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jueves, 4 de noviembre de 2010

Las mejores películas (XV)

Esta entrada se hizo esperar. Importantes cambios vitales y de rutina me impidieron ver cine ultimamente, y eso explica la demora. Bien nutrida y coronada con un par de clásicos imperdibles, esta nueva lista de recomendados va dedicada al amigo Gerardo H, fiel lector de antaño que, al parecer, sigue estas recomendaciones con detenimiento y atención, y ya venía manifestando cierta ansiedad. A su salú hermano. Espero que no las hayas visto todas.

Summer wars de Mamoru Hosoda (Japón)
Un frikki de las matemáticas y de la computación se ve obligado a simular ser el novio de una amiga, y a pasar una temporada manteniendo el engaño frente a la familia de ella. Mientras, es perseguido por la policía por delitos informáticos, se ve amenazado por una parentela de estirpe samurai e involucrado en una guerra colosal, de implicancias insospechadas. Una grandiosa aventura, y otro animé de primerísimo nivel.

Serbis de Brillante Mendoza (Filipinas, Francia)
En un inmenso y decadente cine porno se dan visita travestis, prostitutas y homosexuales de todo tipo y color, y se puede obtener un “servicio” por unos pocos pesos. El cine, apenas un despojo y una burda caricatura de lo que fue en sus lejanos años de gloria, es regenteado por una matriarca y su familia, quienes sobreviven a duras penas entre el calor, la pesadez y los malos olores. La mejor película del filipino Brillante Mendoza.

La carretera de John Hillcoat (Estados Unidos)
En un futuro próximo, la naturaleza muere, los alimentos escasean y el canibalismo es una de las últimas opciones de supervivencia. La peli puede volverse un poco pausada y lenta, pero es una experiencia absolutamente singular, que deja imágenes incrustadas. Hillcoat contó con una historia profunda y memorable, y la plasmó con confianza, logrando levantar un consistente vuelo poético y audiovisual.

Red social de David Fincher (Estados Unidos)
Qué bueno saber que Fincher esté otra vez en carrera, y que no siga en ese tren de mariconadas empalagosas tipo Benjamin Button. Red social es una incisiva película centrada en el joven magnate multimillonario Mark Zuckerberg, y en el cuestionable proceso mediante el cual creó la plataforma virtual Facebook. Brillantemente escrita y filmada; quizá tendenciosa y oportunista. Como sea, una experiencia intensa y reflexiva.

Kickass de Matthew Vaughn (Inglaterra, Estados Unidos)
La mejor película de superhéroes que he visto hasta el momento. El pibe protagonista sueña con ser un paladín de la justicia, y en un principio lo único que obtiene son golpizas masivas. Pero pronto genera un efecto contagio, y allí se le suman superhéroes de verdad. Un amigo que leyó el comic dice que es mucho mejor que la peli y le creo, pero igual, no es fácil dar con un cine tan dinámico y divertido.

El hombre de al lado de Mariano Cohn y Gastón Duprat (Argentina)
El vecino grasa de al lado sirve como reflejo antagónico para que el protagonista, un diseñador exitoso y superficial, se dé cuenta de su cobardía y de sus inmensas carencias vitales. Inteligentísima, muy graciosa y sugerente, entre otras cosas nos recuerda que Daniel Araóz es un grandísimo actor, y que al cine le haría mucho bien explotarlo con mayor regularidad.

Depredadores de Nimrod Antal (Estados Unidos)
En una selva repleta de bichos horribles, se encuentran de repente varios asesinos profesionales de distintas procedencias. Ninguno de ellos parece tener idea de cómo fue a parar allí, ni por decisión de qué extraña voluntad. Retomando el espiritu de las dos primeras (y brillantes) entregas de Depredador, haciendo uso de esa acción física y contundente que las caracterizaba, Nimrod Antal demuestra a la industria y a la cinefilia que él es un soldado a considerar.

Cinco minutos de gloria de Oliver Hirschbiegel (Inglaterra, Irlanda)
Hipotético e intenso enfrentamiento entre un asesino y el hermano de su víctima, luego de treinta y tres años de un hecho sangriento, en el entorno de los conflictos entre protestantes y católicos en Irlanda del norte. Madura, inteligente, brillantemente orquestada, evita los facilismos y convence, con esa poderosa y claustrofóbica impronta del director alemán.

El intendente Sansho de Kenji Mizoguchi (1954, Japón)
A fines de la era Heian, un gobernador es injustamente enviado al exilio. Su mujer y sus hijos quieren acompañarlo, pero son engañados, vendidos como esclavos y enviados a campos de trabajo, donde los explotarán en condiciones infrahumanas. Una poderosísima y conmovedora obra maestra de uno de los más grandes directores de la historia del cine japonés.

Häxan de Benjamin Chistensen (1922, Dinamarca, Suecia)
Reconozco que no soy un gran explorador del cine mudo, más bien lo contrario. Pero lo curioso es que las pocas veces que me interno en el terreno salgo sorprendido, dando muchas veces con obras maestras incomparables. Häxan (La bruja) es brillante por donde se vea, un documental de terror, una cátedra de historia, un despliegue de inventiva visual y una reflexión psicológica y sociológica. No se la pierdan bajo ningún concepto.

viernes, 20 de agosto de 2010

Serbis (Brillante Mendoza, 2008)

Desborde de libido

No han sido pocos los que han calificado al cine del director filipino Brillante Mendoza como obsceno o directamente pornográfico. Y cabe señalar que aunque no merezca tales adjetivos, es patente la intención del director de incomodar, cuando no directamente de descolocar e impactar a su audiencia. Para ir ya filtrando algunos potenciales espectadores, conviene adelantar que el cine de Mendoza suele tener escenas de sexo explícito y, en la mayoría de los casos, entre hombres. Masahista, su debut, transcurre durante casi todo el tiempo en una casa de masajes gay masculinos, y puntualmente se centra en la interacción de los jóvenes empleados con sus clientes. Si una película con escenas discretas de relaciones homosexuales como Secreto en la montaña generaba risitas nerviosas en muchos espectadores, es probable que no sean pocos los que no puedan tolerar ninguna de las películas del filipino.
La censura cinematográfica por el "grado" de contenido sexual suele ser desmesurada y hasta ridícula en algunos países. En Filipinas, por ejemplo, si en una película se exponen dos pechos femeninos es considerada pornográfica, pero si se muestra uno sólo no. Esto le ha ocasionado a Mendoza no pocos problemas de difusión y distribución, aunque hoy, habiendo concebido nueve películas en los últimos cinco años, y obtenido todas ellas un excelente recibimiento en festivales internacionales –incluyendo dos nominaciones consecutivas a la palma de oro en Cannes- su talento ya no puede ser ignorado o relegado a circuitos cerrados.
En Serbis se muestra, básicamente, un cuadro familiar de clase baja, dando cuenta de sus problemas, su cotidianeidad, sus formas de relacionamiento, sus miedos, sus alegrías y sus penurias. Pero hay un detalle llamativo que convierte a Serbis en una obra totalmente singular: esta familia vive y trabaja en un cine inmenso, en el que quizá algún día se proyectaron importantes superproducciones, pero hoy, deteriorado y resquebrajado, sólo exhibe películas pornográficas. Como apunte irónico, el cine se llama “family”, y es un sitio donde se dan cita –y tienen sexo- toda clase de individuos, en su mayoría hombres: el servicio al que el título de la película refiere es, en un principio, la variada oferta sexual que los clientes encuentran al ingresar a la sala. Como en Elefante, de Gus Van Sant, las inquietas cámaras siguen de cerca a los personajes, a través de los descascarados y laberínticos pasillos del recinto. El cuadro de estancamiento y putrefacción en el cual personajes sufridos y a la deriva utilizan el sexo como bálsamo para paliar el dolor recuerda sobremanera al cine de Tsai Ming-liang, y el calor, el sudor, el contacto humano permanente, y las relaciones que bordean lo incestuoso sugiere un parentezco con el de Lucrecia Martel. Y al igual que en la obra de la directora argentina, las tendencias incestuosas quizá puedan ser leídas como muestra del estancamiento, pero ante todo como un síntoma de vitalidad, ya que la libido desborda.
Hay escenas que son impactantes y que quedarán adheridas a la psiquis del espectador durante mucho tiempo: una tiene lugar cuando uno de los adolescentes que allí trabaja debe limpiar un baño tapado de orines y basura, hundiendo sus pies en esa agua amarilla y nauseabunda. No ha faltado quien califique a la escena de gratuita, pero no puede negarse que forma parte del cotidiano verosímil de la historia y que como tal es legítimo mostrarla. Otras tienen que ver con lo crudo y ambiguo de algunas escenas de contenido sexual, no tanto por lo que muestran sino por la brusquedad con que se muestra. Pero a pesar de lo sórdido del cuadro, conviene resaltar que Serbis es una película que genera una atmósfera intensa, lograda gracias a una excelente orquestación y a las grandes actuaciones –brillan especialmente la matriarca que regentea el lugar (Gina Pareño) y su hija (Jacklyn Jose)-. Y no es menor que se hayan logrado personajes creíbles –y queribles- además de plasmar una situación puntual que podría reflejarse en una infinidad de antros de todo el mundo.

Publicado en Brecha el 20/8/2010

martes, 18 de septiembre de 2007

Entrevista a Beatriz Martínez


Es redactora de la revista especializada CineAsia y escribe en varias publicaciones de España. Hace cuatro años ella y yo empezamos a colaborar simultáneamente en la página Miradas de cine, donde escribían varios de nuestros referentes en crítica y análisis cinematográfico: Alex G. Calvo y Jorge-Mauro de Pedro, entre otros. Sin ánimo de exagerar, es probable que Bea sea la persona que más sepa de cine oriental en occidente. Por lo pronto, la que más sabe de los cinéfilos que conozco. Biblioteca ambulante y parlante, es a quien consulto cuando necesito orientación en la materia. Como nos separa un océano un tanto extenso, accedió a darme esta entrevista vía mail.

-¿Qué elementos considerarías decisivos para explicar el reciente vuelco de la mirada cinéfila occidental sobre el cine de oriente?

A finales de los noventa el mundo occidental parecía anclado en la repetición de fórmulas esquemáticas explotadas y rentabilizadas hasta la saciedad. Todo parecía viejo y ya visto y empezaba a hacerse patente un cansancio generalizado en buena parte del público y de la crítica. Se necesitaba una válvula de escape que oxigenara un panorama estéril y poco imaginativo, incapaz de buscar nuevos caminos que abrieran nuestra percepción a la experimentación narrativa y visual.
Creo sinceramente que la asimilación de las cinematografías asiáticas fue un gran descubrimiento del que estábamos necesitados; llegó justo en el momento oportuno para revitalizar muchas de las ancladas convenciones fílmicas insuflando energía vigorizante a cada uno de los géneros por los que transitaba. Lo fantástico es que muchos de ellos subvirtieron sus parámetros y se renovaron por completo.
Lo bueno es que cada uno encontró en Asia lo que mejor se adecuaba a sus necesidades y gustos cinéfilos. Los amantes del terror encontraron en Japón una mirada nueva al género a través de inusitadas historias de fantasmas, los fans de la acción quedaron ensimismados con las propuestas surgidas en Hong Kong y Corea, el cine de autor comenzó a generar nombres y más nombres de autores de culto que abarcaban desde las más radicales posiciones a las más intimistas, delicadas y armónicas sugerencias. Poco a poco fuimos ahondando en su conocimiento y por el momento, no han dejado de sorprendernos.

-Hay quienes piensan que la calidad en el cine oriental estuvo siempre, pero que recién hoy los occidentales podemos ver el fenómeno en forma abarcativa, y que precisamente a eso se debe tanto entusiasmo. ¿Crees que en la última década hubo una suba considerable en la calidad del cine oriental?

Siempre ha existido calidad dentro del cine oriental. Resulta sintomático que hasta que Quentin Tarantino no rodara Kill Bill nadie hubiera prestado atención al cine de yakuzas de los 70 en Japón, por poner un ejemplo. De repente las filmotecas comenzaron a programar las películas de Suzuki y Fukasaku como si fueran un nuevo descubrimiento.
De todas formas sí es cierto que las diferentes cinematografías han sufrido diferentes picos de reputación a lo largo de estos últimos años dependiendo de la cosecha de los directores que iban surgiendo.
A principio de los noventa lo único que nos llegaba de Asia eran las películas del heroic bloodshed hongkonés, las de John Woo y Ringo Lam, puramente comerciales y de entretenimiento. Después las películas chinas de los directores de la Quinta Generación de Pekín (abanderados por Zhang Yimou y Cheng Kaige) comenzaron a ganar premios en los festivales internacionales. Estos han sido decisivos para dar a conocer la mayor parte de los nombres que configuran el mapa asiático, como es el caso de la consolidación de figuras como Hou Hsiao Hsien o Takeshi Kitano.
Fue Kitano quien gracias a su Flores de fuego nos abrió las puertas de Japón, y conocimos a toda una generación de cineastas que abarcaban las más dispares tendencias: desde el cyberpunk de Takashi Miike o Sogo Ishii a las etéreas filigranas filmadas por Shunji Iwai, al terror existencial de Kiyoshi Kurosawa y la vertiente documentalista conformada por Hirokazu Kore-eda, Nobuhiro Suwa y Naomi Kawase. En fin, muchas vías de enorme riqueza expresiva.
Después Hong Kong resucitó de sus cenizas gracias en parte al éxito internacional del film Infernal Affairs y a la figura fundamental de Johnnie To. En Johnnie To se simboliza perfectamente lo que comentabas acerca de que la calidad estuvo siempre ahí pero no fue hasta mucho después que fue reconocida. Hasta que en Cannes 2005 no programaron en la Sección Oficial Election nadie sabía muy bien quien era este señor. A partir de ese momento la fiebre se desató y se comenzó a estudiar su trayectoria. Todavía hoy hay magníficos títulos de To que no han sido reconocidos porque nadie les ha prestado la atención que merecen.

¿Por qué crees que el público orientalófilo de occidente está mayoritariamente compuesto por gente joven?

No especialmente joven diría yo. Los adolescentes (al menos los españoles) no están demasiado interesados en el fenómeno asiático. Sus intereses se limitan al consumo de blockbusters estadounidenses. Más bien el espectro habría que ampliarlo a la siguiente generación, de 25 a 35 años. De todas formas sí es cierto que muchos de los géneros practicados por los cineastas asiáticos (en concreto el terror y la acción), tienen una mejor aceptación por capas más jóvenes de la sociedad.

-Aplacado el estallido de creatividad del cine surcoreano del período 2000-2005, ¿crees que en algún otro país de oriente se esté gestando algún fenómeno similar?

Es difícil prever cuáles serán dentro de unos años los focos generadores de tendencias. Últimamente las modas pasan demasiado rápido y no da tiempo a saber realmente si dentro de un país se ha llegado a formar una generación sólida de cineastas capaces de provocar un intercambio real. Hace un par de años todas las miradas se posaron en Tailandia ante la aparición de Apichatpong Weerasethakul, Wisit Sasanatieng y Pen-ek Ratanaruang. Cuando vieron que no se podía sacar más, los críticos generadores de opinión volvieron su vista a cinematografías cada vez más aisladas y marginales del sudeste asiático, como Singapur, Malasia o Filipinas.
Mientras, India sigue siendo una gran desconocida. Quien sabe lo que ocurrirá en los próximos años. Lo cierto es que cada vez se tiende más a elogiar la esencialidad de las formas más primitivas, quizás con la excusa de buscar en ellas la pureza que ha perdido el cine en la actualidad (todo lo contrario, por cierto, a la estilización de buena parte del reciente cine coreano).

-¿Destacarías alguna joven promesa del panorama oriental actual?

Ultimamente se ha ensalzado a cineastas muy jóvenes que apenas han firmado dos o tres películas.
No soy especialmente partidaria de encumbrar a un director por una película para luego defenestrarlo a la siguiente como a menudo suele ocurrir. A veces se trata de manifestaciones muy aisladas que no merece la pena remarcar.
Lo mejor es dejarse llevar por las nuevas propuestas sin que éstas marquen nuestras posturas cinéfilas. Este año está de moda Malasia y han surgido tres directores interesantes que ruedan en digital como Hu Yuhang (Rain Dogs), James Lee (Before we fall in love again) y Tan Chui Mui (Love Conquers All). De Filipinas he descubierto a Auraeus Solito, Brillante Mendoza y Jeffrey Jeturian. En Hong Kong hay que seguirle la pista a Edmond Pang Ho-Cheung pues su último film, Isabella era una pequeña delicatessen y de Japón a Nobuhiro Yamashita (Linda Linda Linda y The Matsugane potshot affair) e Hiroshi Ishikawa (Tokyo.Sora y Su-ki-da). China y su Sexta Generación de cineastas con Jia Zhang-ke a la cabeza es una apuesta segura. Queda mucho cine asiático por el que dejarnos arrastrar.
Publicada en Brecha 20/7/2007