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viernes, 8 de abril de 2016

El precio de un hombre (La loi du marché, Stepháne Brizé, 2015)

Mantener la dignidad 


El cine social francés quizá sea el mejor del mundo, o al menos puede decirse que a nivel mundial se encuentra –con sus diferencias, naturalmente– cabeza a cabeza con el rumano y el iraní. Cineastas como Laurent Cantet, Abdellatif Kechiche, Ursula Meier y Robert Guédiguian son sencillamente de los mejores realizadores en el registro, y han depurado un estilo muy particular –que de a ratos es también compartido con otros cineastas europeos, incluyendo a los ineluctables hermanos Dardenne–, sustentado en una naturalidad sobresaliente y un talento específico para las situaciones coloquiales y cotidianas. Es verdad que suelen presentar cuadros bastante alejados de los que vivimos en el Tercer Mundo (aquí tendríamos que agregarles un Iva de gravedad), pero de todos modos nos permiten reflexionar sobre problemas globales de los que no somos en absoluto ajenos. 
En este registro, y otra vez en torno al universo laboral y los cambios acontecidos en los tiempos que corren –recordar El empleo del tiempo, Recursos humanos y La cuestión humana–, es que se presenta el cuadro en que un hombre de 51 años (brillante Vincent Lindon) lleva ya 20 meses de desempleo, luego de ser despedido de su trabajo como obrero especializado (es que salía más barato comprarle a los chinos). Ya está harto de hacer cursos inútiles o de ser rechazado en cuanto trabajo se presenta, y las entrevistas laborales son sólo una parte de las sucesivas humillaciones que le toca atravesar. Quitando el foco de los problemas concretos del hombre, esta es una película sobre el difícil equilibro que supone, para un individuo que necesita trabajar a toda costa, mantenerse en sus cabales. O mejor dicho, de la dificultad de conservar la dignidad cuando deben reducirse paulatinamente las expectativas respecto a la calidad de vida, cuando la persona debe desoír sus principios o su simple necesidad de ser considerada un ser humano. Al verlo continuamente en situaciones degradantes podemos contemplar hasta qué punto el mercado laboral puede convertir a un hombre en un individuo atomizado, egoísta y, lo que es peor, inescrupuloso. La conciencia de clase tiende a desaparecer cuando se impone la desesperación. 
El director Stepháne Brizé, con ocho películas en su haber, ya merece ser visto como uno de los grandes. Simplemente ha filmado dos películas que en su momento fueron de lo mejor de sus respectivos años: Un affaire d’amour (2009) y Algunas horas de primavera (2012). Lo verdaderamente meritorio de Brizé parecería ser que sus películas colocan a la audiencia en situaciones que perfectamente pueden pasar como reales, que sirven como espejos en los que verse, y que al mismo tiempo pueden llevarle a evaluar causas, posibilidades, consecuencias, compartiendo las dificultades de los protagonistas en dar con una solución sencilla. Un cine que nos lleva a repensar nuestra vida y nuestro entorno, no es poca cosa.

Publicado en Brecha el 8/4/2016

martes, 10 de mayo de 2011

Las mejores películas (XVI)

Tengo que pedir disculpas por demorarme tanto con esta selección. Tres festivales en tres meses no me han dado mucho tiempo para respirar tranquilo. Como no quiero pasarme de las típicas diez pelis aquí reseñadas, voy a dejar por fuera a La mirada invisible, Outrage, El ilusionista y Tropa de elite 2, que ya las estuve describiendo abundantemente y con detenimiento. No dejen de prestar atención a estas otras, que también son de puta madre.

Siete instantes de Diana Cardozo. (México, 2008)
Qué curioso que la mejor producción documental sobre la organización guerrillera MLN - Tupamaros no sea uruguaya sino mexicana. Las entrevistas seleccionadas dejan para la posteridad siete impactantes relatos de militantes comunes, que aportan variados y nuevos elementos sobre la historia y el accionar del más célebre –y cuestionable- bastión uruguayo de la lucha armada de los años 60-70.

Mademoiselle Chambon de Stéphane Brizé (Francia, 2009)
Con elegancia y sutileza el director Stéphane Brizé construye un delicado y grandioso estudio de caracteres, en donde algo tan común como un enamoramiento casual y repentino se convierte en una terrible catástrofe. Una situación opresiva y sin aparente salida, -de esas que nos suele obsequiar la vida- contrasta con una puesta en escena vital y luminosa. Las formidables actuaciones (brilla especialmente Sandrine Kiberlain) y una bellísima banda sonora son varios de los puntos fuertes.

Otro cielo de Dmitrij Mamulija (Rusia, 2010)
Para que aprenda González Iñárritu. El horror verdadero de la emigración, la lucha por la supervivencia, los trabajos insalubres, el destrato, la existencia miserable en la Rusia del S.XXI. Austera, fragmentaria y plagada de elipsis permanentes, el doloroso deambular de un hombre de la estepa que, junto a su hijo, sale en búsqueda de su esposa radicada en Moscú. A lo Dardenne, un brutal fresco con forma de road movie.

Confessions de Tetsuya Nakashima (Japón, 2010)
¿Les dije que los japoneses están locos? No sé si es más demencial haber filmado una película así o haberla propuesto como candidata para los nominados al oscar a mejor película extranjera. Personajes oscurísimos y perversos, situaciones opresivas y una truculencia extrema, en el entorno de un colegio secundario repleto de adolescentes psicópatas. Imprescindible para el asianófilo frikki promedio.

Life in a day de Kevin Macdonald (Estados Unidos, 2010)
Qué significó estar vivo el día 24 de julio de 2010. Este impresionante compilado reúne fragmentos filmados por gente común en su vida ordinaria, desde donde captan el universo que los rodea. Hubo más de 80 mil adhesiones, y se sumaron 4.500 horas de material filmado, proveniente de más de cien países. Los resultados son increíbles, el trabajo de montaje es brutal y su acompasamiento con la música directamente movedizo y adictivo.

Fish tank de Andrea Arnold (Inglaterra, Paises bajos, 2009)
Una intratable y resentida adolescente vive un insalubre ambiente familiar, es rechazada por el colegio y violentada por sus pares, en la periferia de Essex. Heredera del mejor realismo social a lo Ken Loach o Mike Leigh, la película logra que podamos acercarnos y sentir simpatía por este personaje, así como desear que logre escapar de ese agobiante entorno. Andrea Arnold se luce con un debut sólido y contundente.

Enredados de Byron Howard y Nathan Greno (Estados Unidos, 2011)
Ok, debo admitir que este pedazo de película me trae un placer culposo; tomando distancia, me rompen mucho los huevos esos finales de resurrecciones místicas y todos esos rollos, y hay un poco de esos amanerados despliegues musicales de Disney, que me generan sensaciones encontradas. Pero es difícil dejar de sucumbir ante el luminoso encanto de esta joyita animada. No se la pierdan.

Zona sur de Juan Carlos Valdivia (Bolivia, 2009)
Con paneos circulares, travellings y movimientos de cámara permanentes, la película construye un cuadro familiar de la clase alta en La Paz, y los cambios que la era Evo ejerce sobre su vida, causándoles desconcierto. Una decadente y dominante matriarca ladra órdenes, en un entorno en que el estancamiento se traduce en inactividad y algún desborde incestuoso. Una extraña mezcla de Paul Leduc con Lucrecia Martel.

No end in sight de Charles Ferguson (Estados Unidos, 2007)
Aún superior que su Inside job, el debut de Ferguson es el más completo y didáctico documental que se haya concebido sobre la invasión a Irak -no el mejor, ese sería sin duda Standard operating procedure de Errol Morris-. Y entre otras cosas demuestra hasta qué punto la intervención fue llevada a cabo por gente absolutamente inoperante, que hasta acabó perjudicándose a ella misma.

The kids are alright de Lisa Cholodenko (Estados Unidos, 2010)
Mientras aprovecho para protestar contra esa infame superficie indie y progre de mucho cine yanki, en la que personajes bellos, tolerantes, sabelotodos y macanudos viven conflictos que a mí no me interesan, les cuento que esta peli es excepcional en este contexto. Anette Benning y Julianne Moore forman una pareja lésbica inolvidable, el guión es sólido, hay mucha inteligencia volcada y momentos muy logrados.