Reconstrucción del desastre
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| Acto de violencia en una joven periodista (1988) |
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| Ed Wood (1994) |
Publicado en Brecha el 19/1/2018
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| Acto de violencia en una joven periodista (1988) |
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| Ed Wood (1994) |


Hace ya dieciséis años se estrenaba El extraño mundo de Jack (su título original era The nightmare before christmas) un largometraje animado que escapaba a parámetros preexistentes. Se trataba de un musical meticulosamente armado, repleto de pequeños detalles, dotado de una estética tan encantadora como retorcida y lúgubre. Fue el primer largo íntegramente filmado con la artesanal y esforzada técnica del stop motion, por la cual se utilizan muñequitos en miniatura y se los fotografía cuadro a cuadro generando así la ilusión de movimiento. La película es un prodigio en la materia, y aún hoy es reverenciada por los estudiosos. También goza de un mérito inesperado; en los últimos años la figura de Jack Skellington, su esquelético protagonista, se ha vuelto un ícono omnipresente entre los jóvenes y un brutal fenómeno de merchandising. Pálido y sombrío, simpático e inquietante, presente en pins, carteras, billeteras, remeras y cuanta ropa pueda imaginarse, Jack es una poderosa manifestación cultural que enlaza de forma atractiva la infancia y la muerte, y puede verse por triplicado en cuanto ejemplar de emo, flogger o adolescente ataviado de negro ande en la vuelta.
Y contrariamente a lo que la mayoría piensa, El extraño mundo de Jack no es una película dirigida por Tim Burton. El título que la producción ordenó imprimir en posters y en tapas de vhs "Tim Burton's nightmare before christmas" conducía a tal engaño. Es verdad que Burton produjo, aportó la idea original, diseñó los caracteres principales -por lo cual la fiebre actual podría considerarse mérito suyo- e incluso supervisó el proyecto, pero lo cierto es que también lo delegó y dejó en manos de un experto animador de su mayor confianza: Henry Selick.
Cuando la película se estrenó y Burton estaba en boca de todos, el crítico Roger Ebert escribía para el Chicago Sun Times: "Pero el director del filme, un veterano maestro de la animación llamado Henry Selick, es la persona que ha hecho todo el trabajo. Y sus logros son inmensos. Trabajando con talentosos artistas y diseñadores, ha fabricado un mundo completamente nuevo, como los que vimos por primera vez en filmes como Metrópolis, El gabinete del Sr. Caligari y Star wars."
Es llamativo que precisamente la película más burtoniana de todas y la que mejor define su estilo no haya sido dirigida por Burton; y uno de los problemas que Selick a tenido desde entonces es que nadie lo reconoce, cuando sus méritos son indiscutibles. No son pocos los que incluso creen que su posterior película Jim y el durazno gigante es también de autoría de Burton, y la razón puede achacársele otra vez a los títulos promocionales: "de los realizadores de El extraño mundo de Jack", cuando no el maldito “Tim Burton´s”. Condenado a pasar su carrera a la sombra de su ocasional productor, Selick quizá pueda librarse al fin de ese lastre con esta notable Coraline y la puerta secreta.


Death proof de Tarantino (Estados Unidos)
Sweeney Todd de Tim Burton (Estados Unidos/Inglaterra)
4 Meses, 3 semanas y 2 días de Cristian Mungiu (Rumania)
La soledad de Jaime Rosales (España)
Mataharis de Iciar Bollaín (España)
Anjos do sol de Rudi Lagemann (Brasil)
Moliere de Laurent Tirard (Francia)
Lost - cuarta temporada
Anatomy of a murder de Otto Preminger (Estados Unidos, 1959)

Si la oscura temática, el humor negro, el aspecto musical y las atmósferas de romance y fantasía siempre fueron rasgos burtonianos, lo verdaderamente novedoso de Sweeney Todd es su desenlace, digno de la más atroz y desoladora tragedia griega. Si bien de a ratos Burton se ha mostrado prudente, creando películas sin demasiados desbordes y aptas para niños, Sweeney Todd podría verse como una impactante descarga, un recuerdo de hasta qué límites inciertos es capaz de llegar el caudal creativo del cineasta.
Felizmente superficial. Se ha criticado al filme por ser hueco, por su inconsistencia, y por alguna evidente incoherencia en la trama. “¿Por qué Sweeney no mata al malo la primera vez que se le presenta la ocasión?” escribió alguien. Una respuesta posible es: porque sólo así podríamos disfrutar de una hora más de un musical alucinante, único en su especie.
Decir que nos encontramos con una película hueca o superficial no es un ataque, sino que es una definición que no es perjudicial en lo más mínimo. El director no calla nada, no busca las elipsis ni la sugerencia, y no pretende despertar reflexiones profundas. Planta toda su fuerza en las atmósferas, y vaya si las logra. En los mundos de Burton cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia; su audiencia debe saber abandonar sus preconceptos, sumergirse en sus universos, dejarse llevar y no buscarle quintas patas al gato. Y no existe nada como una buena trama superficial para hundirse de lleno en ella. Reflexiones existenciales en este contexto resultarían contraproducentes. Paradójicamente, a unos cuantos nos gustaría quedarnos a vivir en un mundo rebosante de imaginación y canciones notables como el de Sweeney Todd, aunque abunde en sangre e inmundicias varias.
Publicado en Brecha 15/2/2008