La primera es una obra maestra, y también el último par de clásicos. Buen material en general, aunque quizá esta no sea una racha tan grandiosa como en otras ocasiones.
Vibrator de Ryuichi Hiroki (Japón)Un encuentro furtivo deriva en una road movie inmensamente original y madura, excusa para una profunda exploración de caracteres y para radiografiar la soledad, el miedo, la atroz disgregación social de una sociedad fracturada. El final, enigmático y de una angustia arrolladora, lleva a pensar la película una y otra vez. No me lo puedo sacar de la cabeza.
Kung fu panda de Mark Osborne y John Stevenson (Estados Unidos)Un graciosísimo homenaje al cine de artes marciales de las últimas décadas. La historia no es nada original y pisa veintisietemil lugares comunes, pero hay mucha energía y ganas de divertirse depositadas en esta peli. Normalmente no me atraen las secuelas, pero los personajes me gustaron tanto que ya estoy esperando una segunda parte.
A dirty carnival de Ha Yoo (Corea del Sur)Una película de gángsters típicamente coreana, con arrolladores estallidos de violencia y caracteres delineados con ejemplar madurez. El director logra transmitir toda la pesadez de una profesión detestable y los conflictos existenciales que acarrea un protagonista que no podía ser más desgraciado. Las escenas de peleas gangsteriles son lo máximo.
Meteoro de los Wachowski (Estados Unidos)La mejor película de los Wachowski hasta la fecha. La adaptación de la serie de los 60 es una excusa para que los directores levanten vuelo, y para hacer una película como nunca antes se vio. Las escenas de artes marciales son imponentes, y los directores hasta se dan el lujo de intercalar reflexiones existenciales. Christina Ricci y sus ojos redondos de tipo animé es de lo más lindo que he visto en mucho tiempo.
Deliver us from evil de Amy Berg (Estados Unidos)Un documental sobre curas pedófilos, donde se entrevista a víctimas, victimarios, especialistas, familiares engañados. Hay que armarse de valor y verlo, por lo menos para terminar de asegurarse que la iglesia católica es una mierda total. Está fragmentado en youtube, y a disposición. La semisonrisa del acomodado sacerdote O’Grady nunca se borrará de mi mente.
Love letter de Shunji Iwai (Japón)Creo que Japón, junto a Corea del Sur y Estados Unidos, es de los países en los que encuentro mayor cantidad de directores brillantes. Iwai es condenadamente genial, y resultan notablemente atractivas su estética inmaculada y sus impecables imágenes surcadas por el dolor y las iniquidades de la existencia. El día que logre ver una película de este director en la pantalla grande va a ser un summum total.
Arrivederci amore, ciao de Michele Soavi (Italia, Francia)Hace muchísimo que no veía a un protagonista tan hijo de puta. En serio, dan ganas de agarrarlo a patadas una docena de veces a lo largo de toda la peli, y creo que precisamente es eso lo que lo hace tan atractivo. No sé que le pasó a este heredero de Argento, que de golpe dejó de hacer películas de terror y se mandó esta extraña película.
Wall-E de Andrew Stanton (Estados Unidos)Pixar marca la diferencia en lo referente al cine mainstream infantil, que en realidad de infantil no tiene mucho. Una historia de amor distendida, casi sin diálogos, una parábola deliciosa y refinada en detalles y repleta de referencias al cine clásico. Tiene sus defectos pero por momentos es sumamente intensa; armense de pañuelos.
Tale of cinema de Hong Sang-soo (Francia, Corea del Sur)Las películas de Hong Sang-soo, como las de su maestro Eric Rohmer, son sabias lecciones de vida y de cine. Yo las trato de dosificar, porque son pocas y mucha la tentación. Por ahora vengo aguantándome bastante bien, pero en cualquier momento sucumbo y veo todas las que me faltan de un tirón. En esta es especialmente sorprendente el tratamiento de personajes, la estructura narrativa elegida y la general originalidad del planteo.
It’s a wonderful life De Frank Capra (1946, Estados Unidos)El mayor problema de estas listas es que a veces me toca admitir que nunca había visto algunas de estas obras insoslayables. Ya le tocaba el turno a esta maravilla. Desde un punto de vista crítico es un tanto defectuosa, pero qué importa eso si es absolutamente genial y emotiva. Me sorprendí a mi mismo llorando a mares en las escenas finales, y no debe existir otra película que dé más ganas de vivir. Ya me estoy bajando todas las pelis de Capra que encontré.
El hombre de la cámara de Dziga Vertov (1929, Unión Soviética)Y qué se puede decir de esta obra suprema del cine experimental, del cine documental, del cine todo. Hasta ahora pensaba que sabía algo sobre el séptimo arte, pero me doy cuenta de que no era nadie antes de dar con esto. A los cachorros que no la hayan visto, sépanlo: aún no se enteraron de nada.









