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viernes, 26 de julio de 2013

El llanero solitario (The lone ranger, Gore Verbinski, 2013)

El western, más vivo que nunca  


En los años noventa, la conjunción de Johnny Depp y Tim Burton trajo consigo películas entretenidas, familiares, un tanto delirantes, con una tonalidad a medio camino entre lo lúgubre y lo infantil. Se tomaba la posta de Spielberg para la creación de espectáculos distintos, fantasiosos, creativos y logrados con creatividad, empuje y mucha cinefilia. Burton, con Depp como fetiche, creó un universo fílmico personal, cambiándole la cara al mainstream y cimentándose un pequeño y merecido espacio en la historia del cine. 
En lo que va del siglo, parecería haber cambiado uno de los integrantes del tándem. Aunque Burton sigue en carrera (y Depp lo acompaña) el director pareció echarse mucha tierra sobre sí mismo con sus últimas Alicia en el país de las maravillas y Sombras tenebrosas, y hoy el más fantasioso -y de a ratos ciertamente oscuro- cine de acción y aventuras parecería haber quedado en las manos de Depp y el director Gore Verbinski. Los logros son sólidos, la trilogía de Piratas del caribe tiene grandes momentos y la animación Rango compitió dignamente con los exponentes actuales del género. Con esta nueva película la dupla se supera, y con creces. 
Si tomamos a los personajes feos, sucios y desagradables -aunque simpáticos a su manera- de Piratas del caribe, la acción desatada e imparable de Indiana Jones, cierta oscuridad a lo Burton –nótese el genial detalle de los conejos caníbales- y sumamos los gags a lo Buster Keaton y el humor delirante que ya parecerían ser la marca de fábrica de Verbinski, lo agitamos bien y lo volcamos en el siempre atractivo terreno del western, tendremos una aproximación de lo que vendría a ser esta película. Cine de matiné puro y duro, con olor a pop y a refresco, una montaña rusa que no se detiene por dos horas y media y de la que no querríamos bajar. Las escenas de apertura y de cierre tienen lugar en un parque de diversiones: toda una declaración de intenciones.
Por supuesto que se echa mano a fórmulas. La rastrera traición y la cruzada vengativa; los protagonistas que pertenecen a distintos mundos y que pasan media película peleándose hasta que vence la amistad; el villano pérfido que no pierde la oportunidad de matar a quien no le gusta –sea del bando contrario o del suyo propio-; la captura de uno de los integrantes de la dupla; la chica engañada y secuestrada a la que hay que ir a rescatar. Pero cada uno de estos lugares comunes es llevado adelante con buen ritmo, mucha gracia y con detalles atractivos y originales. Por más que los villanos (brillantes William Fichtner y Tom Wilkinson) sean estereotipos, su mérito está precisamente en ser tan desagradables, y finalmente la moraleja anárquica contra la ley y el progreso, de tan naif hasta despierta cierta simpatía. 
Sobre el final, una larga y vertiginosa secuencia a toda velocidad y sobre un tren, al frenético compás de la finale de Rossini y con un montaje paralelo que muestra distintas contiendas al mismo tiempo, merece ser ingresada en una antología de las mejores escenas de acción jamás filmadas. Que viva el cine.

Publicado en Brecha el 26/7/2013
 

domingo, 13 de marzo de 2011

Rango (Gore Verbinski, 2011)

Pánico y locura en la mugre

Los ejemplos ya son tantos que hasta se vuelve difícil seguirles los pasos. La animación estadounidense está atravesando una verdadera revolución creativa, sin precedentes en su historia -quizá sólo comparable a la que ocurría en los años 30, a los comienzos del cine sonoro-. A las impagables compañías de animación Pixar, Dreamworks y Sony Pictures Animation también hay que sumarles ahora la Disney (que asombra con películas recientes como Bolt o la grandiosa Enredados) Blue Sky Studios (Robots, Horton y el mundo de los quién) y la que aquí entra en juego: Industrial Light & Magic. Se trata de una histórica compañía de efectos especiales, fundada por George Lucas, que desplegó habilidades en Star Wars (las dos trilogías), Volver al futuro, Men in black, varias Harry Potter, Iron man y un larguísimo etcétera. Rango vendría a ser su primer largometraje de animación de producción propia, y el director a cargo no es otro que Gore Verbinski, un amante del cine clásico que ya había desenterrado el cine de piratas con la trilogía Piratas del caribe.
Rango es un western. Y no hay caso, no hay forma de matar al género. No sólo está más vivo que nunca, sino que además es el terreno en el cual hoy se ensayan demencias experimentales como The burrowers (mezcla de terror y western) la bizarrada japonesa Sukiyaki western Django (de Takashi Miike) o el estridente divertimento surcoreano The good the bad and the weird. Aquí la animación busca una estética desagradable y grotesca que puede chocar al comienzo, pero que al cabo de un rato se vuelve costumbre, cuando se descubre la coherencia del universo presentado. Porque aquí nos retrotraemos a los westerns más sucios, aquellos de Peckinpah y Leone, en donde el polvo desértico se apuntalaba en rostros curtidísimos y expresiones intimidantes. El personaje principal –a quien en la versión original le da voz Johnny Depp- es un camaleón doméstico que va a parar a un pueblo llamado acertadamente Mugre, y se asemeja un tanto al toxicómano Jack Sparrow de Piratas del caribe, en el sentido en que reacciona al peligro de formas inverosímiles, desplegando comportamientos impensables, escenificando situaciones y ensayando una mitomanía patológica. El pueblo de mala muerte es habitado mayoritariamente por roedores de pocas luces, que colocan al fabulador como Sheriff, por lo que queda expuesto a peligros inconmensurables.
Las escenas de acción están muy bien logradas. La persecución de los murciélagos, o el enfrentamiento del protagonista con un par de animales inmensos son poderosos y vertiginosos. Las referencias cinéfilas son una infinidad, y los chistes adultos de doble sentido –muchos de índole sexual- llaman la atención y agregan cierta personalidad al planteo. De la misma manera que en los westerns de Leone, los personajes no presentan relieves psicológicos, pero sí rasgos caricaturescos que los vuelven atractivos. Carente de profundidad alguna pero eficaz en sus pretensiones de divertir, Rango es, en definitiva, otro digno entretenimiento familiar.


Publicado en Brecha el 11/3/2011