia realmente empieza a ponerse a prueba. Maren Ade es una directora tan maldita como lúcida y convincente, y recién tiene treinta y tres años.

La sangre brota de Pablo Fendrik (Argentina / Alemania / Francia)
Toda la rabia, la violencia más desagradable desplegada en un cuadro coral de personajes miserables, estancados y a la deriva. Los cineastas argentinos se están poniendo pesimistas, y con qué energía. Puede tener algún momento en el que pierda credibilidad -ante todo un par de escenas sanguinolientas que parecen estar puestas para justificar el título- pero es de esas películas que no se te borran. Pablo Fendrik se impone, y promete.

El imaginario del Dr. Parnassus de Terry Gilliam (Inglaterra / Canadá / Francia)
La última película interpretada por Heath Ledger está cargada de un humor inteligente y absurdo, delirios surrealistas y personajes extrambóticos. Y además tiene buen ritmo, algo que no siempre logra el amigo Gilliam. Vean a Ledger transformarse en Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell sucesivamente (las consecuencias de morirse en medio de un rodaje) y que, curiosamente, esos cambios fluyan sin parecer forzados.

El enigma de Kaspar Hauser de Werner Herzog (Alemania occidental, 1974)
En 1828, luego de haber pasado una vida encerrado en una celda y sin haber entrado en contacto con los seres humanos, un hombre fue encontrado y llamó la atención de especialistas durante mucho tiempo. El tipo empieza a descubrir la sociedad, y por supuesto, a cuestionarla con esa agudeza tan propia de los niños y los dementes. A Herzog le gustaban los locos, y por lo visto al actor Bruno S. se le habían escapado unos cuantos pitufos de la aldea.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Las mejores películas (XIII)

Realmente estoy emocionado. Veo esta lista y llego a la conclusión de que es la mejor de todas las publicadas en este blog. Quiero decir, las primeras siete películas son obras enormes, seguramente de las más sobresalientes que se han concebido mundialmente en los últimos años. Y para cerrar, un clásico brutal. Buen provecho!!!

The white ribbon de Michael Haneke (Austria / Alemania / Francia / Italia)
Supongo que no sorprendo a ninguno si les digo que a mi parecer Haneke es de los mejores cineastas del mundo, y aquí está otra vez, expectorando ácidos cáusticos. En un pueblo de la Alemania de comienzos del siglo XX nos encontramos con rabiosas desigualdades, horrendos crímenes y personajes impunes. Y ya voy abriendo la incógnita y se reciben opiniones: ¿Quién es el verdadero culpable?

Deadgirl de Marcel Sarmiento (Estados Unidos)
Rara, perturbadora, adictiva y asombrosa. Dos adolescentes se escapan de clases y van a parar al sótano de un hospital abandonado. Allí se encuentran una mujer desnuda, acostada, atada con cadenas a una camilla; medio viva, medio muerta. El problema es que ninguno de los dos es muy normalito que digamos: uno de ellos resuelve sacarle partido a la situación. El otro duda, temporalmente.

La nana de Sebastián Silva (Chile / México)
Una gran sorpresa. Descomunal aproximación a la vida de una empleada doméstica que lleva veinte años trabajando para una familia de clase alta. El abordaje logra despertar sensaciones encontradas hacia la protagonista, desde la originaria compasión hasta el odio sistemático, y después otras cosas. El cine chileno es así, pueden pasar años sin que haya nada aceptable, pero cuando por fin aparece algo, realmente sobresale.

Nanking nanking! De Lu Chuan (China / Hong Kong)
Los japoneses perpetraron una de las masacres más abominables que ha conocido la historia del Siglo XX. La antigua capital de China fue el escenario de la llamada “Violación de Nanking” un episodio en el cual los soldados imperiales japoneses se ensañaron con los pobres chinos que allí quedaban. Una obra mayor, poderosa, emotiva e increíblemente filmada. Imprescindible, en definitiva.

Il y a longtemps que je t'aime de Phillippe Claudel (Francia / Alemania)
Kristin Scott Thomas está divina, y es una actriz de puta madre. Luego de haber pasado quince años en prisión por haber cometido un asesinato bien jodido, la protagonista debe adaptarse al mundo real, con algunas dificultades. El director debutante Phillippe Claudel en realidad es un novelista de renombre, y concibe un relato palpitante y estremecedor. Hasta me entraron ganas de leer algo de su autoría.

JCVD de Mabrouk El Mechri (Bélgica / Luxemburgo / Francia)
Por favor, qué buena peli!!! Ya sé que muchos de ustedes no verían una película del amigo Jean-Claude por nada en el mundo, pero les juro que esto es buenísimo. Una obra que alterna el documental, la ficción y la ficción dentro de la ficción, que sorprende contínuamente y que es extremadamente divertida de a ratos, e incluso bastante dramática por otros. No dejen de verla.

Tokyo sonata de Kiyoshi Kurosawa (Japón / Países Bajos / Hong Kong)
Kurosawa continúa radiografiando su sociedad, pero esta vez sin recurrir al terror existencial ni a espectros sufrientes. Al parecer, en Japón hay índices de desempleo sin precedentes, impensables para lo que no hace mucho era una potencia y un verdadero gigante económico. Quizá no haya película que represente mejor la crisis social a varios niveles, y con esa impagable mala leche del director.

The secret of Kells de Tomm Moore y Nora Twomey (Francia / Bélgica / Irlanda)
En la Irlanda del S. IX, un niño monje vive recluído en una abadía fortificada, en la cual una pequeña población se resguarda del ataque de los vikingos. Cerca, en el bosque, acechan criaturas aterradoras y algunos seres fantásticos. Una pequeña maravilla animada, concebida con una creatividad rebosante, música bellísima y un colorido deslumbrante. El final puede dejar gusto a poco, pero la película brilla de todos modos.

Zombieland de Ruben Fleischer (Estados Unidos)
Entre decenas de sátiras al cine gore, se alza este divertimento en estado puro. Metallica, zombis, escopetas, sesos esparcidos en el pavimento, montañas rusas, Bill Murray haciendo un cameo graciosísimo, Woody Harrelson poniendo cara de malo -este tipo está hecho para la comedia-. No se le puede pedir profundidad, estamos ante un enlatado autoconsciente, pero créanme, es contagioso y hasta es un poco emotivo.

La mujer insecto de Shohei Imamura (Japón) 1963
Una mujer campesina, su viaje a la ciudad, la guerra y la supervivencia durante la posguerra. Un cuadro magistral, filmado con detenimiento pero al mismo tiempo con saltos temporales radicales; otra pieza maldita del endemoniado Imamura (RIP). Todavía me quedan unas cuantas por ver de este maestro, y cierto es que cada día disfruto más de sus pelis.