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martes, 6 de mayo de 2014

Las mejores películas (XXIII)

Esta selección viene condimentada con mucho gore, asunto curioso, visto que no hay ni una película aquí que pueda encasillarse dentro del género del terror. Ahora, considerando lo sanguinolienta que quedó, le recomiendo a la gente sensible o que se asesore con una segunda opinión o que busque recomendaciones en otro blog; que por acá no nos andamos con mariconadas. 

A touch of sin de Jia Zhang-ke (China)
¿Qué pasa si cruzamos al Kitano más violento con el Jia Zhang-ke más comprometido? La respuesta es esta película, una de las más demoledoras representaciones de la China actual, un fresco que pone en evidencia sus mayores contradicciones, sus insufribles trasfondos, la cara más sórdida de la más desacatada industrialización, del "progreso" a marchas forzadas y del alzamiento de una megapotencia a costa de mucha miseria humana. A mi parecer, la película del año, y otra insuperable obra maestra de uno de los más grandes cineastas que tenemos la suerte de seguir en vida.

Gloria de Sebastián Lelio (Chile, España)
Que el cine chileno viene en alza no es novedad para nadie, pero realmente quedé impactado con esta película. La Gloria del título es una mujer de 58 años, solitaria, con hijos ya mayores y divorciada. Por las noches, las fiestas, el baile y la bebida parecen ser una fuente de entusiasmo y quizá, la forma de entrar en contacto con algún pretendiente. En estas vueltas, conoce a un señor con el que podría intentar una relación, pero como dice el refrán, el diablo sabe más por viejo que por diablo y la desconfianza está a la orden del día. Un guión superior, que explora comportamientos humanos presentes no sólo en determinada franja etaria, sino en todo el abanico vital.

La vida de Adèle de Abdellatif Kechiche (Francia, Bélgica, España)
Mientras expreso mi fanatismo por la obra del director Abdellatif Kechiche y rindo cultos varios a criaturas maravillosas como Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos, festejo que esta película se haya llevado la palma de oro en Cannes el año pasado (aunque venía peleado el asunto, con Jia Zhang-ke, Sorrentino y Farhadi en competencia). El recorrido a través de la vida afectiva y sexual de una chica supone un tórrido y sensible fresco sobre la iniciación en las pasiones, las decepciones y los duelos amorosos, sin buenos ni malos, sin culpables o victimarios, áspero como la vida misma, agridulce y doloroso. La puesta en escena y la dirección de actores son sorprendentes.

Snowpiercer de Bong Joon-ho (Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, República Checa)
El experimento para solucionar el asunto del calentamiento global falló y las sustancias enviadas a la atmósfera convirtieron a nuestro mundo en un páramo helado. Los últimos sobrevivientes al apocalipsis son un grupo de pasajeros de un tren autosustentable, que gira alrededor del mundo en un loop eterno. Pero adentro de este tren se reproducen las peores injusticias, las desigualdades y el más inaceptable cinismo, característicos de nuestros tiempos... Para hacer la revolución hay que saber romper con los paradigmas y los parámetros esperables, si no es que se pretende caer otra vez en más de lo mismo.

Sarah prefiere correr de Chloé Robichaud (Canadá)
Y lo bien que hace. Con su pelo anudado, ojos enormes y una mirada extraviada, Sarah (imponente Sophie Desmarais) supone un gran enigma para el espectador. Lo único que sabemos con certeza es que le gusta mucho correr. Frente a las imposiciones sociales, los reclamos familiares, el despertar sexual, los nuevos mandatos y los caminos que se abren, ella prefiere desobedecer a su madre, seguir su propio rumbo y abocarse obsesivamente a un equipo universitario de carreras. El debut de la joven directora Chloé Robichaud está dotado de una deslumbrante fuerza poética, con ascetismo y convicción.

Headhunters de Morten Tyldum (Noruega, Suecia, Dinamarca, Alemania)
A pesar de ser el headhunter (cazatalentos) más hábil de todo Noruega y de poseer todos los bienes materiales como para satisfacerse, el protagonista debe compensar su complejo de inferioridad y su vacío existencial con dosis sustanciales de adrenalina y el hurto a particulares de sus valiosas obras de arte. Un thriller increíble que alterna intensos robos, una persecución sanguinaria y un sorprendente y catártico contraataque. Imperdible adaptación de un noir escandinavo (esta vez una obra del novelista Jo Nesbø) que aporta una trama que no da respiros y hasta se permite alguna inteligente reflexión en torno a la vida marital y sus pormenores.  

Tirannosaur de Paddy Considine (Reino Unido)
Después de matar a patadas a su perro, el protagonista ya se ganó una sustanciosa condena moral. Sin embargo, a lo largo de la película esta lacra humana va despertando un interés considerable, en su desprecio compulsivo a todo lo que le rodea, en su deambular por los bajos mundos de Leeds, Inglaterra. Consumido por la ira y la violencia, el hombre parece encontrar una esperanza en la caritativa ayuda de la trabajadora de una tienda, cristiana convencida que intentará apaciguar sus ánimos. Otra gran ópera prima.

Why don't you play in hell? de Sion Sono (Japón)
Los "Fuck bombers" son al cine lo que la soda cáustica a la función intestinal. Guerrilla pura, descontrol, cine callejero duro, crudo y sin concesiones. Pero cuando este equipo desquiciado es contratado por un grupo de yakuzas para filmar y registrar directamente una guerra entre bandas, los sueños de sus integrantes de lograr por fin su "obra maestra" se vuelven realidad. Lo que hicieron dignamente Fellini, Truffaut, Kiarostami y tantos otros reconocidos cineastas, Sono lo redobla concibiendo cine dentro del cine como nunca antes se había hecho. Un bizarro y anárquico exabrupto gore, con el pulso de un maestro. Larguísima vida a uno de los cineastas japoneses más delirantes de todos.

Tucker and Dale vs Evil de Ely Craig (Canadá, Estados Unidos)
Una divertidísima parodia al cine slasher que se encarga de utilizar los parámetros del género para subvertirlos, al tiempo que se burla de los prejuicios y del miedo a lo desconocido imperantes, aún entre jóvenes. No tengo muchas ganas de andar destripando el argumento, pero puedo afirmar que a grandes rasgos todo tiene que ver con un grupo de adolescentes que se va a acampar a las montañas, que una gran amenaza parece cernirse sobre ellos, y que empiezan a morir como moscas, uno por uno. Pero no se engañen, que la película no tiene mucho que ver con lo que en este momento se están imaginando.

El lobo de Wall Street de Martin Scorsese (Estados Unidos) 
Luego de una debacle económica que sacudió y hundió a la clase media estadounidense, el maestro se desquita con una película anárquica, sobregirada y feroz, que supone el definitivo desprestigio de esos corredores de bolsa que antes eran encumbrados en el cine y que llevaron a un país a la ruina a fuerza de ambición, aderezada con mucha coca y adrenalina. Una película imperfecta, desprolija y desacatada, que ofrece un cúmulo de esas escenas que se hacen imposibles de olvidar. Y chapeau por Matthew McConaughey, que la rompe los pocos minutos que aparece.

sábado, 3 de marzo de 2012

Las mejores películas (XVIII)

La verdad es que este año los óscars no me interesaron demasiado; en fin, me parece que ganó la mejorcita, pero me da lo mismo porque ninguna me interesaba demasiado. Y bueno, por fuera de las galas y las alfombras rojas el cine sigue vivo, realmente existe, palpita y se impone. Estas pelis, por ejemplo; al menos dos obras maestras, cinco o seis pelis imprescindibles y un par más que dignas. Espero que las disfruten tanto como yo, salut!

-El estudiante de Santiago Mitre (Argentina)
Un ascenso político, una trama de conspiraciones, estrategias, traiciones, corrupción y manoseos varios. La aproximación a los gremios de la Facultad de Ciencias Sociales ofrece, por metonimia, una mirada a la política nacional y a la política toda, con psicología, un guión perfecto, climas grandiosos, situaciones realistas e incómodas que todos conocimos parcialmente alguna vez. Una obra maestra con todas las letras, en la que confluyen varios de los más grandes talentos del cine argentino actual.

-Desasosiego - cine de las maravillas de varios directores (Brasil)
Un collage experimental formidable, una colcha de retazos, pedazos de sueños, explosiones, utopía y apocalipsis. Los cineastas Felipe Bragança y Marina Meliande descubrieron unos breves apuntes de una adolescente de 16 años, y los convirtieron en una carta-manifiesto. Luego se la enviaron a otros doce directores emergentes -entre los que se cuenta el gran Karim Ainouz- con el objetivo de que sirviera como inspiración para que filmaran lo que quisieran. Una obra mayor del cine experimental y una película vital, deliberadamente contraria a las insoportables tendencias realistas de mucho cine brasilero actual.

-Amateur de Néstor Frenkel (Argentina)
La historia del cine familiar en Super 8, más la introducción al personaje de Jorge Mario, personaje excéntrico si los hay, paradigma del hombre-orquesta. Septuagenario infatigable, cinéfilo obseso, odontólogo de profesión, filatelista, jugador de paddle, campeón de tiro, coleccionista en general –de latas, billetes, películas propias y ajenas-, conductor de un programa radial y fundador y líder de un grupo de boy-scouts. El abordaje de Frenkel parece bordear la burla, pero acaba dando cuenta de un inmenso cariño por un personaje adorable, más grande que la vida.

-Happy happy de Anne Sewitsky (Noruega)
En la costa sur de Noruega existe una comunidad a la que se llama comúnmente Happy christians. Gente que sonríe constantemente y que comparte una visión optimista del mundo. Pero por detras de las apariencias se encuentra una vida que no suele condecirse con las fachadas. Anne Sewitsky analiza, con desempeño quirúrgico, dos familias tipo, su encuentro vecinal y un choque que fuerza el reflejo de unos en otros. Una película caprichosa, con curiosos insertos musicales, que retrotrae al mejor Bergman y que habla con sabiduría y universal validez sobre temas vitales.

-3 idiotas de Rejkumar Hirani (India)
Bollywood puro: tragedia, drama, comedia, romance y musical, en una universidad India cuyo rigor opresivo mueve a los estudiantes al suicidio. La universalidad de la trama, la simpatía de los personajes y la vitalidad del planteo todo vuelven a a esta película una joyita dificilmente olvidable, para disfrutar solos o -por qué no- en familia y disfrutar como monos durante unas buenas tres horitas. Vamossss, no tengan miedo, ¡dénle la oportunidad!

-Un año más de Mike Leigh (Inglaterra)
La aproximación a la apacible cotidianeidad de una pareja de sesentones va convirtiéndose en un impactante acercamiento a la vida de una mujer soltera, sumergida en la depresión y los vicios. Filmado como sólo los maestros pueden, con actuaciones soberbias, muchos primeros planos y una mirada tierna y comprensiva pero al mismo tiempo implacable, Mike Leigh logra otra maravilla fílmica (y ya van... ¿5?).

-Las acacias de Pablo Giorgelli (Argentina, España)
El acercamiento detenido, casi documental de esta película podría dar a pensar que se trata de algo extremandamente lento y soporífero, pero el notable director debutante Pablo Giorgelli, desde el primer momento en que plantea la relación del áspero camionero y la desconfiada madre paraguaya logra introducir una tensión constante que capta la atención y el interés. De a poco, se van dibujando auténticos personajes, y una historia cautivante.

-Misión imposible: Protocolo fantasma de Brad Bird (Estados Unidos, Emiratos Árabes)
El director de Los Increíbles y Ratatouille debuta en el cine de acción real y lo hace con alegría y mucha intensidad, logrando grandiosas escenas de dinamismo desatado. Un escape de la cárcel divertidísimo, una tensa infiltración al edificio del Kremlin, una vertiginosa escalada al Burj Califa en Dubai, un insalubre doble simulacro, una persecusión en medio de una tormenta de arena. Hollywood del mejor, con gran vuelo imaginativo. Una revelación Léa Seydoux a la que, yo primero, me pido para el desayuno.


Poder sin límites de Josh Trank (Estados Unidos, Reino Unido)
Akira independiente. Tres pibes que se consiguen superpoderes, que a uno se le va la moto y empieza a romper todo. Digamos que la historia es robada, y que hay algún defecto en el guión que se podría haber evitado. Pero en serio, acá hay muy buenas ideas de concepción, buenos climas y un par de escenas geniales, y el asunto de la cámara-documental da una idea de realismo que lleva a que se vuelva muy vívido el asunto de los superpoderes. No lo duden, vamos a seguir oyendo de Josh Trank por muchísimo tiempo más.

-El salario del miedo de Henri Georges-Clouzot (Francia, Italia) 1953
El principio da un poco de risa. Entramos en un poblado miserable, situado en un incierto lugar de sudamérica. Pero lo curioso es que todos los pobladores hablan un español pésimo, lo que demuestra las dificultades (o el desinterés) en la época para conseguir actores hispanohablantes. Al pueblo van a parar maleantes de todo tipo, prófugos de la justicia que necesitan desaparecer por un período. Pero si bien es fácil entrar, es muy difícil salir, por lo que los protagonistas deben abocarse a los trabajos más riesgosos. Una obra mayor, con uno de los finales más asombrosos que jamás haya visto.

viernes, 21 de octubre de 2011

Aguas turbulentas (DeUsynlige, Erik Poppe, 2008)

El trauma por duplicado


Esta película parte de una situación difícil y al mismo tiempo irresistible. Luego de una escena inicial en la que tiene lugar el secuestro a un niño por parte de dos adolescentes, se ve inmediatamente a uno de ellos, 15 años después, saliendo de prisión. El ex convicto se dirige a una iglesia de Oslo a buscar trabajo como músico y en seguida es aceptado, ya que toca el órgano como los dioses. Eso sí, para pasar desapercibido y que la gente no lo asocie con un crimen aún recordado se hace llamar por su segundo nombre, Thomas. Se va dando entonces información de a cuentagotas, manteniendo en misterio hechos determinantes, como qué fue lo que ocurrió realmente, 15 años atrás, y qué grado de culpabilidad tiene nuestro protagonista. Sutilmente, el talentoso director Erik Poppe logra un arduo cometido: que la audiencia haga empatía con un personaje del que se sospecha lo peor. Y lo hace exponiendo sus dificultades para integrarse, dejando presentir sus miedos -la dirección de actores es genial- y dando muestras de un dolor, un trauma y una carga inmensos, apenas aliviados en tremendas catarsis organísticas.
La película da un giro -más bien un quiebre- pasada la mitad del metraje. Y quizá para no arruinar una sorpresa y un salto atractivo y notable, no convenga contar en qué está centrada esa segunda mitad. Baste saber que allí hay un salto temporal, que comienzan a iluminarse los espacios de sombra presentados al comienzo, y que se profundiza en otro trauma inextirpable, uno vinculado al otro, sumando tensión y dramatismo al asunto.
Se vuelve imperativo dar un vistazo a las dos películas anteriores de Poppe, Hawai, Oslo (2004) y Schpaaa (1998) que, junto a esta, conforman de alguna manera una trilogía. La dirección es impecable y a nivel técnico no hay cuestionamientos posibles. Poppe supo filmar avisos publicitarios con anterioridad y usa su conocimiento en el área para lograr tomas poderosas y refulgentes que contrastan con la gravedad imperante; los silencios acentúan la tensión y los planos secuencia que siguen de cerca a los personajes y giran a su alrededor transmiten una sensación de extrañamiento. Como en Incendies –aunque quizá sin tanto vuelo-, se formula un impactante drama con un envoltorio elegante, sin ahorrar climas ni situaciones espectaculares. Como en la también reciente El laberinto –pero con mayor intensidad-, la profundización en hechos dolorosos dispara reflexiones sobre el ser humano y su conducta en atípicas circunstancias.
Algunas rebuscadas situaciones finales –demasiado jugadas a la espectacularidad y el dramatismo- resienten la credibilidad del planteo y juegan muy en contra de una película que, hasta entonces, mantenía el listón muy alto. Aún así, Aguas turbulentas es uno de los platos fuertes de la cartelera actual; uno que recuerda, una vez más, que hay que prestarle atención al sorprendente cine noruego.

Publicado en Brecha el 21/10/201

jueves, 18 de agosto de 2011

3 irresistibles

Hay películas que, aunque no sean la gran maravilla, vale la pena reseñar, resaltar y dar a conocer. Aun cuando la mayoría de los espectadores no las comprenderían y/o tolerarían, aun cuando rozan lo estrafalario, aun cuando por momentos pareciera que son una tomadura de pelo y aun cuando hay que estar un poco mal de la cabeza para que gusten. Pero cierto es que, aunque reducido, existe un público para ellas, que Internet es una herramienta notable para dar con esta clase de bizarradas y que, a su manera, también aportan su dosis experimental al universo cinematográfico.

Todos los elementos que conforman The house of the devil (Estados Unidos, 2009) llevan a pensar que se trata de una película de terror de los años ochenta: la estética, la música, el vestuario, el maquillaje, los decorados, sus distendidos ritmos, la temática escogida, el guión; hasta el obsoleto título parece de época. Pero lo increíble es que se trata de una película filmada ayer mismo y que fue concebida por un detallista enfermo llamado Ti West. La composición es impecable, el suspenso se dilata hasta la exasperación, y la historia de una chica que va a cuidar no se sabe bien qué a la lúgubre mansión de una familia terrorífica, hoy no tendría pies ni cabeza. Incluso hay clichés, elementos de inverosimilitud que no son propios de nuestra época sino de los mismísimos ochenta. Quizá lo único que escape un poco a la ilusión sean las actuaciones, que están muy bien, -en aquellos tiempos las películas de terror clase B estaban muy mal actuadas- y aquí reluce especialmente el veterano Tom Noonan, con un papel inquietante. The house of the devil es una joyita para entendidos -ojo, que llega a puntos de intensidad y gore que parecen sacados de El loco de la motosierra (1974)-, un grotesco plato que es mejor consumirlo frío, de noche, y con las luces bajas.

Por su parte, Trolljegeren (Noruega, 2010) es un extraño mockumentary -o falso documental- noruego: un grupo de estudiantes universitarios comienza a rodar un reportaje a un cazador furtivo, de quien sospechan que está cazando osos en forma clandestina. El hombre desaparece por las noches, su auto está todo rasguñado –por zarpazos inconcebiblemente grandes- y en un comienzo se rehúsa a responder las preguntas de los estudiantes. Pero al poco tiempo de metraje, el equipo de filmación, -junto a los espectadores- se dará cuenta de que no se trata precisamente de un cazador de osos sino de inmensos trolls, que se encuentra al servicio de un grupo gubernamental que se dedica a mantener a esas criaturas dentro de los límites de sus reservas naturales y de hacer creer a los lugareños que las masacres de ganado o las caídas de árboles son obra de los osos y de fenómenos climáticos. Por la temática y las corridas desesperadas con cámara al hombro, el filme recuerda a películas como La cinta McPherson, El proyecto Blair Witch, o REC, pero quizá lo más parecido a esto sea la fallida Incident at Loch Ness, en la que el mismísimo Werner Herzog se adentraba en el lago del título para filmar al legendario monstruo, y lo lograba. Bien filmada y con efectos especiales impactantes, Trolljegeren es una rareza descomunal.

Y qué se podría decir de la francesa-angoleña Rubber (Francia, Angola, 2010) una de las películas más extrañas e incalificables que haya visto en mi vida. Aquí todo intento de descripción, todo rótulo genérico, toda definición será insuficiente, pero bueno, haremos el intento: el protagonista de esta “historia” es nada menos que Robert, un simpático neumático. Sí señor, una ordinaria “cubierta” de automóvil, que claro, tiene habilidades particulares. Se desplaza rodando por sí misma, tiene sentimientos e inicia un recorrido repleto de imprevistos y adversidades. Pero también se descubrirá que goza de otras capacidades diferentes: es capaz de hacer explotar objetos, animales y hasta cabezas humanas con sus poderes telequinéticos. No se puede decir que exista algo esencialmente malo en ella, tan sólo se remite a destruir todo elemento molesto que se le cruza en el camino. Mientras tanto, desde un paraje desértico, un grupo de espectadores observa la acción con prismáticos, y la comenta como si se tratara de una película. Rubber es un delirio que entrecruza la road movie, el terror y la comedia, que tiene sus chispazos de genialidad, que es capaz de arrancar más de una carcajada y que hasta se permite algunos momentos de reflexión meta-cinematográfica. Y además tiene el plus de que, una vez terminada la función, el espectador podrá contar a sus amigos que vivió para ver una película sobre un neumático asesino.

Publicado en Brecha el 19/8/2011