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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cine erótico hoy

La sugerencia amputada

El cine erótico actual brilla por su ausencia. En su lugar, la pornografía parece haber expandido sus dominios, dejando poco lugar a la sugerencia, a la seducción, a lo oculto o lo que sólo puede ser intuido o visto parcialmente. Pocos sospechan las verdaderas razones del cambio reciente.



Si uno se aproxima al cine norteamericano y europeo de la década del setenta, se dará cuenta de que en general sus películas eran sumamente provocativas y que, pertenecieran al género que fuese, tenían más desnudos y en ellos estaba más presente el erotismo que en el cine actual. Incluso en los años ochenta y hasta comienzos de los noventa existía una sólida producción de películas eróticas, fácilmente ubicables en góndolas específicas de video clubes. Podían verse allí Atracción fatal, Nueve semanas y media, El cuarto hombre, Bajos instintos, Cuerpos ardientes, Showgirls, entre tantas otras. Hoy, parecería que hubiese una involución al respecto. El thriller erótico, o sea, el terreno donde más se asentaba el erotismo dominante, despareció y se denigró casi totalmente –y qué mejor prueba que la casi infantil y a todas luces fallida Bajos instintos 2-.
El máximo responsable de esta ausencia es el consejo de ratings de la MPAA (Motion Pictures Association of America) departamento encargado de calificar las películas de acuerdo a franjas etarias. En los últimos años sus reglas se han endurecido, impidiendo que las temáticas de índole sexual tengan un espacio preponderante en las películas. Si un filme a exhibirse en los Estados Unidos hace repetidas referencias verbales al acto sexual, tiene desnudos integrales o escenas de sexo que no son del agrado del consejo, le es estampada la calificación NC-17. Esto significa que los menores de 17 años tienen prohibida la entrada a las salas que exhiban el filme, pero hay implicancias mayores ya que la película no será recibida por las principales cadenas de alquiler y venta de dvds –Blockbuster, Wal-mart, Hollywood video- los más importantes medios de comunicación no aceptarán publicidad relativa a ellas y los grandes complejos cinematográficos no la exhibirán. A un productor, esa calificación puede costarle millones o decenas de millones de dólares.
El consejo de calificaciones está integrado por padres anónimos y en principio elegidos al azar, pero una investigación reciente demostró que son escogidos a dedo y que guardan estrechos vínculos con el partido republicano y la iglesia, lo que explica el fuerte puritanismo de sus medidas. El resultado: los productores son conscientes de que invertir en películas eróticas es un suicidio comercial, y hacen lo imposible para evitar el género. Como suele suceder en estos casos, de acuerdo a las conveniencias de la industria o a los vínculos de productores o directores con la MPAA, las reglas pueden flexibilizarse un poco. Sí es cierto que en algunas películas de directores de renombre hay tramos de alto voltaje erótico -como la escena del prostíbulo en Promesas del Este o el comienzo de Antes que el diablo sepa que estás muerto- pero son fragmentos breves, y si hubiera varios como esos a lo largo de las películas, éstas no hubieran sido posibles.
Al no existir propuestas eróticas lanzadas desde el centro, la ausencia repercute negativamente en la periferia –es lógico, ya que el cine dominante norteamericano es consumido en todo el mundo y por la amplia mayoría de los cineastas-. Actualmente, hacer cine erótico en cualquier parte del planeta es algo excepcional, y es ir en contra de los estándares establecidos.

Tres grandes excepciones

Choses secrètes de Jean-Claude Brisseau (Francia)
Natalie (Coralie Revel) es stripper, Sandrinne (Sabrina Seyvecou) trabaja en una barra. Ambas son bellísimas, ambiciosas y un tanto osadas, y juntas deciden utilizar su sensualidad como una herramienta para manipular a los hombres. Consiguiendo trabajo simultáneamente en una corporación financiera, se proponen una feroz escalada hasta los más altos cargos empresariales, para así poder ampliar su influencia y su poder. Lo que no esperan es que las emociones les jueguen malas pasadas, ni dar con un hombre aún más perverso e inmoral que las dos juntas.
Una película que seduce por su inteligencia y su elegancia, más una estética descarada y atractiva como las mismas protagonistas. También puede decirse que se trata de una obra un tanto pretenciosa y ampulosa, pero eso no llega a molestar demasiado ya que hay mucho talento y originalidad volcado en estos fotogramas. Muchos desnudos, lesbianismo, tríos y hasta alguna orgía filmados con la distancia justa, que colocan al espectador en un sitio de voyeur circunstancial pero sin exhibir nunca escenas pornográfícas. Junto a una especie de secuela llamada Los angeles exterminadores, Jean-Claude Brisseau demuestra que hoy, en el terreno del más puro erotismo, no hay cineasta que se le compare.

Y tu mamá también de Alfonso Cuarón (México)
Muchos la consideraron una película menor, light, y para pasar el rato. Pero lo cierto es que se trata de una obra profunda, divertida, trágica, preponderantemente erótica, toda una rara avis para el cine mundial reciente. El trío principal -compuesto por Diego Luna, Gael García Bernal y Maribel Verdú- es inolvidable y está dotado de una química sumamente particular. Asimismo, la voz en off que, como una sentencia, da cuenta de historias pasadas o futuras, circunstancias paralelas o el devenir de personajes que aparecen circunstancialmente en el cuadro, es un recurso absolutamente atípico y está brillantemente utilizado para agilizar la narración, descubriendo complejidades, abriendo ventanas a realidades sociales alternativas.
Como en las mejores road movies, el viaje es crecimiento individual y espiritual, y en este caso se trata de un aprendizaje intenso como pocos, que cambiará la vida de los personajes a varios niveles. La película explora un férreo vínculo de amistad y su desintegración, la desbordante sexualidad de un par de adolescentes y la forma en que ésta abre paso a los celos y permite aflorar facetas y relieves psicológicos ocultos. El dato de que cada uno de los amigos tuvo sexo con la novia del otro da cuentas de la atracción que ellos sienten mutuamente, y cómo ésta es indirectamente sublimada.

Ploy de Pen-ek Ratanaruang (Tailandia)
Una obra ingrávida, atmosférica, provista de la textura de las que están hechos los sueños. En una habitación de hotel, una pareja se encuentra visiblemente aturdida por el desfasaje horario, como consecuencia de un largo vuelo. Hay cierta distancia entre ellos, y los dos son tentados y seducidos por visitantes inesperados. Mientras tanto, en una habitación contigua, en tomas distendidas que se intercalan en medio de la narración, tienen sexo un barman y una mujer de la limpieza. Son escenas eróticas lentas y sostenidas, donde ambos cuerpos se entrelazan en cadenciosos movimientos, y parecen tener todo el tiempo del mundo para su desempeño. La situación parece ser real, pero también podría verse como un sueño o el deseo inconsciente de alguno de los protagonistas.
El director tailandés Pen-ek Ratanaruang se dedicó durante un tiempo a filmar avisos publicitarios, lo que explica la pulcritud y la puntillosa estilización con la que fueron logradas estas escenas. Se agradecen los distendidos tiempos para tan bellos planos, que a su vez los distancian de la dinámica publicitaria, y recuerdan lo mal acostumbrados que estamos al cine mainstream y su sexo brusco, rápido y fragmentado, y que muestra a los protagonistas como si estuvieran haciendo un trámite del que es mejor deshacerse cuanto antes.


Publicado en Revista Dossier 12/2009

jueves, 25 de septiembre de 2008

Ploy (Pen-ek Ratanaruang, 2007)

Bangkok dreamin'


A lo largo de su vida, el director tailandés Pen-ek Ratanaruang (Last life in the universe, Invisible Waves) pasó mucho tiempo en países extranjeros, y los viajes y el contacto con otras culturas fueron constantes desde su juventud. En sus películas los personajes normalmente se encuentran de paso, lejos de su tierra, suspendidos temporalmente en espacios transitorios (apartamentos alquilados, barcos, bares, habitaciones de hotel), como si atravesasen etéreos limbos. La pareja protagonista de Ploy viaja desde Estados Unidos a Tailandia, debido a la muerte de un familiar. Al comienzo de la película se los muestra en un tedioso viaje en avión y en seguida en su arribo a un hotel de Bangkok. Hay muchos detalles llamativos en estas primeras escenas: en primer lugar, la pareja aparece en una toma, él despierto y ella dormida; luego al revés. La idea de incomunicación, de cierta desconexión entre los miembros de la pareja se planta desde un comienzo. Luego, el sonido. A lo largo de toda la película existe un murmullo de fondo que propicia un estupor permanente. Primero los apagados sonidos de las turbinas del avión, luego, sofocados ruidos provenientes de la calle, más adelante la banda sonora, tenues y sostenidas notas de órgano que refuerzan el embotamiento y un constante estado de somnolencia.
La primera vez que Ploy entra en pantalla, surge como una aparición, como un sueño. La toma es breve y sutil, pero absolutamente atípica. La chica pide fuego al protagonista, entra y sale fugazmente del cuadro. Al irse, la cámara queda quieta, fuera de foco durante unos segundos, apuntando hacia la nada. Queda instalada la idea de que pasó algo asombroso, una ilusión, un espectro capaz de cortar el aliento y la reflexión. No pasaron ocho minutos de película y Ratanaruang ya demostró que es un director sumamente inquieto e innovador, y un detallista puntilloso a nivel plástico. Su cámara filma a los personajes en encuadres atípicos, por lo general situada por debajo de su cintura, y con lentos y cadenciosos movimientos.
La pareja se encuentra visiblemente aturdida por el desfasaje horario, y, pronto se descubrirá, atravesando una determinante crisis conyugal. En este panorama aparece Ploy, quien despierta celos en la mujer y vaya uno a saber qué sentimientos en el protagonista, que por la edad podría ser su padre. El conflictivo triángulo instala cierta tensión en el cuadro, y llega a desencadenar inesperados y crudos estallidos de violencia. Paralelamente, en otra habitación del mismo hotel, una mujer de la limpieza y un barman tienen sexo en largas y distendidas escenas de alto voltaje erótico.
En la película comienzan a sucederse situaciones que, se descubrirá luego, son sólo ensoñaciones de los protagonistas. En este sentido, el filme está lleno de escenas tramposas, que muestran cosas sin que sucedan realmente; en algunos casos sólo representan deseos inconscientes, en otros, situaciones que podrían haber sucedido, rumbos que la película podría haber tomado pero que sólo quedan sugeridos.
Ploy (la imponente Apinya Sakuljaroensuk) es uno de los principales enigmas del filme; la singular belleza de esta lolita tailandesa es de lo más inquietante: su enigmático rostro revela a una niña y una mujer madura al mismo tiempo, su mirada, un pasado denso y mil turbulencias. Demasiado joven y desgarbada para los 19 años que dice tener, viste una remera semiandrajosa -¿se habrá rasgado o será una moda?- y lleva un ojo levemente amoratado. El contenido de su cartera también amplía el misterio: maquillaje abundante, una yilé junto a un vidrio espejado. Ratanaruang es maestro en el arte de insinuar, dejando asomar todo el tiempo zonas de sombra que el espectador debe llenar con su propia intuición. La película se inscribe en esa clase de filmes ingrávidos y atmosféricos que parecen sueños, y que detrás de ellos esconden a auténticos autores, maestros del artificio y el lenguaje cinematográfico. A medio camino entre el cine de Wong Kar-wai y el de David Lynch, sin los desbordes característicos de uno y otro, Ploy sobresale como el mejor filme que Ratanaruang ha pergeñado hasta la fecha, y uno de los más importantes del cine tailandés actual.

Publicado en Brecha 26/9/2008

martes, 9 de septiembre de 2008

Las mejores películas (VI)

Lo único bueno que tiene estar en la cama inmóvil con un cuadro de sinusitis y fiebre es que se pueden ver películas y boludear un poco con la computadora. Lo malo, todo lo demás. Pero mejor ni les cuento, acá abajo va alguna de mis adquicisiones recientes, más un sorprendente clásico. Buena merca, si señor.


Offside de Jafar Panahí (Irán)
A pesar del destrato que obtuvo de la crítica, la última película del maestro Panahí es tan grandiosa como sus tres anteriores. Hace poco preguntaba en este blog si a alguno se le ocurría una película reciente que cause gracia, que entretenga, que haga pensar, que emocione y hasta indigne. Offside es una respuesta muy válida. Para que aprendan los que creen que el cine iraní es todo lento y aburrido.

Haze de Shinya Tsukamoto (Japón)
¡¡¡Qué grande Tsukamoto!!! Quién hubiese creído que la mejor película de terror que vería este año sería en realidad un mediometraje, y que además iba a estar filmada por este experimentador enfermo. Mucho sufrimiento y atmósferas asfixiantes esconden una inmensa alegoría. Qué quiere decir todavía no me queda del todo claro, así que si alguien entiende algo, por favor que avise.

Los falsificadores de Stefan Ruzowitzky (Alemania, Austria)
Otra película de judíos en un campo de concentración, pero esta vez centrada en una sección vip (lo que significa que el trato es cruel e inhumano pero no tanto) donde los prisioneros son obligados a fabricar inmensas cantidades de dinero falso para desestabilizar la economía de los países enemigos al Reich, y así financiarle la guerra a la Alemania nazi. Otra gran película histórica alemana.

Ploy de Pen-ek Ratanaruang (Tailandia)
Este Ratanaruang cada día me gusta más. Creo que con Invisible waves ya había dado un gran salto cualitativo, y ahora esta Ploy me parece la mejor de sus películas. El séptimo año de una pareja (¿por qué siempre será el séptimo?) reporta distanciamientos, falta de afecto, desinterés por el otro y sueños donde se corporizan deseos reprimidos, siempre con la magistral estética del director.

El sueño de Casandra de Woody Allen (Estados Unidos, Inglaterra, Francia)
Aunque cueste creerlo Woody Allen se ha volcado al cine negro, en un drama intenso y punzante. Algún crítico detallista encontrará puntos en común de esta película con la obra anterior de Allen, pero la verdad es que a rasgos generales, no parece suya. Nunca fui un fan del hombre, y de hecho deben quedarme por ver unas diez películas de su autoría, pero hay que admitirlo: esto es cine.

Un secreto de Claude Miller (Francia)
Un niño de familia judía nace en la Francia de apenas terminada la segunda guerra. Pero a medida que va creciendo se va dando cuenta que sus padres le ocultan dolorosas circunstancias ocurridas antes de su nacimiento. La película irá develando el secreto del título, y que él mismo es un ser nacido desde un sufrimiento intenso y a partir de la culpa. Otra vez notable Miller.

L’esquive de Abdel Kechiche (Francia)
Adolescentes mayoritariamente musulmanes en un suburbio de París. Jóvenes contenidos y a la defensiva que, a pesar de pelearse permanentemente, insultarse y amenazarse, dejan entrever fragilidad, estima por sus pares y una muy particular forma de relacionarse. Una película increíblemente dirigida y actuada, y que tiene mucho de abordaje sociológico. Imponente.

Inocencia salvaje de Philippe Garrel (Francia, Países bajos)
Un director medio pelotudo quiere filmar, inspirado en la muerte de un amor extinguido, una película que denuncie el infierno del consumo de heroína y de las mafias. Pero el único interesado en financiarla es un traficante de drogas, quien le exige que para ello pase por la frontera buenas cantidades de esa sustancia. Garrel, con un planteo especialmente ácido, planta unas cuantas interrogantes sobre el papel del artista y algunas que otras cosas.

Antes que el diablo sepa que has muerto de Sidney Lumet (Estados Unidos, Inglaterra)
Negrísima historia sobre un robo frustrado, con dolorosas implicancias para los perpetradores. La historia se parece mucho a la de El sueño de Cassandra, también tenemos a un par de hermanos necesitados de dinero que se involucran en el delito y en una tortuosa trama familiar. Obviamente, les sale todo pal orto. Lo mejor de Lumet en décadas.

Rojo amanecer de Jorge Pons (Méjico) 1989
Si será amplia mi ignorancia que no tenía conocimiento de lo que era la masacre de Tlatelolco hasta ver esta gran película. Una obra que en su época tuvo una enorme importancia para la reconstrucción histórica mejicana, y que hoy mantiene inalterada su fuerza y su poder de impacto. Un must, y una película olvidada que merece una urgente reivindicación.